EstuvimoS

Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

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Diario de viaje

 

29/04/90 - En Potrerillos, Mendoza, inicio este diario, que, con diversas excusas evité iniciar antes. Lo mejor, entonces, será hacer un poco de historia. La idea, ya con varios años de antigüedad, consistía en ir hasta Estados Unidos o Canadá por tierra, en una Kombi VW o algo así. Empezamos a prepararlo "efectivamente" en 1987, cuando vivíamos en Palermo. Fue entonces que compramos dos boles de plástico que al entrar uno dentro de otro resultarían ideales. Brutal optimismo, no teníamos el furgón (ni el dinero). Debemos ser muy constantes, pues aquí estamos, a punto de cruzar a Chile. Yendo a lo inmediato, el punto de inicio estricto de este viaje fue el miércoles 11 de abril, justo antes de semana santa, cuando partimos de Trelew. Gran tramo, hicimos noche en Puerto Pirámides, despidiéndonos de nuestros amigos Raúl y Alicia. El jueves luego de "estrenar" una goma a la salida, pinchadura mediante, llegamos a Viedma. Al otro día, Coronel Suárez. Transcurrió algo así como una semana, acomodamos las butacas, hicimos arreglar la dirección del furgón ( alias el furgui de aquí en más) y, fundamentalmente, Glo se despidió de sus viejos. No me ha comentado que impresiones tuvo, pero luego, en Córdoba, con los míos, sentí la tristeza de la despedida. Agravada por la incomunicación de costumbre, la vergüenza de expresar los sentimientos, la imposibilidad de decir lo fundamental. Me parece que para Gloria fue parecido. Volviendo a lo concreto, en Córdoba hicimos varios arreglos menores, y muchos trámites y papeleo. Finalmente, el sábado 28 partimos con destino a San Luis, donde visitamos a Virginia. En el camino cumplimos nuestra primera actividad turística, conocimos la famosa escuelita de Sarmiento, en San Francisco del Monte de Oro. Hoy, pese a haber partido a las diez y media, llegamos aquí a las 17,30. Esto de viajar a una velocidad de 60 ó 70 km. Por hora, hace cada tramo eterno. Todo sea por la economía y la conservación del auto. De todas formas y aún con parada para almorzar, todas esas horas para unos trescientos cincuenta kilómetros es mucho. La lapicera con la que escribo es una porquería, espero comprar otra en Santiago, donde estaremos mañana. El camping es agradable, pero como de costumbre se escuchan tres músicas mezcladas de distintos acampantes, que, seguramente, temen el silencio.


Chile

1/mayo/1990 - Santiago de Chile. Ayer no tuve ánimos de escribir, el viaje de Potrerillos a Santiago se volvió más largo de lo que es, aduana mediante. Como despedida de nuestro país tuve que soportar los gritos de un gendarme, pues según él casi lo atropello. Sin duda una despedida acorde con el personaje. Todo el cruce de la cordillera sin novedad. El furgón se apunó algo por momentos, pero subió. Llegamos a Santiago a las 15.30 (14.30 hora chilena). Hemos conseguido buen cambio para nuestros travellers: $ 301 por dólar. La nafta cuesta aquí unos $96, es decir u$s 0,32. Esto es bueno, pues reduce nuestro costo proyectado de movilidad en más de un 30%. Hemos vivido ayer la alegría de reencontrarnos con Pato y su familia. Patito enorme, ya adolescente. Paulina siempre mi regalona, y la nueva integrante de la familia, Francisca Paz (Pachi) simpatiquísima. Hoy, día del trabajo, acompañé a Pato a la fiesta, en el Parque O'Higgins. Una verdadera fiesta familiar, con conjuntos musicales, puestos de comida, cartelones de partidos (casi todos de izquierda), muchas banderas rojas, manifestantes encapuchados, y los ineludibles discursos, poco escuchados. Por la tarde Pato nos llevó a San José del Maipo. El camino a lo largo del río Maipo muy bonito, me hubiera gustado contar con más tiempo. Hemos visto también la fortificada casa de Pinochet. A la vuelta, caravana de autos, en el mejor estilo de Buenos Aires, entre más que abundante smog.

000 Bahia inglesa Coquimbo
001 Puerto de Antofagasta 1
002 La Portada Antofagasta
003 Granito orbicular Coquimbo
006 Iquique 1
008 Iquique petroglifos
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2/mayo/1990 - Santiago de Chile. Otra vez olvidé comprar una lapicera, seguiré peleando con esta. Actividad del día: visita a la asociación de albergues juveniles. Son los que ya sabíamos. Visita al Automóvil Club, que brinda auxilio mecánico y poco más. En el Servicio Nacional de Turismo nos dieron varios folletos útiles, uno de ellos con los campings. Según parece son caros, mucho, u$s 10.00. Esto nos complicará un poco las noches. Hemos almorzado "hot dogs" al estilo chileno, con palta, mayonesa, chucrut, etc., riquísimos. También hemos visitado la feria de artesanías de Santa Lucía, con interesantes trabajos de cobre y bronce. Cansadísimos de caminar volvimos a casa de Pato a eso de las 16.30. Mañana partiremos con rumbo norte. No creo que lleguemos a la Serena, así que veremos dónde hacer noche. Espero que el clima mejore, pues aquí hay humedad y smog, una combinación horrible. Ya nos hemos despedido de nuestros queridos amigos.

 

3/mayo/1990 - En Pichidangui, mitad de camino a la Serena. Un lugar excelente y lindo. Pequeña caleta, en la margen sur está el pueblito, entre turístico y lugareño. La punta sur se prolonga en una islita. Allí, al reparo del mar abierto, anclan algunas lanchas de pescadores. Vimos algunos con traje de neopreno, la localidad produce erizos y otros mariscos de nombre ignorado. Estamos en el camping Bahía Marina, excelente, sobre todo porque somos los únicos. Comida de hoy: choripanes. Me fracasó el fuego, hecho con ramas de eucaliptos, espero que alcancen a cocinarse. El día me resultó breve, me parece que hay que partir más temprano, o hacer tramos más largos, y parar un día completo o más.

 

4/mayo/1990 - La Serena. Luego de almorzar unos sandwiches en Bahía Guanaqueros, que es un balneario (fotos 0 y 1) llegamos a eso de las dos de la tarde a La Serena. Cambio de aceite y aceite de caja, que nos costaron unos u$s 21.00. Hemos entregado unas llaves en casa de los padres de Cecilia, gente muy agradable. Pasaremos la noche en su cochera. La Serena parece una ciudad muy limpia, prolija y agradable. Desde la costanera se ve, en el lado sudoeste de la bahía, Coquimbo, edificada en un cerrito que separa la bahía de la Serena de la de Coquimbo, que creo se llama Herradura, donde está el puerto. Mañana nos dedicaremos a recorrer la zona. Hemos comprado víveres en un súper concurridísimo. Realmente más barata la vida aquí, pensamos que alrededor de un 40%. Hasta el momento contentísimos. Todo excelente. Son las 21.20, estamos tomando un cafecito en la Avenida del Mar. Probé dos frutas nuevas: unos pepinos (aspecto de tal, gusto a melón) y kiwis con aspecto de papa, interior verde, gusto extraño, no logré saber si me gustaron, mañana lo intentaré otra vez.

 

5/mayo/1990 - ¡Compré lapicera! Hoy sábado, aún en La Serena. Anoche vimos, desde nuestra ubicación privilegiada en casa de los Cerbero, una loma, Coquimbo de noche, todo un espectáculo. Desayunamos ayuyas calentitas con palta, costumbre chilena que nos agrada especialmente. Los padres de Cecilia, que cada vez nos caen más simpáticos, nos atenderían como reyes si los dejáramos. La primer diligencia de hoy consistió en ir al correo. Hemos cumplido con la familia. Paseamos por el centro y luego partimos hacia Coquimbo, ciudad portuaria típicamente chilena. Edificación antigua, en madera y chapa, con piedras del mismo cerro. Fuimos hasta la parte alta esperando encontrar algo distinto, pero sólo encontramos barrios humildes. No nos resultó muy interesante y así a mediodía nos instalamos a almorzar en una playa de La Herradura. Hemos regresado a La Serena y aquí estamos, en la avenida del Mar, donde un sol velado por las nubes se refleja en el mar, con Coquimbo a la vista, como debe ser. Gloria duerme la siesta mientras escribo, veo el mar y las gaviotas y escucho a Häendel. En La Herradura, con vista al puerto de Coquimbo y a unos veleros, saqué la foto 2.

 

6/mayo/1990 - Hoy domingo, en Copiapó. Nos levantamos tarde, desayunamos otra vez con los Cervero, Carmen y Sergio. También Soledad, que me trae a la memoria mis estadías en Punta Arenas, cuando ella vivía con Pato y Ceci y yo los visitaba todos los lunes. El desayuno, desde ya, con palta. A eso de las diez partimos con rumbo norte. Hasta Vallenar, subidas y bajadas constantes. A partir de allí comienza el desierto. La ruta, bastante aburrida. Desierto, y a ambos lados, inhóspitas montañas. Acercándonos a Copiapó vemos numerosos caminos hacia las minas, que por lo que sabemos son de plata. ¡Qué bueno sería tener una! La ciudad (bastante pequeña) es poco interesante, a juzgar por lo que hemos visto. Mañana visitaremos algún museo antes de partir hacia las playas.. Nuestro "hotel": una estación de servicio Copec. Sorpresa, no están habilitados los baños, que parecían muy buenos, y que fueron el motivo de venir aquí.

 

7/mayo/1990 - Entre la bruma, unos diez kilómetros al norte de Chañaral. Hoy partimos temprano de Copiapó. La idea era quedarnos en el camping de Bahía Inglesa, cerca de Caldera, pero nos pidieron $ 2.500 (u$s 8.20) por el sitio, así que desistimos. Por suerte continuamos hasta aquí, un lugar hermoso. En realidad todo el camino desde Caldera hasta Chañaral es bonito, con playas de arena blanca entre rocas. Chañaral es un pueblito pesquero (muchos japoneses) y de embarque de minerales. Hemos continuado hacia en norte por un camino de tierra que no figura en nuestro mapa, y que se supone nos conducirá hasta el Parque Nacional Pan de Azúcar. Los diez kilómetros ya hechos, de un total de treinta, muy bonitos. Bordeando el mar, con las montañas bien próximas. Los cerros no tienen vegetación, sólo piedras. La playa que vemos desde el auto, blanca, solitaria y enorme. Hemos hecho algunas cuentas, con los datos proporcionados por la libretita en la que anotamos escrupulosamente todo gasto. Hasta ahora hemos gastado menos que lo presupuestado. Un olvido: a mitad de camino paramos en el "Santuario de la Naturaleza" nombre pretensioso para una curiosidad interesante: el granito orbicular (otro nombre pretensioso). Consiste en unas pocas piedras en la línea de marea, con manchas redondas de granito negro, sobre granito más claro. Primera vez que veo piedras a lunares, así que saqué la foto número tres. Mientras escribo esto, se ha hecho plena noche, son las 18.45. Esto resulta molesto, pues no hay mucho para hacer y resulta muy temprano para ir a la cama, al menos de acuerdo a nuestras costumbres.

