EstuvimoS

Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

Colombia

13/julio/1990Andalucía, Colombia. No es tan fiero el león como lo pintan. Hacen ya varios días que andamos dando vueltas por este país, y al menos a mí me gusta mucho. Glo se preocupa un poco más, pero me parece que no mucho. Como siempre que me atraso, relataré lo sucedido desde Tulcán. Aunque se me ha perdido un día. O bien hoy es trece, o en Tulcán estuvimos el nueve. Por la mañana de ese día llegamos pronto a Rumichaca, donde en tiempo récord hicimos los trámites aduaneros. Pasamos Ipiales, y nos entretuvimos en Pasto cambiando money. Hubo que coimear a un policía por estacionar mal. Por suerte, como no tenía cambio pregunté en un negocio cuánto era lo habitual. ¡El muy pícaro nos pedía el doble de lo habitual! ¡Qué poca honestidad! Cuando le ofrecí lo correcto por la "ayuda" (así dicen ellos) se ofendió un poco, pero cuando lo invité a ir a la oficina de tránsito agarró lo que había y se fue. No hicimos city tour pues no valía la pena.

Continuamos el descenso hasta el "Remolino", balneario campestre, donde disfrutamos de la pileta y dormiremos en una pieza. Destacaré: de Ipiales a Pasto, y de Pasto a Remolino, la ruta bordea los más espectaculares valles y precipicios que hemos visto hasta ahora. Los árboles floridos, rojos, azules, naranjas, celestes, las laderas cultivadas, todo hacía un paisaje grandiosamente bonito. Desde el Remolino hasta Popayán el paisaje resultó más tranquilo, pero bonito. Popayán, donde llegamos por la mañana, resultó una ciudad de arquitectura colonial, agradable, desde nos internamos por entre lomadas y valles suaves hacia Coconuco. Un pueblito de montaña donde nos recibió un cartel de "Bienvenidos" del M-19 que desde no hace mucho es un partido político y no un ejército revolucionario. Coconuco, además de su paisaje campestre de montaña, tiene termas. De agua sulfurosa que brota hirviendo. Una vez que uno se acostumbra al olor, los baños resultan agradables. Dormimos allí, próximos a los indígenas que son tribus de los indios Paez. Siguiente día. Continúa la bajada hacia Cali, a 1.000m. sobre el nivel del mar. Al mediodía llegamos al balneario campestre "Brisas Tropicales" lugar bien puesto, donde disfrutamos también de pileta, cerveza y picada. Por la mañana el personal nos convidó con un desayuno. Nuevamente en viaje, bordeamos Cali, trepamos la Cordillera Occidental e iniciamos el descenso hacia Buenaventura, puerto del Pacífico desde donde esperábamos fletar nuestro carro hacia Panamá. El camino fue interesante, atravesamos el paisaje tropical. Buenaventura resultó una ciudad llena de negros, la primera que vimos, así que nos interesó mucho. Pero resultó imposible fletar el auto desde allí. Sólo una agencia trabaja la ruta, Comar, frente al muelle turístico. Pero nos piden u$s 1.500 más nuestros pasajes. La agencia Remar, que figura en el S.A.H. no existe más. A dormir en un parqueadero, con gran calor, que hacía imposible dormir. Por suerte a medianoche se desató una tormenta que supongo sería una tormenta "tropical" pues durante horas cayó agua, pues no llovía, sino más bien caía agua, no se distinguían las gotas. Hoy, sea la fecha que sea, estamos en el agradable balneario campestre "Las Vegas" en la entrada norte de Santa Lucía, digo de Andalucía, pueblo en el camino a Santander. Aclararé, por si alguien lee esto, que un balneario campestre es un lugar con piscina, restaurante o bar, parque, a veces cabañas y siempre música tropical a todo volumen. Estuvimos por la mañana en Cali, para cambiar cheques y ver un poquito la ciudad, que tiene barrios bonitos, y el centro es aceptable como mínimo. Las caleñas tienen fama de bonitas, no me pareció así. Por la tarde visitamos "El Paraíso", hacienda donde vivieron los personajes de María, aquel novelón romántico de Jorge Isaac. Vimos los cuartos de María, Efraim, Emma y sus padres. Yo no sabía o no recordaba que la novela recogía hechos reales de la vida de Isaac. El lugar es bellísimo, dominando el valle del Cauca, realmente un lugar inspirador de una novela romántica. Parece que María, a juzgar por los retratos era realmente bonita.

