EstuvimoS

Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

Perú

 

16/mayo/1990 - Finalmente, y un día antes de lo que suponía ayer estamos en Perú, Tacna concretamente. Hoy por la mañana, luego de cambiar un treveller cheque, cosa que fue algo difícil, paseamos por el centro y conocimos la Catedral de Arica, que me pareció de juguete, y que fue proyectada por G. Eiffel, sí, el de la torre. Hay foto. Ida y vuelta por el valle de Azapa, bonito con olivares y flores, parece increíble en el desierto. En el valle, el museo de San Miguel (etnográfico). Amén de las momias y tejidos similares a las del museo de Iquique, vemos una enorme prensa para aceitunas de la época colonial. Por último , visitamos el histórico morro de Arica, con un museo militar que recuerda la guerra del Pacífico. Ya sin saber que hacer, nos decidimos a cruzar la frontera. Perú, a juzgar por lo poco que hemos visto, se parece más a Latinoamérica. Ya la aduana sucia y desorganizada muestra una imagen tan distinta a la chilena... Tacna, pese a la pequeña fama que le diera Vargas Llosa, es un pueblito que ni fú ni fá, sin mucho interés salvo el de ser el primer pueblo peruano que vemos. Según parece, dormimos cerca de la plaza de armas, lugar que parece tranquilo y seguro. Tenemos algunos temores, ya que Perú no tiene muy buena fama y por otro lado hemos visto policía armada hasta los dientes. Hemos recorrido algunos hospedajes económicos pero no nos decidimos a dejar solito el furgui, pobrecito. Tenemos ya un sueño bárbaro pero estamos haciendo tiempo en la Alameda Bolognesi para no ir tan temprano a la plaza. Para colmo el cambio de hora no ayuda. Aquí oscurece aún más temprano que en Chile, pues en la misma longitud tiene una hora menos.

 

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18/mayo/1990 - ¡Arequipa! La ciudad blanca. Desde ayer aquí. Finalmente, antenoche, luego de tomar una cervecita en un bar y usar el baño, nos instalamos frente a una plaza (no la de armas) a la vera de alguna iglesia de esas con salmos y cantos varios que escuchamos durante un rato, antes de dormirnos no muy tranquilos. Bien temprano partimos, luego de desayunar en el furgui, costumbre que se ha vuelto muy importante. Aquí comienzo a contar una historia bastante curiosa. En el camino, a mitad de camino, el furgui pegó unos tironcitos, pero continuamos sin novedad hasta unos ochenta kilómetros de aquí. Al comenzar a subir hacia Arequipa se nos plantó varias veces. Aparentemente no llegaba "gasolina", pero ordeñando oralmente (¡puaj!) el cañito llegamos. Apenas entramos a la ciudad encontramos la agencia VW , pero desafiando imprudentemente la fortuna, continuamos, para inspeccionar la ciudad. Por supuesto que el furgui se plantó definitivamente en la calle del mercado, lugar peligroso según supimos luego. Hube de empujarlo varias cuadras, por suerte con una ligera pendiente a favor. Finalmente estacionamos. ¿Dónde? En la calle del Touring Club, a dos cuadras para más datos. Dos horitas después el auxilio nos dejaba en la agencia, donde, oh alegría, el sereno nos dejó quedarnos adentro, lo que nos ahorró buscar alojamiento de noche. Hoy hablamos con el gerente de la agencia. Lo inesperado suele suceder. El hombre es cuñado de un médico cuyo nombre y dirección (en Mollendo, a cien kilómetros de aquí) nos había dado una señora conocida allá en Córdoba. Hay que decir con originalidad: ¡El mundo es un pañuelo! Gracias a esto el furgui quedará en la agencia mientras nos vamos en tren a Cuzco. Con bomba de gasolina nueva, y afinado para montaña. Dejando lo anecdótico, cuento lo visto hoy en Arequipa. Visitar Arequipa es una experiencia deslumbrante. La plaza cuenta con su correspondiente catedral, originalmente es un lateral y no el frente el que da a la plaza. El fondo, majestuoso, el nevado del Misti, que humea ligeramente. La iglesia de la Compañía en la otra esquina y los portales que rodean toda la plaza. Todo esto en sillería de piedra clara, procedente del Misti. Las edificaciones, las calles, todo hace que la ciudad impacte, quizá aún más a mí, ojo profesional mediante, por su armonía, aún en sectores algo deteriorados. Vemos la feria artesanal, muy buena, y bonita en su ubicación, una antigua cárcel colonial. No visitamos, a pesar de los consejos, la clausura de Santa Catalina. He sacado varias fotos, de la 17 a la 22. En este momento estamos en nuestra casita andante, descansando de los kilómetros caminados. Ya tenemos nuestros boletos a Cusco, partiremos en el tren de las 21.00, clase primera. La estación está cerca, las mochilas listas.