 

8/mayo/1990 - A las 18.20 en Pan de Azúcar. Esta mañana muy temprano, recorrimos los pocos kilómetros que faltaban hasta aquí. En realidad, Pan de Azúcar es una isla que se ve desde la playa de los piqueros (la playa anterior a la que estamos). Hemos conversado con un ornitólogo que está acampando aquí. Nos hizo ver un petrel zambullidor. En las rocas, innumerables, tienen su apostadero los pelícanos. Es interesante verlos volar a ras del agua, con su largo pico paralelo al agua. Hemos caminado "harto"como dicen los chilenos. Hacia el norte, hasta unas rocas que sobresalen en la playa, hacia el sur (playa de los piqueros) y por el promotorio cercano, que ofrece buenas vistas al mar y los pelícanos. El lugar para acampar tiene definidas con pircas unas parcelitas con muros algo más alto por el lado del mar, mesa de madera, asador y asientos incorporados a la pirca, y un techito de esteras que se elaboran en la zona de Copiapó. De esto he sacado la foto 4, con Glo sentada y fondo de pelícanos que seguramente no se verán en la foto.

 

10/mayo/1990 - Jueves. Por la radio nos enteramos que hoy es jueves. ¿Dónde estamos? En algún lugar unos 20 kilómetros al norte de Tocopilla, en el camino costero hacia Iquique. Como ayer no escribí, anotaré lo de ayer. Dejamos Pan de Azúcar bien temprano, y recorrimos el interminable desierto que hay hasta Antofagasta, bonita ciudad a la que llegamos a eso de las 15.00. El desierto es realmente eso, ni una planta, enormes extensiones de tierra removida, o de tierra y rocas, todo marrón. Llegar a Antofagasta es todo un contraste: el mar, plantas y flores en una ciudad grande. Comimos hot-dogs y fuimos a la oficina de turismo, donde no averiguamos gran cosa. A la tarde buscamos camping, y luego de negociación nos alojamos en el camping "Las garumas" por $ 1.000. Gloria no quería pagar ni eso ya que no había agua caliente. Discusión mediante, nos quedamos. Hicimos amistad con otros dos autos viajeros: un matrimonio suizo y otro alemán. Llevan rumbo parecido, así que supongo nos volveremos a encontrar. Hoy fue un día interesante. Medio de casualidad estacionamos (en Antofagasta) cerca de la feria de los pescadores, cercana a unos muelles viejos. Los pelícanos conviven ahí con los pescadores, se posan en el techo de la feria, en la playa donde filetean y en el agua, sin el más leve temor por la gente. Todo un espectáculo. Saqué algunas fotos. También compré un "mariscal surtido" o sea una bandejita con diversos mariscos, con ajo y cebolla y perejil que liquidé en "La Portada" que es algo así como el monumento natural emblema de Antofagasta. Consiste en un arco de roca emplazado en el mar. También saqué fotos, de la 4 a la 10. Luego del almuerzo con el mariscal regado con limones de Pica que son unos limones pequeñitos y super-jugosos, pusimos rumbo a Tocopilla. La ruta, en mal estado en gran parte. En Tocopilla abandonamos la Panamericana. El camino de tierra que pensamos emprender, es, según el empleado de la estación de servicio, "estrechito", y de tierra. Por momentos una sola mano, con unos precipicios brutales, sin defensas, nunca había manejado en semejante camino de cornisa. Glo se asustó bastante, sobre todo cuando hubo que maniobrar y retroceder para dar paso a un camión que subía. Así que, ya de noche, nos hemos instalado en este pequeño desvío, poco más que una banquina, pero, para nuestra tranquilidad, a nivel del mar. Veremos mañana si los presuntos sesenta kilómetros que faltan hasta el asfalto son menos peligrosos.

 

13/mayo/1990 - Entre La Tirana y Pica. Como he saltado unos días, comenzaré desde la mañana del once. Finalmente resultó que no hubo más cuestas ni precipicios, sólo mal camino pero bonito. Apenas llegamos al pavimento, unos veinte kilómetros al norte de la aduana del río Loa (hay aduana pues Iquique es zona franca) , nos instalamos en la primer playita que apareció. Encontramos entre las rocas colonias de erizos, lástima que no nos gustan. También había cangrejos y una especie de estrella de mar pero de muchísimos brazos. Allí dormimos, y al día siguiente llegamos a Iquique. Bonita ciudad, fuimos al monumento al marino desconocido, desde donde se ve la boya que recuerda el lugar del hundimiento del Esmeralda, durante la batalla naval de Iquique, en la guerra del Pacífico. Comimos malamente en un bolichón y luego de consultar con los carabineros nos instalamos en la playa La Brava, próximos al motor-home de un húngaro, radicado en Australia. Hace tres años que recorre el mundo con su magníficamente equipada casa. Al rato de instalados aparecieron nuestros conocidos: el Nissan de los alemanes y el Toyota de los Suizos, por lo que hubo grandes conversaciones, en castellano inglés y alemán. Nadie sabía húngaro. A mi pregunta, el húngaro me dice que no tiene problemas con el castellano (esto en inglés) pues sabe todo lo necesario según él : "unou más cerveza". Y uniendo la práctica a los dichos nos tomamos tal cantidad de cervezas que nos emborrachamos. Gloria continúa enojada aún hoy por la mañana. Hemos ido hasta Pica , un oasis en pleno desierto, pero no muy interesante. En el camino visitamos el pueblo fantasma de Humberstone, recuerdo de la época del salitre. Las fotos de estos días van de la 11 a la 16.

 

14/mayo/1990 - Aún en Iquique. Hemos visitado la zona franca. En un espantoso rapto de locura gastamos u$s 3.00. Luego de almorzar unas pailas en el centro, me tendí bajo el auto a curiosear. Descubrí una tuerca del amortiguador robada, una abrazadera del tren delantero floja, y pérdida de aceite por la junta de tapa de válvulas. Luego de una investigación encontramos un taller adecuado, cerca de la zona franca, que llaman Zofri. En Zofri visitamos a un pintoresco suizo que conocimos anteayer. Radicado en Iquique, dice que en Suiza está todo hecho mientras que aquí todo está por hacerse. Regentea una casa que importa camiones usados, los remoza y los vende con garantía. Mañana nos atenderán en el taller, mientras hemos visitado el museo regional.

 

15/mayo/1990 - Hoy martes, ya en Arica, última ciudad de Chile. A mediodía tuvimos listo el auto, a un costo de u$s 10.00. A la salida de Iquique encontramos una estación de servicios con duchas, que aprovechamos con gran satisfacción, pues desde Antofagasta no encontramos donde ponernos presentables. Luego, al desierto nuevamente. Sorpresa: en esa desolada inmensidad se abren tres grandes quebradas que hay que bajar para luego subir por unas larguísimas cuestas de veinte kilómetros de largo. En una de ellas vimos y fotografiamos interesantes petroglifos. Finalmente aquí estamos, preparándonos para el descanso a orillas de la playa Arenillas Negras. El viaje no ha sido gran cosa, sólo unos 300 km., pero estamos cansados. Mañana iremos al correo, pero hay muy pocas esperanzas de encontrar carta de nuestros padres, ya que hemos llegado aquí muchos días antes de lo previsto.


Perú

 

16/mayo/1990 - Finalmente, y un día antes de lo que suponía ayer estamos en Perú, Tacna concretamente. Hoy por la mañana, luego de cambiar un treveller cheque, cosa que fue algo difícil, paseamos por el centro y conocimos la Catedral de Arica, que me pareció de juguete, y que fue proyectada por G. Eiffel, sí, el de la torre. Hay foto. Ida y vuelta por el valle de Azapa, bonito con olivares y flores, parece increíble en el desierto. En el valle, el museo de San Miguel (etnográfico). Amén de las momias y tejidos similares a las del museo de Iquique, vemos una enorme prensa para aceitunas de la época colonial. Por último , visitamos el histórico morro de Arica, con un museo militar que recuerda la guerra del Pacífico. Ya sin saber que hacer, nos decidimos a cruzar la frontera. Perú, a juzgar por lo poco que hemos visto, se parece más a Latinoamérica. Ya la aduana sucia y desorganizada muestra una imagen tan distinta a la chilena... Tacna, pese a la pequeña fama que le diera Vargas Llosa, es un pueblito que ni fú ni fá, sin mucho interés salvo el de ser el primer pueblo peruano que vemos. Según parece, dormimos cerca de la plaza de armas, lugar que parece tranquilo y seguro. Tenemos algunos temores, ya que Perú no tiene muy buena fama y por otro lado hemos visto policía armada hasta los dientes. Hemos recorrido algunos hospedajes económicos pero no nos decidimos a dejar solito el furgui, pobrecito. Tenemos ya un sueño bárbaro pero estamos haciendo tiempo en la Alameda Bolognesi para no ir tan temprano a la plaza. Para colmo el cambio de hora no ayuda. Aquí oscurece aún más temprano que en Chile, pues en la misma longitud tiene una hora menos.

 

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18/mayo/1990 - ¡Arequipa! La ciudad blanca. Desde ayer aquí. Finalmente, antenoche, luego de tomar una cervecita en un bar y usar el baño, nos instalamos frente a una plaza (no la de armas) a la vera de alguna iglesia de esas con salmos y cantos varios que escuchamos durante un rato, antes de dormirnos no muy tranquilos. Bien temprano partimos, luego de desayunar en el furgui, costumbre que se ha vuelto muy importante. Aquí comienzo a contar una historia bastante curiosa. En el camino, a mitad de camino, el furgui pegó unos tironcitos, pero continuamos sin novedad hasta unos ochenta kilómetros de aquí. Al comenzar a subir hacia Arequipa se nos plantó varias veces. Aparentemente no llegaba "gasolina", pero ordeñando oralmente (¡puaj!) el cañito llegamos. Apenas entramos a la ciudad encontramos la agencia VW , pero desafiando imprudentemente la fortuna, continuamos, para inspeccionar la ciudad. Por supuesto que el furgui se plantó definitivamente en la calle del mercado, lugar peligroso según supimos luego. Hube de empujarlo varias cuadras, por suerte con una ligera pendiente a favor. Finalmente estacionamos. ¿Dónde? En la calle del Touring Club, a dos cuadras para más datos. Dos horitas después el auxilio nos dejaba en la agencia, donde, oh alegría, el sereno nos dejó quedarnos adentro, lo que nos ahorró buscar alojamiento de noche. Hoy hablamos con el gerente de la agencia. Lo inesperado suele suceder. El hombre es cuñado de un médico cuyo nombre y dirección (en Mollendo, a cien kilómetros de aquí) nos había dado una señora conocida allá en Córdoba. Hay que decir con originalidad: ¡El mundo es un pañuelo! Gracias a esto el furgui quedará en la agencia mientras nos vamos en tren a Cuzco. Con bomba de gasolina nueva, y afinado para montaña. Dejando lo anecdótico, cuento lo visto hoy en Arequipa. Visitar Arequipa es una experiencia deslumbrante. La plaza cuenta con su correspondiente catedral, originalmente es un lateral y no el frente el que da a la plaza. El fondo, majestuoso, el nevado del Misti, que humea ligeramente. La iglesia de la Compañía en la otra esquina y los portales que rodean toda la plaza. Todo esto en sillería de piedra clara, procedente del Misti. Las edificaciones, las calles, todo hace que la ciudad impacte, quizá aún más a mí, ojo profesional mediante, por su armonía, aún en sectores algo deteriorados. Vemos la feria artesanal, muy buena, y bonita en su ubicación, una antigua cárcel colonial. No visitamos, a pesar de los consejos, la clausura de Santa Catalina. He sacado varias fotos, de la 17 a la 22. En este momento estamos en nuestra casita andante, descansando de los kilómetros caminados. Ya tenemos nuestros boletos a Cusco, partiremos en el tren de las 21.00, clase primera. La estación está cerca, las mochilas listas.

