EstuvimoS

Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

Chile

1/mayo/1990 - Santiago de Chile. Ayer no tuve ánimos de escribir, el viaje de Potrerillos a Santiago se volvió más largo de lo que es, aduana mediante. Como despedida de nuestro país tuve que soportar los gritos de un gendarme, pues según él casi lo atropello. Sin duda una despedida acorde con el personaje. Todo el cruce de la cordillera sin novedad. El furgón se apunó algo por momentos, pero subió. Llegamos a Santiago a las 15.30 (14.30 hora chilena). Hemos conseguido buen cambio para nuestros travellers: $ 301 por dólar. La nafta cuesta aquí unos $96, es decir u$s 0,32. Esto es bueno, pues reduce nuestro costo proyectado de movilidad en más de un 30%. Hemos vivido ayer la alegría de reencontrarnos con Pato y su familia. Patito enorme, ya adolescente. Paulina siempre mi regalona, y la nueva integrante de la familia, Francisca Paz (Pachi) simpatiquísima. Hoy, día del trabajo, acompañé a Pato a la fiesta, en el Parque O'Higgins. Una verdadera fiesta familiar, con conjuntos musicales, puestos de comida, cartelones de partidos (casi todos de izquierda), muchas banderas rojas, manifestantes encapuchados, y los ineludibles discursos, poco escuchados. Por la tarde Pato nos llevó a San José del Maipo. El camino a lo largo del río Maipo muy bonito, me hubiera gustado contar con más tiempo. Hemos visto también la fortificada casa de Pinochet. A la vuelta, caravana de autos, en el mejor estilo de Buenos Aires, entre más que abundante smog.

000 Bahia inglesa Coquimbo
001 Puerto de Antofagasta 1
002 La Portada Antofagasta
003 Granito orbicular Coquimbo
006 Iquique 1
008 Iquique petroglifos
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2/mayo/1990 - Santiago de Chile. Otra vez olvidé comprar una lapicera, seguiré peleando con esta. Actividad del día: visita a la asociación de albergues juveniles. Son los que ya sabíamos. Visita al Automóvil Club, que brinda auxilio mecánico y poco más. En el Servicio Nacional de Turismo nos dieron varios folletos útiles, uno de ellos con los campings. Según parece son caros, mucho, u$s 10.00. Esto nos complicará un poco las noches. Hemos almorzado "hot dogs" al estilo chileno, con palta, mayonesa, chucrut, etc., riquísimos. También hemos visitado la feria de artesanías de Santa Lucía, con interesantes trabajos de cobre y bronce. Cansadísimos de caminar volvimos a casa de Pato a eso de las 16.30. Mañana partiremos con rumbo norte. No creo que lleguemos a la Serena, así que veremos dónde hacer noche. Espero que el clima mejore, pues aquí hay humedad y smog, una combinación horrible. Ya nos hemos despedido de nuestros queridos amigos.

 

3/mayo/1990 - En Pichidangui, mitad de camino a la Serena. Un lugar excelente y lindo. Pequeña caleta, en la margen sur está el pueblito, entre turístico y lugareño. La punta sur se prolonga en una islita. Allí, al reparo del mar abierto, anclan algunas lanchas de pescadores. Vimos algunos con traje de neopreno, la localidad produce erizos y otros mariscos de nombre ignorado. Estamos en el camping Bahía Marina, excelente, sobre todo porque somos los únicos. Comida de hoy: choripanes. Me fracasó el fuego, hecho con ramas de eucaliptos, espero que alcancen a cocinarse. El día me resultó breve, me parece que hay que partir más temprano, o hacer tramos más largos, y parar un día completo o más.