 

19/mayo/1990 - Primer día en Cusco. El tren partió ayer con una hora de atraso. Al subir nos proporcionó el primer placer: asientos duros y rectos. Vecinos, mesa de por medio, una viejita y un agrónomo. Por el pasillo pasa el enfermero, con el tensiómetro listo para aquellos que temen que su corazón flaquee en la altura. Luego el vendedor de coramina glucosada, que se supone eficaz para el mal de altura. A pesar del calor, en una costumbre que luego se nos haría familiar, los pasajeros locales se abrigan con gorros, guantes, mantas y chompas, que es como ellos llaman a los pulloveres. Se supone que más tarde hará frío, pero por ahora parece locura. El tren inicia el ascenso, en las curvas se inclina y por momentos al ver las luces de la ciudad nos parece ir en avión. Es imposible dormir, los asientos son demasiado incómodos. Agotados, al amanecer llegamos a Juliaca, a 3.800 m. sobre el nivel del mar. El vagón que nos transporta queda solo en la estación, pues la formación restante va a Puno a buscar el vagón de turismo. Este vagón viene lleno con los turistas que vía ferry del Titicaca vienen de La Paz, Bolivia. Esa es la ruta favorita del turismo gringo. A pesar del cansancio y la larga espera no hay respiro, es imposible dormir. Amén de los asientos, ahora nos invade una turbamulta de vendedoras ambulantes, con sus atavíos típicos. Cuando esta marea empieza a calmarse, insinuando un respiro, llegan las nuevas pasajeras: las cholas contrabandistas. Ahora el idioma es el aymará y la acción consiste en proezas de ilusionista para ocultar gigantescos bultos con contrabando de policías y guardias diversos que, en realidad hacen la vista gorda. Cuando surge algún problema es porque la coima previa no fue suficiente, o algo así. Por fin partimos hacia Cusco. Bonito el trayecto pero ya no lo disfrutamos por el cansancio. En cada una de las interminables paradas se produce un desfile interminable de vendedoras. Hasta asado de chancho. Por la tarde cruzamos La Raya, estación del tren a 4.300 m. de altura. Por allí Gloria tiene un ataque de mal de altura pero se le pasa pronto. Más tarde, en una parada me bajo a respirar algo de aire puro, harto ya de los olores del vagón. Al subir, con el cuento del dinero caído, que felizmente ya conocía intentan robarme. Una presta huida me salvó de pérdidas y problemas. Ya cerca del arribo, comienzan a presentarse los representantes de las agencias de turismo. Un tal And'ys Tour nos convence para usar sus servicios hasta el hostal Suecia II que resultó el que usan todos los gringos que viajan barato. Fue buena decisión pues el barrio de la estación se ve peligroso, más aún de noche. También contratamos con la misma agencia, una excursión para el domingo. El hostal Suecia II ha resultado muy agradable. Es una antigua casona de ésas con patio central. Con buen criterio, lo han techado (al patio) con vidrios por lo que el sol lo calienta y a la noche se mantiene agradable. Las noches en Cusco son frescas o frías. Nuestra habitación, sobre la entrada (hay dos plantas) tiene piso de tablas y una pequeña ventana enrejada. Los muebles: dos camas, una mesa de luz y una silla. Ya instalados y bañados en el baño comunitario, unisex, y nos derrumbamos en nuestras camas.