 

19/mayo/1990 - Primer día en Cusco. El tren partió ayer con una hora de atraso. Al subir nos proporcionó el primer placer: asientos duros y rectos. Vecinos, mesa de por medio, una viejita y un agrónomo. Por el pasillo pasa el enfermero, con el tensiómetro listo para aquellos que temen que su corazón flaquee en la altura. Luego el vendedor de coramina glucosada, que se supone eficaz para el mal de altura. A pesar del calor, en una costumbre que luego se nos haría familiar, los pasajeros locales se abrigan con gorros, guantes, mantas y chompas, que es como ellos llaman a los pulloveres. Se supone que más tarde hará frío, pero por ahora parece locura. El tren inicia el ascenso, en las curvas se inclina y por momentos al ver las luces de la ciudad nos parece ir en avión. Es imposible dormir, los asientos son demasiado incómodos. Agotados, al amanecer llegamos a Juliaca, a 3.800 m. sobre el nivel del mar. El vagón que nos transporta queda solo en la estación, pues la formación restante va a Puno a buscar el vagón de turismo. Este vagón viene lleno con los turistas que vía ferry del Titicaca vienen de La Paz, Bolivia. Esa es la ruta favorita del turismo gringo. A pesar del cansancio y la larga espera no hay respiro, es imposible dormir. Amén de los asientos, ahora nos invade una turbamulta de vendedoras ambulantes, con sus atavíos típicos. Cuando esta marea empieza a calmarse, insinuando un respiro, llegan las nuevas pasajeras: las cholas contrabandistas. Ahora el idioma es el aymará y la acción consiste en proezas de ilusionista para ocultar gigantescos bultos con contrabando de policías y guardias diversos que, en realidad hacen la vista gorda. Cuando surge algún problema es porque la coima previa no fue suficiente, o algo así. Por fin partimos hacia Cusco. Bonito el trayecto pero ya no lo disfrutamos por el cansancio. En cada una de las interminables paradas se produce un desfile interminable de vendedoras. Hasta asado de chancho. Por la tarde cruzamos La Raya, estación del tren a 4.300 m. de altura. Por allí Gloria tiene un ataque de mal de altura pero se le pasa pronto. Más tarde, en una parada me bajo a respirar algo de aire puro, harto ya de los olores del vagón. Al subir, con el cuento del dinero caído, que felizmente ya conocía intentan robarme. Una presta huida me salvó de pérdidas y problemas. Ya cerca del arribo, comienzan a presentarse los representantes de las agencias de turismo. Un tal And'ys Tour nos convence para usar sus servicios hasta el hostal Suecia II que resultó el que usan todos los gringos que viajan barato. Fue buena decisión pues el barrio de la estación se ve peligroso, más aún de noche. También contratamos con la misma agencia, una excursión para el domingo. El hostal Suecia II ha resultado muy agradable. Es una antigua casona de ésas con patio central. Con buen criterio, lo han techado (al patio) con vidrios por lo que el sol lo calienta y a la noche se mantiene agradable. Las noches en Cusco son frescas o frías. Nuestra habitación, sobre la entrada (hay dos plantas) tiene piso de tablas y una pequeña ventana enrejada. Los muebles: dos camas, una mesa de luz y una silla. Ya instalados y bañados en el baño comunitario, unisex, y nos derrumbamos en nuestras camas.

 

20/mayo/1990 - Segundo día en Cusco, domingo. Tempranito partimos hacia el mercado campesino de Pisac. Pronunciado al estilo local sería Písssac, pues los cusqueños marcan fuertemente las eses. Mucho más que nuestros compatriotas santiagueños. El mercado, que funciona jueves y domingos, es muy interesante y vistoso, claro que turístico. Todo debe regatearse. Glo resultó buena en eso, tras interminables discusiones, idas y venidas compró un bonito bolso, cuyo precio original era u$s 4.00 por u$s 2.00. Es imposible no comprar, tanto por la variedad de artesanías como por el dulce modo de vender. En uno de tantos recovecos, un viejito vende unas bolsitas, las clásicas. A pesar de tener montones, dice: ¡Cómprala papito! ¡Si está solita! Tan simpático es que dan ganas de comprarle todas. Desde el mercado, el tour nos arrea a un restaurante turístico, donde comemos chicharrones de cerdo, medio fríos, y, por supuesto caros. Luego del almuerzo, siempre bordeando el río Vilcanota, que en algún momento ignorado se transforma en el sagrado Urubamba, pasamos por Calca y Urubamba para llegar finalmente a Ollantaytambo. En el camino empecé el segundo rollo de fotos. Las ruinas son de gran calidad en el tallado de la piedra, nos dicen que mejores que en Machu Pichu, cuya virtud consiste en la conservación más que en la calidad. El recorrido hecho fue: el portal, las terrazas o andenes para la agricultura, el templo de las siete hornacinas, luego el templo del sol. Las viviendas, y luego hacia abajo a los baños, en funcionamiento, y finalmente el baño de la princesa. Desde casi todos lados se ve el valle del Urubamba, con la línea de árboles que marca las vías del tren a Machu Picchu. La visita nos pareció breve, nos quedamos con ganas de más. A la vuelta pasamos por Chincheros, pueblo campesino rodeado de cultivos que se extienden hasta cerros y lomadas, hasta increíbles alturas, dibujando patch-works variadísimos. No hay hacendados, la tierra es de las comunidades, y cada comunero tiene su parcela asignada. Todo el trabajo de labranza es manual, no hay máquina alguna y pensamos que no podría haberlas, dado lo escarpado de gran parte de las parcelas. Por la noche paseamos por Cusco acompañados por Pablo Pavez, chileno de Chuquicamata que conocimos en el tren.

 

21/mayo/1990  - Tercer día en Cusco. Nos levantamos tarde. Fuimos a la oficina de turismo (Foptur). Gran recorrido por los muros incas de calle Loreto, y otras calles, que tienen las poco bellas edificaciones de adobe colonial encima. Cosas de los gallegos conquistadores. Los muros son casi el único resto de la orgullosa capital del imperio inca. En una casona colonial, casa Cabrera, ocupada actualmente por un banco, encontramos una exposición de cuadros con temática cusqueña, interesante de ver. Oh sorpresa, al volver al hostal, distinguimos, por la forma de hablar a una pareja argentina. Son Fernanda y Nelson. Compartimos nuestro café y charlamos hasta tarde. Ellos viajan a dedo, con destino a México, pero en Perú no se animan a hacer dedo. Los acompaña un español, Fernando, que se les agregó en algún momento del viaje.

 

22/mayo/1990 - Cuarto día en Cusco, martes. Por la mañana hacemos un breve paseo, con escaso resultado. El museo arqueológico está cerrado, nadie sabe decirnos porqué, ni el portero. Caminamos por avenida del Sol hasta el correo. Despachamos algunas postales y cartas a nuestras familias. De regreso en nuestro familiar Suecia II nos tomamos un regio día de descanso. Gloria ni se levantó de la cama. Tanta libertad con el tiempo obedece a que Machu Pichu estará cerrado al turismo hasta el jueves por lo que no tenemos mucho que hacer. Motivo del cierre: La reunión de presidentes del pacto andino, que incluye, desde ya, visita al Machu Pichu. Sospechamos que ése fue también el motivo de cierre del museo arqueológico.

 

23/mayo/1990 - Quinto día en Cusco, miércoles. Por la mañana salimos a comprar provisiones para el viaje a Machu Pichu. Encontramos un almacén realmente económico, ya que los cercanos al hostal tienden a aprovecharse de los turistas. En la avenida del Sol hay un súper, pero los precios son exageradísimos, suponemos que a causa de la proximidad de los hoteles principales. Visitamos, desde afuera, para no pagar, Koricancha, sobre cuyas ruinas se levanta Santo Domingo. Lo más interesante de Koricancha, un muro circular, próximo a la verja, ejecutado con enorme precisión. A mediodía almorzamos con los argentinos, el alemán Oliver y el español Fernando en el restaurante Los Tronquitos, en la calle Saphy. Por algo así como u$s 1.50 nos traen un plato inmenso con milanesa, papas fritas y ensalada. Las milanesas son las que nosotros llamamos escalopes. Por la tarde jugamos a las cartas hasta eso de las cinco, hora en que los amigos parten en bus hacia Arequipa. La despedida nos deja algo tristes, pues era agradable tener compañía. Cambiamos un cheque a razón de 45000 intis por dólar. La inflación nos está favoreciendo ya que hace pocos días cambiamos a 39000 y las cosas no parecen haber aumentado.

 

24/mayo/1990 - Sexto día en Cusco, jueves y por la tarde en Aguas Calientes. Por la mañana, bordeando el mercado, que se supone peligroso, nos encaminamos a la estación del ferrocarril que va a Machu Pichu. Comprados los pasajes, almorzamos en el hostal, (en la pieza, desde ya) y a la una en punto de la tarde estamos nuevamente en la estación, listos para el gran viaje. Distinguimos esta vez por las ropas, a dos simpáticos jubilados argentinos: Lucrecia y Juan Carlos Lombán. El viaje es muy interesante, unas tres horas tras la muy humeante locomotora diesel en nuestra formación de tres vagones del "rápido". Tanto la subida para salir de Cusco como el descenso al valle del Urubamba se hacen por sucesivas entradas a vía muerta, para salir ascendiendo por otra vía. Esto tiene un nombre que no recuerdo. Fe de erratas: donde dice "ascendiendo" puede leerse también "descendiendo" según el caso. Bajamos en Aguas Calientes, pueblito sin calles para autos ya que al fin y al cabo no hay ningún camino que llegue allí. Parte de los restaurantes, hoteles y viviendas tienen por vereda la plataforma del tren. Vamos corriendo al hostal Gringo Bill's que según nos dijeron es el mejor. El Gringo, que en realidad tiene un nombre autóctono, es una edificación tortuosa en unas tres plantas y niveles varios intermedios, recostada en las rocas del cerro inmediato por lo que resulta pintoresco. Ya oscureciendo nos vamos a los baños termales, modestos pero agradables. Es toda una sensación bañarse ante el paisaje selvático, de noche, con el río de aguas frías cerca, y el aire, también frío, de montaña. A dormir, mañana será el gran día.