 

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15/julio/1990 - Entre Tocancipa y Sesquile. Ayer, a poco de abandonar Andalucía, comenzamos a trepar la Cordillera Central. El furgón con algunas vacilaciones disculpables nos llevó hasta "La Línea" o sea la cumbre, a unos 3.500m. sobre el nivel del mar. El descenso, a pesar de pronunciado, resultó larguísimo. A pesar de que bajamos en tercera, se nos descalabraron los frenos. Cosa que debe ser más que común, pues el primer pueblito al que llegamos estaba plagado de arregladores de frenos. Mas adelante, en zona baja y con mucho calor, nos encontramos con una lenta caravana de autos, por lo que a la primera oportunidad abandonamos. Así caímos al "restaurante bronceador" "Chicorolandia". Próximo al pueblucho de Chicoral. El tal restaurante resultó en plena decadencia, casi abandonado. Pero había duchas, y la piscina estaba aceptablemente limpia. Sólo la usaban los niños del cuidador. Quién nos anunció que de 17.00 a 18.00 o algo así llegaba la "plaga" o sea los zancudos, conocidos también por mosquitos. No hizo mucha gracia lo del horario. Pero a la hora indicada nos tuvimos que refugiar en el furgui, de donde salimos, ya no más incrédulos, a la hora correcta. Por la noche charlamos con el cuidador, a quién nos costó un triunfo entender en su tonada colombo-campesina. Hoy hemos llegado a Bogotá, más alto y por lo tanto más fresco, luego de cruzar Girardot y Fusagasugá.

No sé bien porque no nos quedamos. Entramos y salimos como si supiéramos, sin perdernos, pese a las obligatorias calles cortadas. El centro no nos pareció interesante. Quién llega a Bogotá y no visita Zipaquirá no estuvo en Bogotá, así que allí fuimos. La tal famosa catedral en la mina de sal resultó unos cuantos socavones muy grandes en la sal, mal iluminada y con olor a humedad. ¡Bah! Así que estamos camino al norte, instalados en el camping "Casita Tominé" que no es lindo pero camping al fin.

 

17/julio/1990 - Entre Socorro y San Gil. Ayer, desde Tunja nos desviamos a Villa de Leiva. Pueblito colonial sin ninguna edificación moderna, en un valle pedregoso. Llegamos justo en el día de la fiesta de la Señora de que se yo, y también, según los pasacalles "fiesta del folklore y el tiento". Muchísimos campesinos, todos se han comprado un sombrero de mala calidad. Por la tarde vimos el fósil de un bicho marino y luego de algunos extravíos llegamos al monasterio dominico de Ecce Homo, que por aquí llaman el "Santo Eccehomo". Edificio colonial bonito tiene por particularidad los zócalos de piedras llenas de improntas, amonites, trilobites y cuanto fósil marino antediluviano haya habido. Las ostras fosilizadas tiradas en el patio de hasta cuarenta centímetros de diámetro, bastante esféricas. Hoy partimos temprano, por camino de tierra, con la intensión de visitar una reserva de flora y fauna, pero el camino de acceso era muy malo. Continuamos pues hasta aquí, las piscinas "El raizón", donde trataremos de conciliar el sueño pese a la música tropical. Eso sí, por cinco dólares nos han servido una "picada" imposible de terminar. Con las sobras que guardamos, tendremos opíparo almuerzo. Diré que a pesar de tantas cosas buenas, yo estoy amargado con los problemas del auto. Aún más desde que descubrí, anteayer, que el cigüeñal tiene mucho juego. El motor no nos durará todo el viaje.<