 

20/mayo/1990 - Segundo día en Cusco, domingo. Tempranito partimos hacia el mercado campesino de Pisac. Pronunciado al estilo local sería Písssac, pues los cusqueños marcan fuertemente las eses. Mucho más que nuestros compatriotas santiagueños. El mercado, que funciona jueves y domingos, es muy interesante y vistoso, claro que turístico. Todo debe regatearse. Glo resultó buena en eso, tras interminables discusiones, idas y venidas compró un bonito bolso, cuyo precio original era u$s 4.00 por u$s 2.00. Es imposible no comprar, tanto por la variedad de artesanías como por el dulce modo de vender. En uno de tantos recovecos, un viejito vende unas bolsitas, las clásicas. A pesar de tener montones, dice: ¡Cómprala papito! ¡Si está solita! Tan simpático es que dan ganas de comprarle todas. Desde el mercado, el tour nos arrea a un restaurante turístico, donde comemos chicharrones de cerdo, medio fríos, y, por supuesto caros. Luego del almuerzo, siempre bordeando el río Vilcanota, que en algún momento ignorado se transforma en el sagrado Urubamba, pasamos por Calca y Urubamba para llegar finalmente a Ollantaytambo. En el camino empecé el segundo rollo de fotos. Las ruinas son de gran calidad en el tallado de la piedra, nos dicen que mejores que en Machu Pichu, cuya virtud consiste en la conservación más que en la calidad. El recorrido hecho fue: el portal, las terrazas o andenes para la agricultura, el templo de las siete hornacinas, luego el templo del sol. Las viviendas, y luego hacia abajo a los baños, en funcionamiento, y finalmente el baño de la princesa. Desde casi todos lados se ve el valle del Urubamba, con la línea de árboles que marca las vías del tren a Machu Picchu. La visita nos pareció breve, nos quedamos con ganas de más. A la vuelta pasamos por Chincheros, pueblo campesino rodeado de cultivos que se extienden hasta cerros y lomadas, hasta increíbles alturas, dibujando patch-works variadísimos. No hay hacendados, la tierra es de las comunidades, y cada comunero tiene su parcela asignada. Todo el trabajo de labranza es manual, no hay máquina alguna y pensamos que no podría haberlas, dado lo escarpado de gran parte de las parcelas. Por la noche paseamos por Cusco acompañados por Pablo Pavez, chileno de Chuquicamata que conocimos en el tren.

 

21/mayo/1990  - Tercer día en Cusco. Nos levantamos tarde. Fuimos a la oficina de turismo (Foptur). Gran recorrido por los muros incas de calle Loreto, y otras calles, que tienen las poco bellas edificaciones de adobe colonial encima. Cosas de los gallegos conquistadores. Los muros son casi el único resto de la orgullosa capital del imperio inca. En una casona colonial, casa Cabrera, ocupada actualmente por un banco, encontramos una exposición de cuadros con temática cusqueña, interesante de ver. Oh sorpresa, al volver al hostal, distinguimos, por la forma de hablar a una pareja argentina. Son Fernanda y Nelson. Compartimos nuestro café y charlamos hasta tarde. Ellos viajan a dedo, con destino a México, pero en Perú no se animan a hacer dedo. Los acompaña un español, Fernando, que se les agregó en algún momento del viaje.

 

22/mayo/1990 - Cuarto día en Cusco, martes. Por la mañana hacemos un breve paseo, con escaso resultado. El museo arqueológico está cerrado, nadie sabe decirnos porqué, ni el portero. Caminamos por avenida del Sol hasta el correo. Despachamos algunas postales y cartas a nuestras familias. De regreso en nuestro familiar Suecia II nos tomamos un regio día de descanso. Gloria ni se levantó de la cama. Tanta libertad con el tiempo obedece a que Machu Pichu estará cerrado al turismo hasta el jueves por lo que no tenemos mucho que hacer. Motivo del cierre: La reunión de presidentes del pacto andino, que incluye, desde ya, visita al Machu Pichu. Sospechamos que ése fue también el motivo de cierre del museo arqueológico.