 

25/mayo1990 - 5:30 horas. Caminamos por las vías hacia puente de ruinas. Cruzamos los dos túneles adivinando y tanteando la vía con el pié y llegamos a la estación. Cruzamos el Urubamba y un señor nos indica el comienzo del sendero. Luego de dos horas de ascenso pronunciado, llegamos, jadeantes pero felices a las puertas de Machu Pichu. El sendero cruza el camino de los buses muchas veces, pues sube rectamente mientras el camino zigzaguea. En realidad no es muy cansador pero estamos sin entrenamiento. Ayuda bastante la altura sobre el nivel del mar, 2280 m., muy inferior a la de Cusco. 8.04 horas, hemos llegado justo para la apertura, somos los primeros del día. La entrada u$s 10. Como el cambio lo tienen atrasado pagamos en intis, sacando algo de ventaja. Cruzamos el ascenso, tomamos la senda "de los estudiantes" pues nos han dicho que de esa forma veremos primero la ciudad desde arriba, ganando una idea del conjunto antes de recorrerla. Así es, a poco de subir llegamos a las terrazas superiores. Por allí cruza el camino del inca, que a nuestra izquierda se pierde rectilíneo entre los cerros, y hacia la derecha llega a la puerta principal. Estamos en el cementerio superior, que consiste en unas terrazas. Descendiendo algo, el puesto de vigilancia y muy próxima, la piedra funeraria. Estos datos los obtenemos de un mapita de Foptur, aunque sabemos que los nombres y destinos señalados son más conjeturales que otra cosa, pues nadie sabe muy bien que hacían los incas allí. Bajando otro poco, entramos a la ciudad propiamente dicha. Por la puerta principal, como corresponde. En las jambas hay unos tallados que imagino servirían para trabar alguna clase de tranca. Un poco más, y estamos en la Plaza Sagrada, en cuyo lado más destacado está el templo de las Tres Ventanas y el templo Principal. Un pequeño rodeo y unos cuantos escalones nos conducen al Intiwatana, la piedra solar con sus aristas indicando los cuatro puntos cardinales. Allí nos encontramos con Lucrecia y Juan Carlos y nos detenemos a conversar un rato. Bajamos otra vez a la Plaza Sagrada y en su confortable pastito, almorzamos "pain de porc" danés. Gracias a la rotura de un caño que desvía el agua, el sistema inca funciona, y nos aprovisionamos de agua en lo que suponemos habrá sido la bañera del inca. Ya que estamos, recorremos su palacio, junto con el templo del Sol y las habitaciones de la Ñusta. A mediodía nos volvemos a encontrar con Lucrecia y Juan Carlos que nos recuerdan que es nuestra fecha patria, por lo que brindamos con el agua imperial de nuestra cantimplora. Partimos a escalar el Huayna Pichu, o cima joven, previo registro en el libro de escalada. La excursión es más montañística que histórica, aunque vemos el templo de la Luna sobre feroz precipicio, y en la cima algunas ruinas y pequeñas terrazas de uso supuestamente ritual. El sendero inca aprovecha, cerca de la cima, un túnel natural. El esfuerzo es ampliamente recompensado. Desde la cima vemos toda la ciudad en su maravilla, con su planta casi cuadrada y el sendero del inca penetrando en diagonal desde el sur como una autopista (que no es la parisina de Cortázar). Pero sobre todo me impacta el profundo valle del Urubamba con el tren pasando por allí, de juguete. A las 15.00 estamos otra vez en la Plaza Sagrada. Ahora recorremos las viviendas, la cárcel y el Palacio Inferior. Ya no nos queda nada por conocer en la ciudad pero nos quedaríamos de todas formas si no estuviera próxima la hora de cierre. Realmente, flota en Machu Pichu una atmósfera especial que atrapa. Los tontos hablan de magnetismo, ondas místicas y cosas parecidas. Por mi parte creo que la combinación de historia y belleza es suficiente explicación. En la salida encontramos a Lucrecia, que ha extraviado a su marido. La acompañamos un rato, pero debemos abandonarla para hacer el sendero de bajada con luz. Casi al trote hacemos el camino. El tren de turistas nos pasa mientras vamos por la vía. En Aguas Calientes buscamos a los viejitos, que ya se han reencontrado y brindamos con cerveza por la patria. Por fin la cama. Un día de esos inolvidables.

 

26/mayo/1990 - Octavo día, en Cusco, sábado. Muy temprano, junto con otros cuantos turistas, en su mayoría europeos, tomamos el rápido. Sin novedad regresamos a Cusco. Pensamos regresar a Arequipa en bus, pero no hay lugar hasta mañana. Compramos el pasaje y nos refugiamos en el Suecia II. Por la tarde conversamos en el hostal con Ace y su esposa, dos yankees que llevan ocho ¡ocho! Años viajando en moto (triciclo) por el mundo. Son los que en la cima del Huayna Pichu nos habían convidado con una naranja.

 

28/mayo/1990 - Estamos otra vez en Arequipa. Ayer a las cinco de la tarde nos subimos al bus que tenía aceptable pinta. Todas las oficinas de turismo nos habían recomendado no viajar en bus, por lo que nos subimos preocupados. Pero en tren hemos jurado no volver, y el avión estaba fuera de presupuesto. El viaje finalmente no resultó tan malo. El problema es la gente parada, que lógicamente trata de invadir a los que vamos sentados con sus bultos, niños y su propia humanidad. Por la noche hace mucho frío, así que el olor a encierro es fenomenal. Con todo, a la diez de la mañana, luego de diecisiete horas de sacudones, dictaminamos que resultó mejor el bus que el tren. Al menos, más breve. Hemos paseado por Arequipa contentos de reencontrarnos con nuestro amado furgui. Almorzamos papas rellenas en la calle de los abogados (hay cientos) y luego buscamos la iglesia de Yanuhara que tiene muy bonito pórtico, en las afueras de la city. Tomamos unas gaseosas con un austríaco muy cómico. De todo se ríe. Cuenta que en Colombia lo drogaron y se encontró tres días después en un hospital con sólo las medias puestas. Según él, allí tenía su dinero oculto e incólume. También encontramos al alemán Oliver. En el mercado le tajearon el pantalón y le robaron la billetera, que llevaba casi vacía como es norma en estos lugares. Cenamos temprano, y ya está todo listo para proseguir hacia el norte. Queda finalizada la excursión a Cusco y Machu Pichu, que nos ha dejado con los ojos maravillados y cuerpo y olfato maltratados.

 

29/mayo/1990 - Nazca. El viaje hasta aquí larguísimo, muy excedido de nuestro patrón habitual de marcha. Hemos andado unos 800 km., de los que el recuerdo principal es una carretera destruida. Baches gigantescos, pavimento roto o cuarteado, desniveles varios, tramos con sólo vestigios de asfalto y nada de mantenimiento. Nos han recomendado no parar por nada después de Antico (mitad de camino o algo así) y el consejo parece adecuado. Cruzamos sólo algunos puebluchos de aspecto tétrico. A la entrada de Nazca, vemos un cartel: "camping". Resultó Aerocóndor. Aerocóndor es una empresa dedicada a sobrevolar las famosas líneas de Nazca con turistas. ( u$s 25.00 fuera de temporada. u$s 40.00 en temporada, del 10 de julio hasta no se cuando). Propietario, un argentino. Tienen una casa de campo (algo así) con parque, restaurante, pileta, muy linda, que imaginamos utilizan los turistas mientras esperan su vuelo, el aeropuerto está cruzando la ruta. En el parque permiten acampar, gratis. Aprovechamos la amabilidad, y hasta nos pegamos una larga ducha que nos saca (imaginamos) el olor a bus.

 

30/mayo1990 - Por la mañana cambiamos el aceite de motor y lavamos el "carro" como se dice aquí. Una comerciante avispada intentó vendernos el galón de aceite a más de cuatro veces su valor. Por suerte sospeché (en proporción al ridículo precio de la gasolina no parecía haber relación) y en otro negocio lo compramos a su verdadero valor, sumamente económico. Aclaro que aquí no existen las estaciones de servicios. El lugar siempre mugriento y sin ni siquiera baños donde venden gasolina se llama "el grifo" sin más. Cualquier otro servicio hay que buscarlo en otro lugar. Aunque pensábamos disfrutar del camping de Aerocóndor otra noche más, casi sin pensarlo tomamos rumbo a Ica. A poco de andar encontramos el mirador que permite ver algunos de los dibujos tan renombrados. En lo personal me decepcionan un poco. Consisten en una especie de senderos, o sea líneas limpias de rocas y arena, que van formando los dibujos. Eso sí, los motivos logrados son bonitos. Suponemos que desde el avión debe impactar más, amén de percibirse el trazado rectilíneo que no vemos desde aquí. Mientras estamos en el mirador, pasa otro VW argentino. Nos saludan pero no se detienen, lástima. Llegamos a Ica, ciudad poco interesante y nada bonita. Ilusionados por algunos folletos turísticos continuamos hasta aquí, Paracas. Las ilusiones eran vanas. No hay donde acampar, ni nada parecido. La reserva nacional no tiene ni un cuidador. La bahía está, en su mayor parte clausurada al público, ya que hay un poblado aislado, con barrera y guardia que nos informa que allí veranean algunos "archimillonarios", textual. La parte no cerrada es un pueblito de pescadores (playa Chaco) donde terminamos instalándonos con algunos temores, pese a las afirmaciones de algunos lugareños, gente cordial.

 

2/junio/1990 - En la albufera Medio Mundo, entre Huaura y Supe, al norte de Lima. Hemos dejado atrás, quizá por suerte, Lima, con su desorden y mugre. Pero hoy ya es tarde, no tengo ganas de ponerme a describir la estadía en Lima, que dejaré para otro día. Describo este lugar: como corresponde al nombre hay una laguna y nosotros estamos ubicados entre la laguna y el mar. Hay unos techados, como quinchos y unos baños, que no tienen agua. Hay unos estudiantes acampando y un cuidador. Chopi o Antonio, lo que nos da cierta seguridad. No hay que olvidar que esta es "zona roja" es decir amenazada por Sendero Luminoso. Y con lo dicho me voy a la catrera. Quizá mañana encontremos un lugar tranqui en Trujillo o Chiclayo, donde poner al día este diario.