20/julio/1990 Parque Nacional Tayrona. Cerca de Santa Marta, aquella que tiene tren pero...Para más datos, hoy es el día de la independencia de Colombia. El viaje fue así: el 18 continuamos bajando hacia Bucaramanga. Bucaramanga resultó una ciudad agradable, donde hicimos compras en Casa Tía, despachamos cartas y postales y revelamos un rollo de fotos. Luego continuamos la bajada para detenernos en el restaurante-balneario-pista de baile y estadero Agua Clara en el acceso al Totumal, ya concluida la bajada. Mucho calor. El D.J. de la pista de baile nos dio charla y nos interiorizó en la música valletana. Al día siguiente, 19, continuación del viaje a través de llanuras, con ganadería (cebú) y pasturas a ambos lados de la ruta. Que, por primera vez en mucho tiempo es recta aunque con ondulaciones. Algo pasado el mediodía, con un calor terrorífico, entre Bosconia y El Copey, encontramos un restaurante con buen aspecto y sombra, duchas, por lo que allí nos quedamos. Hoy el viaje fue breve, cruzamos el paupérrimo y feo pueblo natal de Gabo García Márquez, inspirador de Macondo. Luego de recorrer Santa Marta, que es un pueblo grande, de calles angostas, simpático, nos hemos venido al Parque Nacional. Hay aquí un camping de verdad, con acampantes con carpa y todo y hasta un gemelo del furgui. Parque y playa son una maravilla, amén de ser nuestro primer encuentro con el Mar Caribe. La sombra proviene de las palmas, que tienen cocos que caen con ruidos sordos, algo peligrosos. Suben y bajan las ardillas. Hay cotorras y otros pájaros que no se callan nunca. La playa es deslumbrante, hay cabañas con techos de palma. Hemos decidido quedarnos a descansar unos días, cosa que no hacemos desde Quito. Así que suspendo este diario hasta nuevo aviso.

 

22/07/1990 - Todavía en Tayrona. Frescos, descansados, aún sin acostumbrarnos a la idea de que todos los días nos bañamos en la mar Caribe. Ya dos días sin encender el motor del carro. Los días han pasado plácidamente. La playa tiene corrientes fortísimas en varias direcciones, así que bañarse es a la vez un entretenimiento agitado. Nos despertamos temprano para disfrutar bien del sol. Todos los días pasan un par de negritos vendiendo cocadas, que no son tan ricas como las que comíamos en Quito, pero de todas formas son ricas. La hamaca esta siempre colgada. Por las noches duermo en ella. Una ocupación que nos ha costado mucho esfuerzo es abrir un coco, o mejor dicho pelarlos. Pues resulta (no lo sabíamos) que traen una gran envoltura fibrosa del tamaño de una pelota de rugby. Que rechaza mi hacha desafilada por lo que hemos procedido con una sierrita. Horas. Uno de los empleados del parque se ha condolido de nosotros y nos ha pelado algunos con machete y técnica adecuada en instantes. Seguramente nos llevaremos alguno de recuerdo. Nuevos amigos: Mónica y Fernando, colombianos muy simpáticos que viven en Cartagena, nuestro próximo destino. Tienen un VW Westfalia con el que acampan cerca de nosotros. La fortuna ayuda: él es aduanero, así que se ha comprometido a ayudarnos con el embarque del furgón a Panamá. También nos ha recomendado el mecánico que atiende su VW, haremos revisar el nuestro. La única preocupación actual es que no nos caiga un coco en la cabeza, seguramente pueden fracturarle a uno algún hueso. Hoy me prometo escribir una larguísima carta a los viejos, contándoles todo lo bueno que estamos viviendo. Otra idea que tengo es la de recopilar un vocabulario de las palabras que cambian de sentido y las que nos resultan graciosas. También habría que escribir un listado de los oficios y negocios callejeros, rubro en el que la necesidad de sobrevivir ha hecho maravillas, sobre todo en Perú.