 

23/mayo/1990 - Quinto día en Cusco, miércoles. Por la mañana salimos a comprar provisiones para el viaje a Machu Pichu. Encontramos un almacén realmente económico, ya que los cercanos al hostal tienden a aprovecharse de los turistas. En la avenida del Sol hay un súper, pero los precios son exageradísimos, suponemos que a causa de la proximidad de los hoteles principales. Visitamos, desde afuera, para no pagar, Koricancha, sobre cuyas ruinas se levanta Santo Domingo. Lo más interesante de Koricancha, un muro circular, próximo a la verja, ejecutado con enorme precisión. A mediodía almorzamos con los argentinos, el alemán Oliver y el español Fernando en el restaurante Los Tronquitos, en la calle Saphy. Por algo así como u$s 1.50 nos traen un plato inmenso con milanesa, papas fritas y ensalada. Las milanesas son las que nosotros llamamos escalopes. Por la tarde jugamos a las cartas hasta eso de las cinco, hora en que los amigos parten en bus hacia Arequipa. La despedida nos deja algo tristes, pues era agradable tener compañía. Cambiamos un cheque a razón de 45000 intis por dólar. La inflación nos está favoreciendo ya que hace pocos días cambiamos a 39000 y las cosas no parecen haber aumentado.

 

24/mayo/1990 - Sexto día en Cusco, jueves y por la tarde en Aguas Calientes. Por la mañana, bordeando el mercado, que se supone peligroso, nos encaminamos a la estación del ferrocarril que va a Machu Pichu. Comprados los pasajes, almorzamos en el hostal, (en la pieza, desde ya) y a la una en punto de la tarde estamos nuevamente en la estación, listos para el gran viaje. Distinguimos esta vez por las ropas, a dos simpáticos jubilados argentinos: Lucrecia y Juan Carlos Lombán. El viaje es muy interesante, unas tres horas tras la muy humeante locomotora diesel en nuestra formación de tres vagones del "rápido". Tanto la subida para salir de Cusco como el descenso al valle del Urubamba se hacen por sucesivas entradas a vía muerta, para salir ascendiendo por otra vía. Esto tiene un nombre que no recuerdo. Fe de erratas: donde dice "ascendiendo" puede leerse también "descendiendo" según el caso. Bajamos en Aguas Calientes, pueblito sin calles para autos ya que al fin y al cabo no hay ningún camino que llegue allí. Parte de los restaurantes, hoteles y viviendas tienen por vereda la plataforma del tren. Vamos corriendo al hostal Gringo Bill's que según nos dijeron es el mejor. El Gringo, que en realidad tiene un nombre autóctono, es una edificación tortuosa en unas tres plantas y niveles varios intermedios, recostada en las rocas del cerro inmediato por lo que resulta pintoresco. Ya oscureciendo nos vamos a los baños termales, modestos pero agradables. Es toda una sensación bañarse ante el paisaje selvático, de noche, con el río de aguas frías cerca, y el aire, también frío, de montaña. A dormir, mañana será el gran día.

 