 

3/junio/1990 - En Huanchaco, balneario de Trujillo, dentro del hostal Bracamonte. Excelente lugar, con piscina, cochera, jaula con monos y pájaros. Como somos ahorrativos , el baño es compartido, aunque nadie más lo usa. Gracioso: hemos conseguido un descuento pactando que usaremos nuestra propia ropa de cama. Costo por día: u$s 4.00. Creo que necesitábamos este descanso en lugar seguro, sin pensar ni en el auto, ni el cambio, ni nada, por lo que nos quedaremos por lo menos todo el día de mañana. Vuelvo atrás, a Lima, para contar lo sucedido allí. El 31 por la mañana entramos a Lima, recorriendo los únicos kilómetros de pavimento (doble vía) bien conservados que hemos visto en Perú. Por supuesto que no hay señalización alguna. Con mucha suerte y mi sentido de orientación entramos por Javier Prado y, cuando creo que debemos doblar, desembocamos, oh sorpresa, en el Touring Club. Donde por supuesto no saben nada de turismo. Nos despiden con unos folletitos y nos vamos. La casualidad nos vuelve a ayudar y estacionamos cerca de Foptur, próximos a la plaza San Martín. Allí nos atienden bien, nos sugieren acampar en Cieneguilla, pero decidimos buscar hostal. Los baratos y buenos están llenos, básicamente el España. Medio deprimidos, Gloria consigue alojamiento en el estacionamiento donde habíamos dejado el furgui. Así que dormimos en el estacionamiento "Quilca" en Jirón Quilca, cerca de la plaza San Martín El primero de junio comenzamos el "city tour". Vemos el palacio de la Inquisición. Una amable guía nos muestra las distintas salas, la mayoría semi enterradas bajo el piso entablonado del Senado, que han levantado. Vemos las distintas salas de tortura, que parecen algo ingenuas relacionándolas con las de nuestro proceso. Baste decir que aquí el torturador era el encapuchado, en vez de el torturado y se verá la profesionalidad de nuestros "modernos" inquisidores. De todas formas, lo visto me confirma en mi pensamiento de que el cristianismo ha sido y será siempre enemigo de la razón y la vida. El cielorraso de la sala de juicios una maravilla en caoba, miles de piezas encajadas entre sí. Visitamos otras iglesias, entre ellas la catedral, que sólo ojeamos pues pretenden cobrarnos. Cambiamos dinero, y partimos al Callao. El Real Felipe nos llama la atención, pero la visita es larga (tres horas amén de la espera para formar grupo) y además pretenden cobrarnos el doble de lo que dice el cartel, por lo que desistimos. Vamos al museo de arqueología. Luego de pagar, resulta que no hay luz. Nos devuelven el dinero. Ya medio cansados de contratiempos visitamos el museo Larco Herrera, donde nos dejamos cobrar el doble que los locales, desagradable costumbre en muchos lugares turísticos y culturales ¡Si hasta en el peaje de Arequipa nos cobraron el doble sólo por tener patente extranjera! En fin. Increíble colección de huacos en el museo. Huaco: figura-recipiente en cerámica. Todas las formas imaginables: duendes, duendes con niños, gemelos, animales, plantas, frutas, aves. Increíble. Hay tantos que es imposible verlos a todos. En otra sala unas diez momias, algunas en increíble estado de conservación, tanto cuerpo como ropas. En otra sala con puerta de acero y combinación: joyas, básicamente en oro y esmeraldas. También cristal de roca. Finalmente, en sala aparte del edificios principal la colección de huacos eróticos. Todas las poses, penes gigantescos, fellatios, fiestas con varios participantes, hasta partos, algunos muy realísticos. Muchos tienen hermosas expresiones de placer en la cara. Custodia la sala, como no podía ser de otra forma, una viejita. Ya son las 17.00, hay que salir corriendo hacia Cieneguilla, donde planeamos pasar la noche. En el camino, cruzando la ciudad por Javier Prado, nos topamos con gigantescos embotellamientos. Como nadie quiere ceder, no se desatan nunca. El tránsito es como el resto de Lima: un desastre. Luego de atravesar la niebla y llovizna de los cerros, llegamos en plena noche a ninguna parte. O mejor dicho a Cieneguilla, pero no se visualiza lugar alguno para acampar. Todo cerrado, los clásicos paredones peruanos que dan impresión de seguridad a los amedrentados propietarios de casas de fin de semana. En el hostal "El Colono inn" nos dejan utilizar su estacionamiento y su baño. A la mañana siguiente descubrimos, a pocas cuadras, el albergue juvenil, algo solitario, pero donde hubiéramos podido pernoctar. Ya hartos de Lima, decidimos proseguir nuestro viaje. Guárdense los limeños sus deterioradas glorias, su falta de recolectores de basura y su histeria. Nos vamos, claro que no sin tomar equivocadamente la carretera central, por donde recorremos otros lastimosos barrios antes de tomar la Panamericana norte, plagada de desvíos y embotellamientos. En las afueras, varios controles policiales, armados hasta los dientes y nerviosos, muy nerviosos. Como queda dicho, por la tarde llegamos a la Albufera Medio Mundo. Hoy salimos 7.30 de allí para llegar a Trujillo, que parece otro país. Plaza limpia y tranquila, calles amplias, policías que dan la mano y nos invitan a dormir cerca de su comisaría. Nos parece increíble encontrar esta atmósfera de cierta dignidad luego de todo lo anterior: vendedores ambulantes, comedores ambulantes, basura por todos lados, negrísimos grifos de gasolina, etc., etc. Ya es de noche, estoy escribiendo en una mesita fuera de la habitación. Los lugareños dicen que hace frío, yo encuentro el clima muy agradable. Gloria se está duchando con agua fría, que en realidad es tibia con el sol del día. Comienzo a sentir hambre. Mañana veremos en detalle los "caballitos de totoras", unas embarcaciones muy curiosas que usan los pescadores, hechas con totoras, la atracción local. También habrá mañana piscina, mar y playa si cabe, y mucho descanso.


Ecuador

07/junio/1990 - En Guayaquil, en el "telo" Nueva Mansión. Y pongo "telo" porque eso es lo que es, un hotel para parejas. Que no es de lo mejor, pero tiene cochera y aire acondicionado, esto último muy importante, pues fuera hay unos 35º. Relato lo poco que hay que contar desde Huanchaco. El 4 de junio, como había pronosticado, gran fiaca y pileta. En la mañana del 5 visitamos las huacas del Sol y la de la Luna. Son unas gigantescas pirámides de barro, con galerías internas sumergidas en la oscuridad. Sólo queda la parte inferior, pero es suficiente para imaginar la magnitud del resto. En camino a Piura hacemos escala breve en Chiclayo, donde me quedé con ganas de ver un yacimiento arqueológico recién descubierto. Llegamos a Piura, donde luego de una cena mala y cara, dormimos en la plaza. En la mañana del seis partimos hacia la frontera. En el camino decidimos almorzar en Playa Sal, donde hay un hotel muy lindo, caro, con cabañas. Utilizamos la playa, enorme, y la sombrilla de palma para tratar de liquidar una palta gigantesca que nos acompaña desde ayer. Sin éxito. También hay que decir que a modo de despedida, en un grifo, intentaron estafarnos. Aprovechando la confusión de ceros que provoca el inti (me parece que esto ya lo ví en otro lado) me despachan 10.000 intis (ni un galón) haciendo funcionar despacio el surtidor y dándome charla. Me dicen que ya están los 100.000. Les pido que llenen, que era lo que había pedido. Vuelven a cero, y me despachan el resto, que habrán sido unos 300.000 más diez mil de lo anterior, trescientos diez mil, aquí tiene, con una sonrisita que ellos entienden. Ni insinuaron una protesta. Finalmente pasamos Tumbes, última ciudad peruana y llegamos al poblado fronterizo de Aguas Verdes.

La "Panamericana" cruza por dentro del mercado, así que hay que ir esquivando a paso de hormiga, puestos, bultos y gentes. La aduana y migraciones peruanas no se ven bajo las mercaderías y el despelote general. Sin siquiera notar la transición, estamos en Ecuador, donde nos ataca una nube de cobradores: desinfección (de las ruedas) parqueo y otras cosas. Huimos, para buscar la aduana. Nos pasamos. Volvemos. Unos tramitecitos más. Nos extraen unos sucres más. Fotocopias. Propina al chico de las fotocopias. Finalmente partimos por una ruta ancha, excelente. Que al rato desaparece, están haciéndola. De todas formas llegamos a Santa Rosa, donde nos aconsejan seguir hasta Machala, a la que llegamos a la tarde. Ciudad comercial-agrícola, no hay mucho que decir. Como todavía no hemos conseguido ni un mapa, ni información alguna, preguntamos hasta llegar a la oficina del gerente de un hotel, curioso personaje que nos llenó de información. Acerca de sí mismo, hasta fósforos con su nombre, Ladisiar no sé cuanto más. Así que hoy, luego de dormir en un "parqueadero" hemos transitado bonitas rutas hasta aquí. Las plantaciones de bananas parecen no tener fin, muy interesantes. Cada cacho de banana crece dentro de una bolsa de polietileno. Carteles ruteros nos advierten contra la "sigatoca negra". Yo me imagino la sigatoca como una hormiga gigantesca u otras alimañas diferentes que nos causan risa. En fin, que los dioses salven a las bananas de peste tan cómica. La "Perla del Pacífico" llaman sus habitantes a Guayaquil. No es para tanto, pero no está tan mal para una ciudad portuaria. La oficina de turismo nos brinda alguna información, pero no mucha. Los supermercados se llaman "comisariato". Pensar que hasta aquí llegó San Martín a encontrarse con Bolívar.

 

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8/junio/1990 - Espero que la fecha esté bien, no estamos seguros. Como referencia diré que nuestros cancheros compatriotas fueron derrotados por Camerún en la apertura del mundial. Me pareció sentir cierto tono zumbón en los comentarios de las radios ecuatorianas. Vuelvo al viaje. Hoy hemos subido hasta Cuenca. Con problemas en el motor, al que no le gustan las subidas. En el pueblito de Cañaral, a 3.300 metros sobre el nivel del mar, un mecánico trató de mejorarlo, con escaso éxito. De todas formas, arribamos a la 1.00 p.m. a la bonita ciudad de Cuenca. La campiña, el camino de subida, todo es hermosísimo. Nos da la impresión de estar recorriendo alguna clase de parque. Hasta las viviendas más humildes están bien cuidadas, con flores. Los indios andan en sus vestimentas típicas. Ya en Cuenca la gente luce más ciudadana, aunque nos dijeron que en el mercado, los jueves, no es así. Todo en Cuenca es también muy prolijo, el clima es primaveral, el paisaje amable. Nos hemos venido a Baños, un pueblito muy próximo, donde la hostería Durán tiene un lugar adecuado para nosotros. Hay piscina y baños termales a precios accesibles. Acampar es gratis. Hemos paseado algo, visto el lugar donde las aguas surgen acompañadas de vapor. El plan para mañana es tomar el bus local y recorrer Cuenca a pié. Un dato práctico: el tercer rollo está iniciado con las fotos de las huacas del Sol y de la Luna en Trujillo. Hoy saqué una foto de la vista que tenemos desde el "camping".