 

24/julio/1990 - Cartagena, en el hotel y "camping" Bellavista. Hoy temprano abandonamos el Parque Nacional Tayrona. Ayer hicimos una caminata muy linda hasta Arrecife, por un sendero bien marcado. Encontramos lindas playas pero el lugar en sí nos pareció sucio, hasta chanchos había. El camino hasta aquí resultó agradable, a veces bordeando el mar. La primer escala fue a poco de partir, en Rodadero que es un balneario bonito, de aguas tranquilas, al lado de Santa Marta. Cruzamos rápidamente Barranquilla, a la que no entramos pues nuestras referencias decían que no valía la pena. Ya más cerca de aquí vimos el Totumo. Que es una especie de pequeñísimo volcán en actividad, sólo que de él brota barro. Como siempre que llegamos a una ciudad nuestra ocupación del día fue buscar alojamiento. La única opción en el rubro camping del SAH era el Bellavista, así que aquí estamos "In a secure walled garden" que de jardín no tiene nada. Mañana habrá que empezar a recorrer navieras para fletar el furgui hacia Panamá. Tengo mucha ansiedad al respecto, espero que todo sea mejor que en Buenaventura.

 

30/julio/1990 - Ultimo día del mes, aquí en Cartagena. Mirando el calendario veo que mañana es el último día del mes. El objetivo que nos trajo aquí ha fracasado casi seguramente. Trasladar el auto a Panamá es muy costoso, más allá de lo razonable. Costo mínimo u$ 1100. Más nuestros pasajes en avión, un disparate. El razonamiento principal es que nos convendría volver a casa y viajar en avión desde allá a Miami, si consideramos que habrá que pagar lo mismo al volver. Hemos caminado por todas las agencias navieras. Hemos hablado con capitanes de buques, marineros, negros de San Andrés, sin éxito en el intento de conseguir un transporte más económico. Ya con seis días aquí, diría que no quedan esperanzas. Mañana probaremos en Barranquilla. Hemos paseado también. Nuestros amigos Mónica y Fernando nos pasaron a buscar al atardecer. Dimos algunas vueltas en su auto, conocimos su departamento en Castillo. Muy amables nos llevaron a pasear en mateo por la ciudad vieja. Este paseo que se hace de noche, con la ciudad vieja casi desierta, es realmente romántico. Culminó la velada con brochettes y tragos en un bar sobre la muralla, iluminados con lámparas de aceite. Infaltable, la orquesta, regular, que entre otros tocó "Noches de Cartagena", algo así como el himno de la ciudad. Luego de estos paseos, no los hemos vuelto a ver y nos han eludido, cosa que nos sorprende. El sábado nos mudamos al camping "La Boquilla" que es un camping de verdad, con sombra, carpas de alquiler, pulcro, con excelentes baños. Estamos algo alejados del centro, en la playa, pero no es problema, ya que un servicio de "busetas" nos lleva y trae. Somos los únicos pasajeros blancos casi siempre, es que La Boquilla es un pueblucho de pescadores negros. La buseta es un artefacto viejo, abierto pero techado, pintado con alegres colores. En la terminal céntrica (un descampado) solemos comprar "raspao" que consiste un cono de papel lleno de hielo picado (raspado) impregnado con jugo: cola, naranja y otros sabores. En el Bellavista hicimos dos nuevos y agradables amigos, los brasileños, Carlos y Miguel, que también viajan hacia el norte, en auto. El tal auto es una boituré copera, Ford "A" año 1928, una preciosura. Un auto así abre muchas puertas, entre ellas las de la naviera que los cruzará gratis a Panamá. Afortunados. Hemos conversado mucho, ellos son siempre optimistas y nos dan ánimos para seguir intentando cruzar nuestro auto. Otra actividad importante fue la visita a la Fortaleza de San Felipe de Barajas, principal defensa de Cartagena. Está en la loma de San Lázarro, fuera del sector amurallado y fue a tacada por muchísimos piratas, todos fracasaron, salvo un tal Baron de Pointis. A la entrada esta la estatua de Blas de Leso, curioso defensor al que le faltaba una pierna, un brazo y un ojo. Suponemos que los perdió luchando. Recorrimos varios túneles y quedamos totalmente deshidratados. El calor que reflejan muros y pisos, infernal.