25/mayo1990 - 5:30 horas. Caminamos por las vías hacia puente de ruinas. Cruzamos los dos túneles adivinando y tanteando la vía con el pié y llegamos a la estación. Cruzamos el Urubamba y un señor nos indica el comienzo del sendero. Luego de dos horas de ascenso pronunciado, llegamos, jadeantes pero felices a las puertas de Machu Pichu. El sendero cruza el camino de los buses muchas veces, pues sube rectamente mientras el camino zigzaguea. En realidad no es muy cansador pero estamos sin entrenamiento. Ayuda bastante la altura sobre el nivel del mar, 2280 m., muy inferior a la de Cusco. 8.04 horas, hemos llegado justo para la apertura, somos los primeros del día. La entrada u$s 10. Como el cambio lo tienen atrasado pagamos en intis, sacando algo de ventaja. Cruzamos el ascenso, tomamos la senda "de los estudiantes" pues nos han dicho que de esa forma veremos primero la ciudad desde arriba, ganando una idea del conjunto antes de recorrerla. Así es, a poco de subir llegamos a las terrazas superiores. Por allí cruza el camino del inca, que a nuestra izquierda se pierde rectilíneo entre los cerros, y hacia la derecha llega a la puerta principal. Estamos en el cementerio superior, que consiste en unas terrazas. Descendiendo algo, el puesto de vigilancia y muy próxima, la piedra funeraria. Estos datos los obtenemos de un mapita de Foptur, aunque sabemos que los nombres y destinos señalados son más conjeturales que otra cosa, pues nadie sabe muy bien que hacían los incas allí. Bajando otro poco, entramos a la ciudad propiamente dicha. Por la puerta principal, como corresponde. En las jambas hay unos tallados que imagino servirían para trabar alguna clase de tranca. Un poco más, y estamos en la Plaza Sagrada, en cuyo lado más destacado está el templo de las Tres Ventanas y el templo Principal. Un pequeño rodeo y unos cuantos escalones nos conducen al Intiwatana, la piedra solar con sus aristas indicando los cuatro puntos cardinales. Allí nos encontramos con Lucrecia y Juan Carlos y nos detenemos a conversar un rato. Bajamos otra vez a la Plaza Sagrada y en su confortable pastito, almorzamos "pain de porc" danés. Gracias a la rotura de un caño que desvía el agua, el sistema inca funciona, y nos aprovisionamos de agua en lo que suponemos habrá sido la bañera del inca. Ya que estamos, recorremos su palacio, junto con el templo del Sol y las habitaciones de la Ñusta. A mediodía nos volvemos a encontrar con Lucrecia y Juan Carlos que nos recuerdan que es nuestra fecha patria, por lo que brindamos con el agua imperial de nuestra cantimplora. Partimos a escalar el Huayna Pichu, o cima joven, previo registro en el libro de escalada. La excursión es más montañística que histórica, aunque vemos el templo de la Luna sobre feroz precipicio, y en la cima algunas ruinas y pequeñas terrazas de uso supuestamente ritual. El sendero inca aprovecha, cerca de la cima, un túnel natural. El esfuerzo es ampliamente recompensado. Desde la cima vemos toda la ciudad en su maravilla, con su planta casi cuadrada y el sendero del inca penetrando en diagonal desde el sur como una autopista (que no es la parisina de Cortázar). Pero sobre todo me impacta el profundo valle del Urubamba con el tren pasando por allí, de juguete. A las 15.00 estamos otra vez en la Plaza Sagrada. Ahora recorremos las viviendas, la cárcel y el Palacio Inferior. Ya no nos queda nada por conocer en la ciudad pero nos quedaríamos de todas formas si no estuviera próxima la hora de cierre. Realmente, flota en Machu Pichu una atmósfera especial que atrapa. Los tontos hablan de magnetismo, ondas místicas y cosas parecidas. Por mi parte creo que la combinación de historia y belleza es suficiente explicación. En la salida encontramos a Lucrecia, que ha extraviado a su marido. La acompañamos un rato, pero debemos abandonarla para hacer el sendero de bajada con luz. Casi al trote hacemos el camino. El tren de turistas nos pasa mientras vamos por la vía. En Aguas Calientes buscamos a los viejitos, que ya se han reencontrado y brindamos con cerveza por la patria. Por fin la cama. Un día de esos inolvidables.