 

12/junio1990 - Aún en Cuenca, lugar que estamos disfrutando. Finalmente el nueve no fuimos a ningún lado, amaneció lluvioso. Por la tarde fuimos a la piscina, no demasiado buena pues el agua era sólo tibia. Sí disfrutamos, a cambio, de los reservados. Un chorro de agua termal, que es necesario mezclar con agua fría, mucho jabón y champú fueron los placeres del día. Y otros. El diez por la mañana salimos de paseo por la ciudad, que, por si no lo dije aún es muy bonita y tranquila. Paseamos por el mercadito de artesanías, donde compramos algunas baratijas. Y antes del mediodía partimos al Area Recreacional del Cajas. El camino es firme (de tierra) a pesar de las lluvias y lloviznas casi constantes en la zona, en esta época. Lentamente vamos subiendo desde los 2.500 m. de Cuenca hasta los 3.800 m. del refugio. Siempre bordeando el río Tomebamba se ven infinidad de cascadillas y torrentes (algunos corren por el camino) El refugio domina una de las trescientas y tantas lagunas que hay en el área. Muy bonita, chapoteando por los bordes la rodeamos entera. En las orillas hay bosques de tabaquillos, que aquí llaman quinuas, y que tampoco tienen algo que ver con el pseudo cereal que llaman quinua en Perú. En donde un arroyo afluente a la laguna encontramos a Cecil y Gilles, franceses muy simpáticos y comunicativos. Más tarde compartimos con ellos un chocolate en nuestra casa móvil. ¡preparado con cacao puro que compramos a una india en el mercado en forma de plancha! En esto, y algunas charlas en el refugio (saqué una foto con los franceses) se fue el día, y nos acostamos con la esperanza de tener mejor clima al día siguiente. No fue así, por lo que aunque el lugar merece algunos días y excursiones, nos volvimos a Cuenca. Visitamos el museo del Banco Central, pequeño pero con cerámicas interesantes, las de mayor tamaño que hemos visto hasta ahora. Desde la terraza del banco vimos las ruinas de Pumapungo: algunos templos, viviendas, un canal muy largo que parece servía para los ritos del agua. Almuerzo: cebiche de conchas negras para mí y seco de chivo para Glo. Por la tarde visitamos las ruinas de Todos Santos, muy pequeñas: un muro pre-incaico y unos restos de un molino colonial. También buscamos mecánico. Luego de muchas vueltas que encaramos como paseo por las "ciudadelas" (barrios) nos decidimos por el taller "Vicar" que nos pareció más ordenado que los demás. Nos atendió un gordito que me agradó porque de entrada confesó que no estaba familiarizado con este tipo de motores. (hay pocos VW en Ecuador). Sin embargo se ofreció a hacer todo lo posible por curarlo de su mal de altura al día siguiente. Le reguló el avance, y nos fuimos a conocer Gualaceo, pueblo cercano, pero en otro valle, y con clima más de "oriente" como dicen aquí, o sea de selva, aunque no hay tal. Bonito el camino, por una estrecha quebrada, donde el Tomebamba corre impetuoso, reforzado por todos sus afluentes. (al menos cuatro ríos cruzan Cuenca). Hoy, temprano en el mecánico. Toda la mañana se fue en el cambio de bujías, afinado, etc. Al mediodía, sin pagar, nos fuimos a Turi, especie de mirador de la ciudad. Regresamos a las 14.30 al taller, para unos últimos ajustes. Concluidos éstos, y abonada la ridícula suma de u$s 5.00 por la mano de obra, Jairo (el mecánico) nos invitó a tomar "unas colas" y finalmente conversamos largo rato. Nos dio varios consejos útiles, algunas direcciones y se portó como un amigo. Pidió que le escribiéramos. Seguramente lo haremos. Plan para mañana: cambio de divisas, mercado, y partida hacia Ingapirca, que tanto nos han elogiado Cecil y Gilles, los franceses del Cajas. El auto ha mejorado, pero tan sólo mejorado. Veremos que tal se porta.

Dicho y hecho, en Ingapirca. O sea muro del inca. Llegamos al mediodía. El furgón, salvo algunos momentos de debilidad, subió bien. El camino vecinal muy interesante. Todo cultivado, los pueblitos limpios y prolijos. Las ruinas son modestas, pero el lugar es agradable. El conjunto principal consiste en un "rectángulo" con sus lados menores semicirculares, en piedra cuidadosamente labrada, de unos tres metros de altura, relleno en su interior. Forma así una terraza a la que se accede por una escalera a la imperial. Sobre la terraza los restos de algo así como una casita, a dos aguas. Se ve desde allí todo el valle circundante. Del resto de las edificaciones sólo quedan las primeras piedras, y el conjunto tiene forma de teatro griego. Cortan el pasto unas cuantas vicuñas, algunas bastante confianzudas. Saqué varias fotos. Dormiremos aquí, al costado del refugio. Al atardecer un grupo de indios celebran consejo cerca nuestro. Son los que más temprano hemos visto trabajando en comunidad, mujeres y niños incluidos. Están tendiendo una red eléctrica, desde el pueblito cercano. Imaginamos que hablan del "paro indígena" que ya ha cesado, pero que tuvo las carreteras (las rutas) cortadas varios días. El motivo, reclamo de tierras, ha sido reconocido por el gobierno, de orientación socialista.

 

17/junio/1990 - Hoy domingo, en Riobamba, ciudad a la que llegamos el 14. Y llegamos con problemas, sin potencia en las subidas. Al llegar dimos las consabidas vueltas para encontrar alguna información. Finalmente por la tarde encontramos la escondidísima oficina de turismo, donde nos orientaron. Pasamos la noche en el balneario Los Helenes, cerca de Guano, pueblo artesanal próximo a Riobamba. A la mañana del 15 dimos con un mecánico especializado en VW. Después de algunos ajustes, el furgón sigue igual o peor, por lo que nos dejamos convencer para bajar el motor y verificar los "cabezotes", es decir las tapas de cilindros. Como era viernes, a esperar hasta el lunes. Iniciamos entonces, una inútil y tonta búsqueda de un lugar que reuniese las condiciones que siempre buscamos para estacionarnos: bonito, seguro, tranquilo y barato o gratuito. Hay uno bonito, seguro, tranquilo: la hostería el Troje, pero nos piden 4 dólares diarios. Damos un montón de vueltas sin suerte. Discutimos. Por último nos estacionamos frente a un parque que anteriormente habíamos visto, con baños públicos. Clausurados. Resignados dejamos el "carro" para ir a comprar algo de comida. En el camino vemos el residencial Rocío y por curiosear entramos. Resultado: por un dólar dormimos en el parqueadero y tendremos baño con agua caliente. Ayer sábado nos estacionamos cerca de la plaza. Larga visita al mercado, que se extiende desde el artesanal hasta el de comidas, tanto elaboradas como sin elaborar, a lo largo de varias calles y manzanas. Como de costumbre, hay de todo. Ropa, zapatillas, artesanías textiles, cerámicas, en maderas. Zapatos, que se hacen en Guano, muy bien hechos pero no bonitos para nuestro gusto. También verduras, frutos, especies, comida al paso, relojes, radiograbadores, botellas usadas tanto de vidrio como de plástico y hasta frascos y frasquitos usados. Los hombres visten pantalones algo cortos (a media pantorrilla) anchos, blancos, pocho liviano de diversos colores y peinan una larga trenza. Las mujeres llevan falda recta, que es una pieza de paño enrollada a su alrededor, con el dobladillo bordado en colores intensos y dorado. El color de la falda es siempre azul, azul oscuro o negro. Las más prolijas llevan blusa blanca, y sobre ella un manto en tono bordeau, obispo o azul, en este caso, distinto al de la falda. Los complementos son: un montón de collares carmín y sombrerito. Los sombreritos tienen dos modelos. Uno, el más popular es tipo bombín, con forma de casquete esférico y ala chiquita, de fieltro blanco. El otro, más copudo, también de fieltro, tronco cónico, seccionado con un plano diagonal al eje, también con poca ala. Hay un gentío bárbaro. Ya cansados, volvemos al carro, yo con una chaqueta artesanal nueva, que me gusta mucho y que costó diez dólares luego del regateo obligatorio. Hacemos un descanso, y vamos al museo religioso, que también está cerca. Lo más interesante allí es una espectacular custodia en oro, piedras y perlas que debe valer un dineral. Como siempre, el resto del museo exhibe las enfermizas imágenes del cristo sangrando y diversas torturas, aquí agravadas por el estilo particularmente triste de los artesanos aborígenes. Vueltos al auto, el entretenimiento consiste en ver a los indios irse del mercado con sus compras a la espalda: gallinas, baúles de madera forrados en papel de diario, una máquina de coser a pedal completa. Otros llevan un ternero, por suerte caminando, sobre sus propios piés. A medida que va pasando la tarde, cambian las vestimentas. Es la hora de la gente de ciudad. A las siete y media volvemos a nuestro alojamiento, donde comemos un rico guisito con las compras efectuadas. Hoy domingo: día de elecciones para diputados, consejeros provinciales y otros cargos. Nos hemos instalado en el carretero a Quito vía Ambato, al borde de la ruta y acompañados por un monte de eucaliptos. Pasan algunos caminantes. Algunos borrachos quieren que el "mister" o sea el que suscribe les saque una foto para ganarse una propina. Se marchan decepcionados cuando el mister les contesta en castellano que no quiere nada. Supongo que más tarde (son las once) aumentará la frecuencia de borrachines. Parece que la ley seca que rige en día de elecciones es bastante húmeda.

 

22/junio/1990 - Se ha extraviado la birome chilena, tendré que soportar esta. En el parque nacional Cotopaxi, en camino a Quito. Continúo el hilo del relato. Aquel domingo no hubo más borrachos. Lunes, martes y miércoles lo pasamos en el residencial Rocío, donde por u$s 4.50 teníamos agua caliente pero poco caliente, camas buenas pero no muy cómodas y limpieza, pero sin fanatismo. Mientras el "maestro" procedía a bajar el motor, cambiar un cabezote y volver a armar. El jueves 21 partimos hacia Baños (no confundir con Baños de Cuenca). Baños es un pueblo muy bonito, turístico, con muchos extranjeros. Como es obligado hicimos el city tour a pié, vimos una gran cascada del río Pastaza, el zoo con tortugas de Galápagos, los baños termales, muy populares, demasiado. También bajamos hasta el puente San Francisco, sobre el caudaloso Pastaza. Un puente de frágil apariencia, peatonal, a gran altura sobre el río, pero que los lugareños cruzan junto con su burro, bien cargado. Baños es la puerta al oriente, la selva, pero las lluvias han provocado deslizamientos del camino, deslaves los llaman, y es imposible ir. Nos instalamos en una calle que balconea sobre el puente San Francisco, para comer y dormir. Llovizna. Los cubitos de caldo no aparecen. Tampoco el detergente. Por lo que, puestos a revisar, encontramos que faltaba una remera de Gloria, mi malla y mis zapatos buenos. Conclusión probable, el ayudante del maestro nos había alivianado la carga. Como a la mañana siguiente la lluvia seguía molestando, prescindimos de subir al refugio del Tungurahua y nos volvimos a Cuenca a deschavar al ladronzuelo. El muy caradura había ido a trabajar con mis amados zapatitos, así que el maestro lo echó inmediatamente. También él había tenido faltantes, y ahora tenía la evidencia. Eso sí, el mequetrefe ha pasado a la inmortalidad en estas líneas. Así que partimos rumbo norte, para descubrir que el problema de la pérdida de fuerza en subida continuaba. De todas formas hemos subido hasta aquí, desde la Panamericana. Como sí eso no fuera suficiente, se me ocurrió subir hasta el refugio por un pésimo camino. Hubo que desistir, era sólo una huella para autos con tracción en las cuatro ruedas. Absurdo pretender llegar con el furgui, que pese a todo, en primera sube lo que sea. Lo que además demuestra que el problema no es de fuerza del motor, sino alguna otra cosa difícil de descubrir. A última hora se despejó el cielo y hemos visto el Cotopaxi, azulado, majestuoso, en un momento mágico, imposible de olvidar. Recién he mirado un rato el cielo nocturno y nada me resulta familiar. No sé si en esta latitud debería reconocer algo aún. Supongo que a los 0° y unos pocos minutos, y rodeados de montañas es difícil que reconozca algo. Me gustaría que alguien me ilustrase. Vi un satélite, llamé a Glo. Buenas Noches.