 

4/mayo/1990 - La Serena. Luego de almorzar unos sandwiches en Bahía Guanaqueros, que es un balneario (fotos 0 y 1) llegamos a eso de las dos de la tarde a La Serena. Cambio de aceite y aceite de caja, que nos costaron unos u$s 21.00. Hemos entregado unas llaves en casa de los padres de Cecilia, gente muy agradable. Pasaremos la noche en su cochera. La Serena parece una ciudad muy limpia, prolija y agradable. Desde la costanera se ve, en el lado sudoeste de la bahía, Coquimbo, edificada en un cerrito que separa la bahía de la Serena de la de Coquimbo, que creo se llama Herradura, donde está el puerto. Mañana nos dedicaremos a recorrer la zona. Hemos comprado víveres en un súper concurridísimo. Realmente más barata la vida aquí, pensamos que alrededor de un 40%. Hasta el momento contentísimos. Todo excelente. Son las 21.20, estamos tomando un cafecito en la Avenida del Mar. Probé dos frutas nuevas: unos pepinos (aspecto de tal, gusto a melón) y kiwis con aspecto de papa, interior verde, gusto extraño, no logré saber si me gustaron, mañana lo intentaré otra vez.

 

5/mayo/1990 - ¡Compré lapicera! Hoy sábado, aún en La Serena. Anoche vimos, desde nuestra ubicación privilegiada en casa de los Cerbero, una loma, Coquimbo de noche, todo un espectáculo. Desayunamos ayuyas calentitas con palta, costumbre chilena que nos agrada especialmente. Los padres de Cecilia, que cada vez nos caen más simpáticos, nos atenderían como reyes si los dejáramos. La primer diligencia de hoy consistió en ir al correo. Hemos cumplido con la familia. Paseamos por el centro y luego partimos hacia Coquimbo, ciudad portuaria típicamente chilena. Edificación antigua, en madera y chapa, con piedras del mismo cerro. Fuimos hasta la parte alta esperando encontrar algo distinto, pero sólo encontramos barrios humildes. No nos resultó muy interesante y así a mediodía nos instalamos a almorzar en una playa de La Herradura. Hemos regresado a La Serena y aquí estamos, en la avenida del Mar, donde un sol velado por las nubes se refleja en el mar, con Coquimbo a la vista, como debe ser. Gloria duerme la siesta mientras escribo, veo el mar y las gaviotas y escucho a Häendel. En La Herradura, con vista al puerto de Coquimbo y a unos veleros, saqué la foto 2.

 

6/mayo/1990 - Hoy domingo, en Copiapó. Nos levantamos tarde, desayunamos otra vez con los Cervero, Carmen y Sergio. También Soledad, que me trae a la memoria mis estadías en Punta Arenas, cuando ella vivía con Pato y Ceci y yo los visitaba todos los lunes. El desayuno, desde ya, con palta. A eso de las diez partimos con rumbo norte. Hasta Vallenar, subidas y bajadas constantes. A partir de allí comienza el desierto. La ruta, bastante aburrida. Desierto, y a ambos lados, inhóspitas montañas. Acercándonos a Copiapó vemos numerosos caminos hacia las minas, que por lo que sabemos son de plata. ¡Qué bueno sería tener una! La ciudad (bastante pequeña) es poco interesante, a juzgar por lo que hemos visto. Mañana visitaremos algún museo antes de partir hacia las playas.. Nuestro "hotel": una estación de servicio Copec. Sorpresa, no están habilitados los baños, que parecían muy buenos, y que fueron el motivo de venir aquí.

 

7/mayo/1990 - Entre la bruma, unos diez kilómetros al norte de Chañaral. Hoy partimos temprano de Copiapó. La idea era quedarnos en el camping de Bahía Inglesa, cerca de Caldera, pero nos pidieron $ 2.500 (u$s 8.20) por el sitio, así que desistimos. Por suerte continuamos hasta aquí, un lugar hermoso. En realidad todo el camino desde Caldera hasta Chañaral es bonito, con playas de arena blanca entre rocas. Chañaral es un pueblito pesquero (muchos japoneses) y de embarque de minerales. Hemos continuado hacia en norte por un camino de tierra que no figura en nuestro mapa, y que se supone nos conducirá hasta el Parque Nacional Pan de Azúcar. Los diez kilómetros ya hechos, de un total de treinta, muy bonitos. Bordeando el mar, con las montañas bien próximas. Los cerros no tienen vegetación, sólo piedras. La playa que vemos desde el auto, blanca, solitaria y enorme. Hemos hecho algunas cuentas, con los datos proporcionados por la libretita en la que anotamos escrupulosamente todo gasto. Hasta ahora hemos gastado menos que lo presupuestado. Un olvido: a mitad de camino paramos en el "Santuario de la Naturaleza" nombre pretensioso para una curiosidad interesante: el granito orbicular (otro nombre pretensioso). Consiste en unas pocas piedras en la línea de marea, con manchas redondas de granito negro, sobre granito más claro. Primera vez que veo piedras a lunares, así que saqué la foto número tres. Mientras escribo esto, se ha hecho plena noche, son las 18.45. Esto resulta molesto, pues no hay mucho para hacer y resulta muy temprano para ir a la cama, al menos de acuerdo a nuestras costumbres.