 

26/mayo/1990 - Octavo día, en Cusco, sábado. Muy temprano, junto con otros cuantos turistas, en su mayoría europeos, tomamos el rápido. Sin novedad regresamos a Cusco. Pensamos regresar a Arequipa en bus, pero no hay lugar hasta mañana. Compramos el pasaje y nos refugiamos en el Suecia II. Por la tarde conversamos en el hostal con Ace y su esposa, dos yankees que llevan ocho ¡ocho! Años viajando en moto (triciclo) por el mundo. Son los que en la cima del Huayna Pichu nos habían convidado con una naranja.

 

28/mayo/1990 - Estamos otra vez en Arequipa. Ayer a las cinco de la tarde nos subimos al bus que tenía aceptable pinta. Todas las oficinas de turismo nos habían recomendado no viajar en bus, por lo que nos subimos preocupados. Pero en tren hemos jurado no volver, y el avión estaba fuera de presupuesto. El viaje finalmente no resultó tan malo. El problema es la gente parada, que lógicamente trata de invadir a los que vamos sentados con sus bultos, niños y su propia humanidad. Por la noche hace mucho frío, así que el olor a encierro es fenomenal. Con todo, a la diez de la mañana, luego de diecisiete horas de sacudones, dictaminamos que resultó mejor el bus que el tren. Al menos, más breve. Hemos paseado por Arequipa contentos de reencontrarnos con nuestro amado furgui. Almorzamos papas rellenas en la calle de los abogados (hay cientos) y luego buscamos la iglesia de Yanuhara que tiene muy bonito pórtico, en las afueras de la city. Tomamos unas gaseosas con un austríaco muy cómico. De todo se ríe. Cuenta que en Colombia lo drogaron y se encontró tres días después en un hospital con sólo las medias puestas. Según él, allí tenía su dinero oculto e incólume. También encontramos al alemán Oliver. En el mercado le tajearon el pantalón y le robaron la billetera, que llevaba casi vacía como es norma en estos lugares. Cenamos temprano, y ya está todo listo para proseguir hacia el norte. Queda finalizada la excursión a Cusco y Machu Pichu, que nos ha dejado con los ojos maravillados y cuerpo y olfato maltratados.

 

29/mayo/1990 - Nazca. El viaje hasta aquí larguísimo, muy excedido de nuestro patrón habitual de marcha. Hemos andado unos 800 km., de los que el recuerdo principal es una carretera destruida. Baches gigantescos, pavimento roto o cuarteado, desniveles varios, tramos con sólo vestigios de asfalto y nada de mantenimiento. Nos han recomendado no parar por nada después de Antico (mitad de camino o algo así) y el consejo parece adecuado. Cruzamos sólo algunos puebluchos de aspecto tétrico. A la entrada de Nazca, vemos un cartel: "camping". Resultó Aerocóndor. Aerocóndor es una empresa dedicada a sobrevolar las famosas líneas de Nazca con turistas. ( u$s 25.00 fuera de temporada. u$s 40.00 en temporada, del 10 de julio hasta no se cuando). Propietario, un argentino. Tienen una casa de campo (algo así) con parque, restaurante, pileta, muy linda, que imaginamos utilizan los turistas mientras esperan su vuelo, el aeropuerto está cruzando la ruta. En el parque permiten acampar, gratis. Aprovechamos la amabilidad, y hasta nos pegamos una larga ducha que nos saca (imaginamos) el olor a bus.

 