 

7/julio/1990 - En Yahuarcocha, cerca de Ibarra. Han pasado muchos días sin escribir, que corresponden a la estadía en Quito. La demora en Quito obedeció a un nuevo intento de arreglar el auto, esta vez en lo del "maestro" Gonzalo Sigcha, alias Chalito, buena persona que nos sacó cincuenta mil sucres, trabajó mucho y que finalmente no arregló gran cosa, pero nos convenció de que en las alturas un furgón funciona así. En realidad el carro mejoró pues ahora, en las subidas anda despacio pero parejo. Hemos realizado muchas actividades en la pintoresca capital de Ecuador. Una de las primeras ha sido comprar el South America Handbook, útil guía que no pude conseguir en Buenos Aires y que aquí, es mucho más barata. Gracias a ella (en adelante abreviaré S.A.H.) hemos recalado en el hotel Viena. Viejísimo y enorme edificio donde nos dieron un cuarto de enormes dimensiones, tanto en ancho y largo como en alto. Muy adecuado por la tarifa de dos dólares y moneditas que nos cobran. Estamos en el segundo piso, y gracias a la altura sobre el nivel del mar, subimos hasta allí con el corazón palpitando fuerte. En estos días de hotel hemos hecho varias amistades: un ushuaiense, la suiza Suzanne, el guitarrista Jey y un muy agradable y amigable mecánico de VW californiano: Robert Poen. La ciudad tiene dos sectores: el viejo, interesante y algo deteriorado, con calles angostas y gentío, y el nuevo de amplias avenidas, hoteles internacionales, mucho más elegante pero nada típico. De todas formas es agradable holgazanear por la Avenida Amazonas, arteria principal de Quito nuevo. El bus Iñaquito-Villa Flora, que nos deja cerca del taller ya nos es familiar. También hemos participado de los festejos por los triunfos de Argentina frente a Brasil e Italia, frente a la embajada (en Av. Amazonas). Por supuesto que hemos visitado iglesias, en realidad ya nos cansan un poco. Nos entretuvo mucho un casorio, por las galas de los invitados. Ocupamos gran parte de un día visitando el museo Mitad del Mundo. Que es una gilada para los turistas, pero de visita obligada para todo el que llega a Quito. La costumbre impone fotografiarse con un pié en cada hemisferio, cosa que cumplimos con Gloria como modelo. Yo, queriendo diferenciarme, me saqué foto junto al 0° 0'0". Seguramente a otro millón de turistas se les ocurrió lo mismo. Hay allí un planetario, así que, tal cual deseaba, me desasné con respecto a las estrellas. La Cruz del Sur, que aquí es una verdadera cruz, con el brazo mayor hacia abajo. Una constelación que en el Cotopaxi yo había llamado "el hombre corriendo" resultó ser nada menos que la Osa Mayor, a la que había rebautizado. También aprendí a reconocer a Sagitario. Entre otras cosas sucedidas en Quito aconteció que unos carteristas me robaron unos tres mil sucres al salir de la casa de cambio. La plata de importancia la llevaba Glo. Finalmente anteayer partimos. A la tardecita llegamos al elegante restaurante Puerto del Lago y dormimos a su vera, con vista al hermoso lago de San Pablo, próximos a Otavalo. Ayer por la mañana recorrimos Otavalo, habitada con sus prolijos y amigables indios.

Glo se compró en el mercado artesanal una camisa bordada, luego de durísimo regateo. A mediodía visitamos la cascada de Peguche. Al estacionar en la comunidad de Pacha-Llacta vi en la placa que ponen siempre sobre la puerta: familia Farinango-Lema. Así que estuve conversando brevemente con una ignorada pariente aborigen. Resulta que el apellido Lema es muy común en el norte ecuatoriano. Al rato, atravesamos Cotacachi (industria, o mejor dicho artesanía en cuero) llegamos a la laguna de Cuicocha, en el cráter de un volcán, con dos isletas. Recorrimos parte del sendero que la rodea, muy bonitas flores silvestres y también paseamos en lancha, junto con unas españolas. Hoy temprano llegamos a Ibarra, pueblo sobre el que no hay mucho que decir. No vimos las artesanías en madera que menciona el S.A.H., pero las suponemos poco interesantes. Hemos pasado el día en Yahuarcocha, simpática laguna muy próxima a Ibarra. Yahuar quiere decir colorado, color del que se supone quedó teñida la laguna con la sangre de los indios otavaleños al ser vencidos por los incas. Dicho sea de paso, ni los incas, ni los españoles ni la revolución industrial, ni la sociedad de consumo los han vencido. Aquí están, con sus pantalones blancos, su poncho azul reversible y su trenza. Ellas con sus blusas blancas bordadas, sus muchos collares dorados y esa especie de tricornio azul oscuro o negro en la cabeza. Releo lo escrito hoy y veo que omití la visita al museo del banco central en Quito. El mejor museo visto hasta ahora. Cerámicas, oro, vestimentas muy bien mostradas y explicadas por un profesor vestido al modo de Otavalo. Hoy he escrito mucho. Hasta mañana, en Tulcán supongo.

 

8/julio/1990 - En Tulcán, pueblo próximo a la frontera colombiana. Argentina perdió frente a Alemania en el mundial de fútbol, hemos visto el partido mientras comíamos una parrillada aceptable. En el camino hacia aquí descendimos al valle del Chota, a sólo 1.500m. de altura. Por supuesto que tan abajo el motor pistonea, pues el gicleur que tiene ahora es pequeñísimo. Supongo que cuando volvamos a nivel del mar necesitaremos uno más grande. Luego de volver a la altura habitual de todo este mes, en efecto: en todo el mes (desde Cuenca, el ocho de junio) no hemos descendido de las alturas, nos desviamos de nuestra ruta. Para ver la Gruta de la Paz. Donde llegamos oportunos para la procesión. La gruta es una inmensa cavidad de donde brota el río. Sobre ella, en el puente natural hay iglesia y otras cosas religiosas. El lugar es espectacular, lástima que lo han arruinado con el circo religioso. Antes del mediodía llegamos a Tulcán, que como todo pueblo fronterizo es bastante desprolijo. El city tour se reduce a la visita al cementerio, lugar muy divertido. Divertido merced a la creatividad de los podadores, que han transformado las tuyas en toda clase de figuras, tanto figurativas como abstractas. Hoy dormiremos en el "Servicentro panamericano" donde sólo hay unos surtidores y el empleado no atiende, pues está timbeando. Mañana la gran incógnita: Colombia, que los viajeros encontrados elogian por su gente, mientras los diarios pintan cosas horribles.


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13/julio/1990Andalucía, Colombia. No es tan fiero el león como lo pintan. Hacen ya varios días que andamos dando vueltas por este país, y al menos a mí me gusta mucho. Glo se preocupa un poco más, pero me parece que no mucho. Como siempre que me atraso, relataré lo sucedido desde Tulcán. Aunque se me ha perdido un día. O bien hoy es trece, o en Tulcán estuvimos el nueve. Por la mañana de ese día llegamos pronto a Rumichaca, donde en tiempo récord hicimos los trámites aduaneros. Pasamos Ipiales, y nos entretuvimos en Pasto cambiando money. Hubo que coimear a un policía por estacionar mal. Por suerte, como no tenía cambio pregunté en un negocio cuánto era lo habitual. ¡El muy pícaro nos pedía el doble de lo habitual! ¡Qué poca honestidad! Cuando le ofrecí lo correcto por la "ayuda" (así dicen ellos) se ofendió un poco, pero cuando lo invité a ir a la oficina de tránsito agarró lo que había y se fue. No hicimos city tour pues no valía la pena.

Continuamos el descenso hasta el "Remolino", balneario campestre, donde disfrutamos de la pileta y dormiremos en una pieza. Destacaré: de Ipiales a Pasto, y de Pasto a Remolino, la ruta bordea los más espectaculares valles y precipicios que hemos visto hasta ahora. Los árboles floridos, rojos, azules, naranjas, celestes, las laderas cultivadas, todo hacía un paisaje grandiosamente bonito. Desde el Remolino hasta Popayán el paisaje resultó más tranquilo, pero bonito. Popayán, donde llegamos por la mañana, resultó una ciudad de arquitectura colonial, agradable, desde nos internamos por entre lomadas y valles suaves hacia Coconuco. Un pueblito de montaña donde nos recibió un cartel de "Bienvenidos" del M-19 que desde no hace mucho es un partido político y no un ejército revolucionario. Coconuco, además de su paisaje campestre de montaña, tiene termas. De agua sulfurosa que brota hirviendo. Una vez que uno se acostumbra al olor, los baños resultan agradables. Dormimos allí, próximos a los indígenas que son tribus de los indios Paez. Siguiente día. Continúa la bajada hacia Cali, a 1.000m. sobre el nivel del mar. Al mediodía llegamos al balneario campestre "Brisas Tropicales" lugar bien puesto, donde disfrutamos también de pileta, cerveza y picada. Por la mañana el personal nos convidó con un desayuno. Nuevamente en viaje, bordeamos Cali, trepamos la Cordillera Occidental e iniciamos el descenso hacia Buenaventura, puerto del Pacífico desde donde esperábamos fletar nuestro carro hacia Panamá. El camino fue interesante, atravesamos el paisaje tropical. Buenaventura resultó una ciudad llena de negros, la primera que vimos, así que nos interesó mucho. Pero resultó imposible fletar el auto desde allí. Sólo una agencia trabaja la ruta, Comar, frente al muelle turístico. Pero nos piden u$s 1.500 más nuestros pasajes. La agencia Remar, que figura en el S.A.H. no existe más. A dormir en un parqueadero, con gran calor, que hacía imposible dormir. Por suerte a medianoche se desató una tormenta que supongo sería una tormenta "tropical" pues durante horas cayó agua, pues no llovía, sino más bien caía agua, no se distinguían las gotas. Hoy, sea la fecha que sea, estamos en el agradable balneario campestre "Las Vegas" en la entrada norte de Santa Lucía, digo de Andalucía, pueblo en el camino a Santander. Aclararé, por si alguien lee esto, que un balneario campestre es un lugar con piscina, restaurante o bar, parque, a veces cabañas y siempre música tropical a todo volumen. Estuvimos por la mañana en Cali, para cambiar cheques y ver un poquito la ciudad, que tiene barrios bonitos, y el centro es aceptable como mínimo. Las caleñas tienen fama de bonitas, no me pareció así. Por la tarde visitamos "El Paraíso", hacienda donde vivieron los personajes de María, aquel novelón romántico de Jorge Isaac. Vimos los cuartos de María, Efraim, Emma y sus padres. Yo no sabía o no recordaba que la novela recogía hechos reales de la vida de Isaac. El lugar es bellísimo, dominando el valle del Cauca, realmente un lugar inspirador de una novela romántica. Parece que María, a juzgar por los retratos era realmente bonita.