 

8/mayo/1990 - A las 18.20 en Pan de Azúcar. Esta mañana muy temprano, recorrimos los pocos kilómetros que faltaban hasta aquí. En realidad, Pan de Azúcar es una isla que se ve desde la playa de los piqueros (la playa anterior a la que estamos). Hemos conversado con un ornitólogo que está acampando aquí. Nos hizo ver un petrel zambullidor. En las rocas, innumerables, tienen su apostadero los pelícanos. Es interesante verlos volar a ras del agua, con su largo pico paralelo al agua. Hemos caminado "harto"como dicen los chilenos. Hacia el norte, hasta unas rocas que sobresalen en la playa, hacia el sur (playa de los piqueros) y por el promotorio cercano, que ofrece buenas vistas al mar y los pelícanos. El lugar para acampar tiene definidas con pircas unas parcelitas con muros algo más alto por el lado del mar, mesa de madera, asador y asientos incorporados a la pirca, y un techito de esteras que se elaboran en la zona de Copiapó. De esto he sacado la foto 4, con Glo sentada y fondo de pelícanos que seguramente no se verán en la foto.

 

10/mayo/1990 - Jueves. Por la radio nos enteramos que hoy es jueves. ¿Dónde estamos? En algún lugar unos 20 kilómetros al norte de Tocopilla, en el camino costero hacia Iquique. Como ayer no escribí, anotaré lo de ayer. Dejamos Pan de Azúcar bien temprano, y recorrimos el interminable desierto que hay hasta Antofagasta, bonita ciudad a la que llegamos a eso de las 15.00. El desierto es realmente eso, ni una planta, enormes extensiones de tierra removida, o de tierra y rocas, todo marrón. Llegar a Antofagasta es todo un contraste: el mar, plantas y flores en una ciudad grande. Comimos hot-dogs y fuimos a la oficina de turismo, donde no averiguamos gran cosa. A la tarde buscamos camping, y luego de negociación nos alojamos en el camping "Las garumas" por $ 1.000. Gloria no quería pagar ni eso ya que no había agua caliente. Discusión mediante, nos quedamos. Hicimos amistad con otros dos autos viajeros: un matrimonio suizo y otro alemán. Llevan rumbo parecido, así que supongo nos volveremos a encontrar. Hoy fue un día interesante. Medio de casualidad estacionamos (en Antofagasta) cerca de la feria de los pescadores, cercana a unos muelles viejos. Los pelícanos conviven ahí con los pescadores, se posan en el techo de la feria, en la playa donde filetean y en el agua, sin el más leve temor por la gente. Todo un espectáculo. Saqué algunas fotos. También compré un "mariscal surtido" o sea una bandejita con diversos mariscos, con ajo y cebolla y perejil que liquidé en "La Portada" que es algo así como el monumento natural emblema de Antofagasta. Consiste en un arco de roca emplazado en el mar. También saqué fotos, de la 4 a la 10. Luego del almuerzo con el mariscal regado con limones de Pica que son unos limones pequeñitos y super-jugosos, pusimos rumbo a Tocopilla. La ruta, en mal estado en gran parte. En Tocopilla abandonamos la Panamericana. El camino de tierra que pensamos emprender, es, según el empleado de la estación de servicio, "estrechito", y de tierra. Por momentos una sola mano, con unos precipicios brutales, sin defensas, nunca había manejado en semejante camino de cornisa. Glo se asustó bastante, sobre todo cuando hubo que maniobrar y retroceder para dar paso a un camión que subía. Así que, ya de noche, nos hemos instalado en este pequeño desvío, poco más que una banquina, pero, para nuestra tranquilidad, a nivel del mar. Veremos mañana si los presuntos sesenta kilómetros que faltan hasta el asfalto son menos peligrosos.