30/mayo1990 - Por la mañana cambiamos el aceite de motor y lavamos el "carro" como se dice aquí. Una comerciante avispada intentó vendernos el galón de aceite a más de cuatro veces su valor. Por suerte sospeché (en proporción al ridículo precio de la gasolina no parecía haber relación) y en otro negocio lo compramos a su verdadero valor, sumamente económico. Aclaro que aquí no existen las estaciones de servicios. El lugar siempre mugriento y sin ni siquiera baños donde venden gasolina se llama "el grifo" sin más. Cualquier otro servicio hay que buscarlo en otro lugar. Aunque pensábamos disfrutar del camping de Aerocóndor otra noche más, casi sin pensarlo tomamos rumbo a Ica. A poco de andar encontramos el mirador que permite ver algunos de los dibujos tan renombrados. En lo personal me decepcionan un poco. Consisten en una especie de senderos, o sea líneas limpias de rocas y arena, que van formando los dibujos. Eso sí, los motivos logrados son bonitos. Suponemos que desde el avión debe impactar más, amén de percibirse el trazado rectilíneo que no vemos desde aquí. Mientras estamos en el mirador, pasa otro VW argentino. Nos saludan pero no se detienen, lástima. Llegamos a Ica, ciudad poco interesante y nada bonita. Ilusionados por algunos folletos turísticos continuamos hasta aquí, Paracas. Las ilusiones eran vanas. No hay donde acampar, ni nada parecido. La reserva nacional no tiene ni un cuidador. La bahía está, en su mayor parte clausurada al público, ya que hay un poblado aislado, con barrera y guardia que nos informa que allí veranean algunos "archimillonarios", textual. La parte no cerrada es un pueblito de pescadores (playa Chaco) donde terminamos instalándonos con algunos temores, pese a las afirmaciones de algunos lugareños, gente cordial.

 

2/junio/1990 - En la albufera Medio Mundo, entre Huaura y Supe, al norte de Lima. Hemos dejado atrás, quizá por suerte, Lima, con su desorden y mugre. Pero hoy ya es tarde, no tengo ganas de ponerme a describir la estadía en Lima, que dejaré para otro día. Describo este lugar: como corresponde al nombre hay una laguna y nosotros estamos ubicados entre la laguna y el mar. Hay unos techados, como quinchos y unos baños, que no tienen agua. Hay unos estudiantes acampando y un cuidador. Chopi o Antonio, lo que nos da cierta seguridad. No hay que olvidar que esta es "zona roja" es decir amenazada por Sendero Luminoso. Y con lo dicho me voy a la catrera. Quizá mañana encontremos un lugar tranqui en Trujillo o Chiclayo, donde poner al día este diario.

 