 

8/agosto/1990 - Ultima noche en Cartagena, mañana partiremos. Ya una quincena aquí. Desde la última vez que escribí dimos varias vueltas aún, tratando de ver la forma de continuar el viaje. Con el auto, muy caro, y sin él imposible. La legislación aduanera implícita en el carnet de Pasages de Douanne o como se escriba nos impide salir de un país sin el furgui, habiendo entrado con él. Descartado el viaje al norte, continuaremos hacia Venezuela, y quizá retornemos vía Brasil. Hemos hablado con nuestros respectivos hogares, fue muy bueno saber que están todos bien. Hicimos un paseo en barco a Islas del Rosario. Un barco bonito, primero pasamos por Bocachica, es decir la entrada a la Bahía de Cartagena, defendida por dos fortalezas. La escala siguiente fue la más interesante, en Barú, Playa Blanca. Playa que es realmente blanca, plagada de negros que ofrecen ostras anunciándolas con sonrisas cómplices como "buenas para la antena parabólica". Comí un montón, crudas, con limón. ¡Qué manjar! A la vuelta hicimos amistad con Mario y Rosi, un matrimonio muy joven. Nos invitaron a su departamento alquilado. Lo pasamos muy bien y conocimos un poco más la idiosincracia colombiana. Cuesta muchísimo imaginar que es esta misma gente la que lleva contabilizados treinta mil muertos por violencia en lo que va del año. Ya nos despedimos de Carlos y Miguel, los brasileños, que mañana se embarcan con su fordcito a Panamá. Mónica y Fernando reaparecieron, argumentaron un fallecimiento, cosa que creemos cierta, aunque no por ello su comportamiento dejó de parecernos extraño. También en estos días hicimos amistad con los Landwerh, un matrimonio alemán residente en Caracas que ya habíamos visto en Tayrona. Nos han ofrecido su casa en Caracas. Hoy hemos hecho otro intento de poner en orden el carburador, mañana veremos que tal resultó. Nos iremos de aquí encantados con lo visto, y a la vez tristes con el fracaso de nuestro objetivo de conocer centro y norteamérica.

 

9/agosto/1990 - Ya casi despidiéndonos de Colombia, en Riohacha, la famosa Guajira. Llegamos hoy a mediodía, luego de pasar otra vez por Barranquilla, Santa Marta, Tayrona. Hemos descansado en la playa, caminando algo, aunque el día ha sido ventoso. La ciudad es pequeña sin otro atractivo que el mar. El SAH nos falló, no nos permitieron acampar en el hotel estatal, así que estamos refugiados en un parqueadero atestado de autos, ya listos para dormir y cruzar mañana a Venezuela. El incidente del día: mientras estábamos en la costanera se nos acercó un muchacho, que a pesar de que le aclaramos que éramos argentinos insistió en hablarnos en parte en italiano con alguna palabra en inglés. ¿Sabría dónde queda Argentina?. El objeto de la charla fue explicarnos que "no sólo café hay en Colombia..." Como nuestra cara de tontos era de las mejores, se fue luego de insistir algunas veces con lo del coffee. Que nos ofrecieran droga nos pareció una despedida acorde con lo que uno imagina de Colombia. Y que no ha sido lo que hemos visto: creo que es imposible visitar Colombia sin quedar encantado con su gente. Serán violentos (no nos consta), serán borrachines, (sí nos consta) y quizá tengan otros defectos. Pero son cordiales, amables, alegres, siempre prestos a la sonrisa y el baile. Volveríamos con gusto. En fin. Mañana cruzaremos la Guajira, otro de esos lugares que anuncian como peligroso, sobre todo el pueblo fronterizo de Maicao. A esta altura del viaje, esa clase de avisos no nos inquieta. Es más, tendemos a suponer que son macanas.

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