 

13/mayo/1990 - Entre La Tirana y Pica. Como he saltado unos días, comenzaré desde la mañana del once. Finalmente resultó que no hubo más cuestas ni precipicios, sólo mal camino pero bonito. Apenas llegamos al pavimento, unos veinte kilómetros al norte de la aduana del río Loa (hay aduana pues Iquique es zona franca) , nos instalamos en la primer playita que apareció. Encontramos entre las rocas colonias de erizos, lástima que no nos gustan. También había cangrejos y una especie de estrella de mar pero de muchísimos brazos. Allí dormimos, y al día siguiente llegamos a Iquique. Bonita ciudad, fuimos al monumento al marino desconocido, desde donde se ve la boya que recuerda el lugar del hundimiento del Esmeralda, durante la batalla naval de Iquique, en la guerra del Pacífico. Comimos malamente en un bolichón y luego de consultar con los carabineros nos instalamos en la playa La Brava, próximos al motor-home de un húngaro, radicado en Australia. Hace tres años que recorre el mundo con su magníficamente equipada casa. Al rato de instalados aparecieron nuestros conocidos: el Nissan de los alemanes y el Toyota de los Suizos, por lo que hubo grandes conversaciones, en castellano inglés y alemán. Nadie sabía húngaro. A mi pregunta, el húngaro me dice que no tiene problemas con el castellano (esto en inglés) pues sabe todo lo necesario según él : "unou más cerveza". Y uniendo la práctica a los dichos nos tomamos tal cantidad de cervezas que nos emborrachamos. Gloria continúa enojada aún hoy por la mañana. Hemos ido hasta Pica , un oasis en pleno desierto, pero no muy interesante. En el camino visitamos el pueblo fantasma de Humberstone, recuerdo de la época del salitre. Las fotos de estos días van de la 11 a la 16.

 

14/mayo/1990 - Aún en Iquique. Hemos visitado la zona franca. En un espantoso rapto de locura gastamos u$s 3.00. Luego de almorzar unas pailas en el centro, me tendí bajo el auto a curiosear. Descubrí una tuerca del amortiguador robada, una abrazadera del tren delantero floja, y pérdida de aceite por la junta de tapa de válvulas. Luego de una investigación encontramos un taller adecuado, cerca de la zona franca, que llaman Zofri. En Zofri visitamos a un pintoresco suizo que conocimos anteayer. Radicado en Iquique, dice que en Suiza está todo hecho mientras que aquí todo está por hacerse. Regentea una casa que importa camiones usados, los remoza y los vende con garantía. Mañana nos atenderán en el taller, mientras hemos visitado el museo regional.

 

15/mayo/1990 - Hoy martes, ya en Arica, última ciudad de Chile. A mediodía tuvimos listo el auto, a un costo de u$s 10.00. A la salida de Iquique encontramos una estación de servicios con duchas, que aprovechamos con gran satisfacción, pues desde Antofagasta no encontramos donde ponernos presentables. Luego, al desierto nuevamente. Sorpresa: en esa desolada inmensidad se abren tres grandes quebradas que hay que bajar para luego subir por unas larguísimas cuestas de veinte kilómetros de largo. En una de ellas vimos y fotografiamos interesantes petroglifos. Finalmente aquí estamos, preparándonos para el descanso a orillas de la playa Arenillas Negras. El viaje no ha sido gran cosa, sólo unos 300 km., pero estamos cansados. Mañana iremos al correo, pero hay muy pocas esperanzas de encontrar carta de nuestros padres, ya que hemos llegado aquí muchos días antes de lo previsto.

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