3/junio/1990 - En Huanchaco, balneario de Trujillo, dentro del hostal Bracamonte. Excelente lugar, con piscina, cochera, jaula con monos y pájaros. Como somos ahorrativos , el baño es compartido, aunque nadie más lo usa. Gracioso: hemos conseguido un descuento pactando que usaremos nuestra propia ropa de cama. Costo por día: u$s 4.00. Creo que necesitábamos este descanso en lugar seguro, sin pensar ni en el auto, ni el cambio, ni nada, por lo que nos quedaremos por lo menos todo el día de mañana. Vuelvo atrás, a Lima, para contar lo sucedido allí. El 31 por la mañana entramos a Lima, recorriendo los únicos kilómetros de pavimento (doble vía) bien conservados que hemos visto en Perú. Por supuesto que no hay señalización alguna. Con mucha suerte y mi sentido de orientación entramos por Javier Prado y, cuando creo que debemos doblar, desembocamos, oh sorpresa, en el Touring Club. Donde por supuesto no saben nada de turismo. Nos despiden con unos folletitos y nos vamos. La casualidad nos vuelve a ayudar y estacionamos cerca de Foptur, próximos a la plaza San Martín. Allí nos atienden bien, nos sugieren acampar en Cieneguilla, pero decidimos buscar hostal. Los baratos y buenos están llenos, básicamente el España. Medio deprimidos, Gloria consigue alojamiento en el estacionamiento donde habíamos dejado el furgui. Así que dormimos en el estacionamiento "Quilca" en Jirón Quilca, cerca de la plaza San Martín El primero de junio comenzamos el "city tour". Vemos el palacio de la Inquisición. Una amable guía nos muestra las distintas salas, la mayoría semi enterradas bajo el piso entablonado del Senado, que han levantado. Vemos las distintas salas de tortura, que parecen algo ingenuas relacionándolas con las de nuestro proceso. Baste decir que aquí el torturador era el encapuchado, en vez de el torturado y se verá la profesionalidad de nuestros "modernos" inquisidores. De todas formas, lo visto me confirma en mi pensamiento de que el cristianismo ha sido y será siempre enemigo de la razón y la vida. El cielorraso de la sala de juicios una maravilla en caoba, miles de piezas encajadas entre sí. Visitamos otras iglesias, entre ellas la catedral, que sólo ojeamos pues pretenden cobrarnos. Cambiamos dinero, y partimos al Callao. El Real Felipe nos llama la atención, pero la visita es larga (tres horas amén de la espera para formar grupo) y además pretenden cobrarnos el doble de lo que dice el cartel, por lo que desistimos. Vamos al museo de arqueología. Luego de pagar, resulta que no hay luz. Nos devuelven el dinero. Ya medio cansados de contratiempos visitamos el museo Larco Herrera, donde nos dejamos cobrar el doble que los locales, desagradable costumbre en muchos lugares turísticos y culturales ¡Si hasta en el peaje de Arequipa nos cobraron el doble sólo por tener patente extranjera! En fin. Increíble colección de huacos en el museo. Huaco: figura-recipiente en cerámica. Todas las formas imaginables: duendes, duendes con niños, gemelos, animales, plantas, frutas, aves. Increíble. Hay tantos que es imposible verlos a todos. En otra sala unas diez momias, algunas en increíble estado de conservación, tanto cuerpo como ropas. En otra sala con puerta de acero y combinación: joyas, básicamente en oro y esmeraldas. También cristal de roca. Finalmente, en sala aparte del edificios principal la colección de huacos eróticos. Todas las poses, penes gigantescos, fellatios, fiestas con varios participantes, hasta partos, algunos muy realísticos. Muchos tienen hermosas expresiones de placer en la cara. Custodia la sala, como no podía ser de otra forma, una viejita. Ya son las 17.00, hay que salir corriendo hacia Cieneguilla, donde planeamos pasar la noche. En el camino, cruzando la ciudad por Javier Prado, nos topamos con gigantescos embotellamientos. Como nadie quiere ceder, no se desatan nunca. El tránsito es como el resto de Lima: un desastre. Luego de atravesar la niebla y llovizna de los cerros, llegamos en plena noche a ninguna parte. O mejor dicho a Cieneguilla, pero no se visualiza lugar alguno para acampar. Todo cerrado, los clásicos paredones peruanos que dan impresión de seguridad a los amedrentados propietarios de casas de fin de semana. En el hostal "El Colono inn" nos dejan utilizar su estacionamiento y su baño. A la mañana siguiente descubrimos, a pocas cuadras, el albergue juvenil, algo solitario, pero donde hubiéramos podido pernoctar. Ya hartos de Lima, decidimos proseguir nuestro viaje. Guárdense los limeños sus deterioradas glorias, su falta de recolectores de basura y su histeria. Nos vamos, claro que no sin tomar equivocadamente la carretera central, por donde recorremos otros lastimosos barrios antes de tomar la Panamericana norte, plagada de desvíos y embotellamientos. En las afueras, varios controles policiales, armados hasta los dientes y nerviosos, muy nerviosos. Como queda dicho, por la tarde llegamos a la Albufera Medio Mundo. Hoy salimos 7.30 de allí para llegar a Trujillo, que parece otro país. Plaza limpia y tranquila, calles amplias, policías que dan la mano y nos invitan a dormir cerca de su comisaría. Nos parece increíble encontrar esta atmósfera de cierta dignidad luego de todo lo anterior: vendedores ambulantes, comedores ambulantes, basura por todos lados, negrísimos grifos de gasolina, etc., etc. Ya es de noche, estoy escribiendo en una mesita fuera de la habitación. Los lugareños dicen que hace frío, yo encuentro el clima muy agradable. Gloria se está duchando con agua fría, que en realidad es tibia con el sol del día. Comienzo a sentir hambre. Mañana veremos en detalle los "caballitos de totoras", unas embarcaciones muy curiosas que usan los pescadores, hechas con totoras, la atracción local. También habrá mañana piscina, mar y playa si cabe, y mucho descanso.

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