 

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15/julio/1990 - Entre Tocancipa y Sesquile. Ayer, a poco de abandonar Andalucía, comenzamos a trepar la Cordillera Central. El furgón con algunas vacilaciones disculpables nos llevó hasta "La Línea" o sea la cumbre, a unos 3.500m. sobre el nivel del mar. El descenso, a pesar de pronunciado, resultó larguísimo. A pesar de que bajamos en tercera, se nos descalabraron los frenos. Cosa que debe ser más que común, pues el primer pueblito al que llegamos estaba plagado de arregladores de frenos. Mas adelante, en zona baja y con mucho calor, nos encontramos con una lenta caravana de autos, por lo que a la primera oportunidad abandonamos. Así caímos al "restaurante bronceador" "Chicorolandia". Próximo al pueblucho de Chicoral. El tal restaurante resultó en plena decadencia, casi abandonado. Pero había duchas, y la piscina estaba aceptablemente limpia. Sólo la usaban los niños del cuidador. Quién nos anunció que de 17.00 a 18.00 o algo así llegaba la "plaga" o sea los zancudos, conocidos también por mosquitos. No hizo mucha gracia lo del horario. Pero a la hora indicada nos tuvimos que refugiar en el furgui, de donde salimos, ya no más incrédulos, a la hora correcta. Por la noche charlamos con el cuidador, a quién nos costó un triunfo entender en su tonada colombo-campesina. Hoy hemos llegado a Bogotá, más alto y por lo tanto más fresco, luego de cruzar Girardot y Fusagasugá.

No sé bien porque no nos quedamos. Entramos y salimos como si supiéramos, sin perdernos, pese a las obligatorias calles cortadas. El centro no nos pareció interesante. Quién llega a Bogotá y no visita Zipaquirá no estuvo en Bogotá, así que allí fuimos. La tal famosa catedral en la mina de sal resultó unos cuantos socavones muy grandes en la sal, mal iluminada y con olor a humedad. ¡Bah! Así que estamos camino al norte, instalados en el camping "Casita Tominé" que no es lindo pero camping al fin.

 

17/julio/1990 - Entre Socorro y San Gil. Ayer, desde Tunja nos desviamos a Villa de Leiva. Pueblito colonial sin ninguna edificación moderna, en un valle pedregoso. Llegamos justo en el día de la fiesta de la Señora de que se yo, y también, según los pasacalles "fiesta del folklore y el tiento". Muchísimos campesinos, todos se han comprado un sombrero de mala calidad. Por la tarde vimos el fósil de un bicho marino y luego de algunos extravíos llegamos al monasterio dominico de Ecce Homo, que por aquí llaman el "Santo Eccehomo". Edificio colonial bonito tiene por particularidad los zócalos de piedras llenas de improntas, amonites, trilobites y cuanto fósil marino antediluviano haya habido. Las ostras fosilizadas tiradas en el patio de hasta cuarenta centímetros de diámetro, bastante esféricas. Hoy partimos temprano, por camino de tierra, con la intensión de visitar una reserva de flora y fauna, pero el camino de acceso era muy malo. Continuamos pues hasta aquí, las piscinas "El raizón", donde trataremos de conciliar el sueño pese a la música tropical. Eso sí, por cinco dólares nos han servido una "picada" imposible de terminar. Con las sobras que guardamos, tendremos opíparo almuerzo. Diré que a pesar de tantas cosas buenas, yo estoy amargado con los problemas del auto. Aún más desde que descubrí, anteayer, que el cigüeñal tiene mucho juego. El motor no nos durará todo el viaje.<

20/julio/1990 Parque Nacional Tayrona. Cerca de Santa Marta, aquella que tiene tren pero...Para más datos, hoy es el día de la independencia de Colombia. El viaje fue así: el 18 continuamos bajando hacia Bucaramanga. Bucaramanga resultó una ciudad agradable, donde hicimos compras en Casa Tía, despachamos cartas y postales y revelamos un rollo de fotos. Luego continuamos la bajada para detenernos en el restaurante-balneario-pista de baile y estadero Agua Clara en el acceso al Totumal, ya concluida la bajada. Mucho calor. El D.J. de la pista de baile nos dio charla y nos interiorizó en la música valletana. Al día siguiente, 19, continuación del viaje a través de llanuras, con ganadería (cebú) y pasturas a ambos lados de la ruta. Que, por primera vez en mucho tiempo es recta aunque con ondulaciones. Algo pasado el mediodía, con un calor terrorífico, entre Bosconia y El Copey, encontramos un restaurante con buen aspecto y sombra, duchas, por lo que allí nos quedamos. Hoy el viaje fue breve, cruzamos el paupérrimo y feo pueblo natal de Gabo García Márquez, inspirador de Macondo. Luego de recorrer Santa Marta, que es un pueblo grande, de calles angostas, simpático, nos hemos venido al Parque Nacional. Hay aquí un camping de verdad, con acampantes con carpa y todo y hasta un gemelo del furgui. Parque y playa son una maravilla, amén de ser nuestro primer encuentro con el Mar Caribe. La sombra proviene de las palmas, que tienen cocos que caen con ruidos sordos, algo peligrosos. Suben y bajan las ardillas. Hay cotorras y otros pájaros que no se callan nunca. La playa es deslumbrante, hay cabañas con techos de palma. Hemos decidido quedarnos a descansar unos días, cosa que no hacemos desde Quito. Así que suspendo este diario hasta nuevo aviso.

 

22/07/1990 - Todavía en Tayrona. Frescos, descansados, aún sin acostumbrarnos a la idea de que todos los días nos bañamos en la mar Caribe. Ya dos días sin encender el motor del carro. Los días han pasado plácidamente. La playa tiene corrientes fortísimas en varias direcciones, así que bañarse es a la vez un entretenimiento agitado. Nos despertamos temprano para disfrutar bien del sol. Todos los días pasan un par de negritos vendiendo cocadas, que no son tan ricas como las que comíamos en Quito, pero de todas formas son ricas. La hamaca esta siempre colgada. Por las noches duermo en ella. Una ocupación que nos ha costado mucho esfuerzo es abrir un coco, o mejor dicho pelarlos. Pues resulta (no lo sabíamos) que traen una gran envoltura fibrosa del tamaño de una pelota de rugby. Que rechaza mi hacha desafilada por lo que hemos procedido con una sierrita. Horas. Uno de los empleados del parque se ha condolido de nosotros y nos ha pelado algunos con machete y técnica adecuada en instantes. Seguramente nos llevaremos alguno de recuerdo. Nuevos amigos: Mónica y Fernando, colombianos muy simpáticos que viven en Cartagena, nuestro próximo destino. Tienen un VW Westfalia con el que acampan cerca de nosotros. La fortuna ayuda: él es aduanero, así que se ha comprometido a ayudarnos con el embarque del furgón a Panamá. También nos ha recomendado el mecánico que atiende su VW, haremos revisar el nuestro. La única preocupación actual es que no nos caiga un coco en la cabeza, seguramente pueden fracturarle a uno algún hueso. Hoy me prometo escribir una larguísima carta a los viejos, contándoles todo lo bueno que estamos viviendo. Otra idea que tengo es la de recopilar un vocabulario de las palabras que cambian de sentido y las que nos resultan graciosas. También habría que escribir un listado de los oficios y negocios callejeros, rubro en el que la necesidad de sobrevivir ha hecho maravillas, sobre todo en Perú.

 

24/julio/1990 - Cartagena, en el hotel y "camping" Bellavista. Hoy temprano abandonamos el Parque Nacional Tayrona. Ayer hicimos una caminata muy linda hasta Arrecife, por un sendero bien marcado. Encontramos lindas playas pero el lugar en sí nos pareció sucio, hasta chanchos había. El camino hasta aquí resultó agradable, a veces bordeando el mar. La primer escala fue a poco de partir, en Rodadero que es un balneario bonito, de aguas tranquilas, al lado de Santa Marta. Cruzamos rápidamente Barranquilla, a la que no entramos pues nuestras referencias decían que no valía la pena. Ya más cerca de aquí vimos el Totumo. Que es una especie de pequeñísimo volcán en actividad, sólo que de él brota barro. Como siempre que llegamos a una ciudad nuestra ocupación del día fue buscar alojamiento. La única opción en el rubro camping del SAH era el Bellavista, así que aquí estamos "In a secure walled garden" que de jardín no tiene nada. Mañana habrá que empezar a recorrer navieras para fletar el furgui hacia Panamá. Tengo mucha ansiedad al respecto, espero que todo sea mejor que en Buenaventura.

 

30/julio/1990 - Ultimo día del mes, aquí en Cartagena. Mirando el calendario veo que mañana es el último día del mes. El objetivo que nos trajo aquí ha fracasado casi seguramente. Trasladar el auto a Panamá es muy costoso, más allá de lo razonable. Costo mínimo u$ 1100. Más nuestros pasajes en avión, un disparate. El razonamiento principal es que nos convendría volver a casa y viajar en avión desde allá a Miami, si consideramos que habrá que pagar lo mismo al volver. Hemos caminado por todas las agencias navieras. Hemos hablado con capitanes de buques, marineros, negros de San Andrés, sin éxito en el intento de conseguir un transporte más económico. Ya con seis días aquí, diría que no quedan esperanzas. Mañana probaremos en Barranquilla. Hemos paseado también. Nuestros amigos Mónica y Fernando nos pasaron a buscar al atardecer. Dimos algunas vueltas en su auto, conocimos su departamento en Castillo. Muy amables nos llevaron a pasear en mateo por la ciudad vieja. Este paseo que se hace de noche, con la ciudad vieja casi desierta, es realmente romántico. Culminó la velada con brochettes y tragos en un bar sobre la muralla, iluminados con lámparas de aceite. Infaltable, la orquesta, regular, que entre otros tocó "Noches de Cartagena", algo así como el himno de la ciudad. Luego de estos paseos, no los hemos vuelto a ver y nos han eludido, cosa que nos sorprende. El sábado nos mudamos al camping "La Boquilla" que es un camping de verdad, con sombra, carpas de alquiler, pulcro, con excelentes baños. Estamos algo alejados del centro, en la playa, pero no es problema, ya que un servicio de "busetas" nos lleva y trae. Somos los únicos pasajeros blancos casi siempre, es que La Boquilla es un pueblucho de pescadores negros. La buseta es un artefacto viejo, abierto pero techado, pintado con alegres colores. En la terminal céntrica (un descampado) solemos comprar "raspao" que consiste un cono de papel lleno de hielo picado (raspado) impregnado con jugo: cola, naranja y otros sabores. En el Bellavista hicimos dos nuevos y agradables amigos, los brasileños, Carlos y Miguel, que también viajan hacia el norte, en auto. El tal auto es una boituré copera, Ford "A" año 1928, una preciosura. Un auto así abre muchas puertas, entre ellas las de la naviera que los cruzará gratis a Panamá. Afortunados. Hemos conversado mucho, ellos son siempre optimistas y nos dan ánimos para seguir intentando cruzar nuestro auto. Otra actividad importante fue la visita a la Fortaleza de San Felipe de Barajas, principal defensa de Cartagena. Está en la loma de San Lázarro, fuera del sector amurallado y fue a tacada por muchísimos piratas, todos fracasaron, salvo un tal Baron de Pointis. A la entrada esta la estatua de Blas de Leso, curioso defensor al que le faltaba una pierna, un brazo y un ojo. Suponemos que los perdió luchando. Recorrimos varios túneles y quedamos totalmente deshidratados. El calor que reflejan muros y pisos, infernal.

 

8/agosto/1990 - Ultima noche en Cartagena, mañana partiremos. Ya una quincena aquí. Desde la última vez que escribí dimos varias vueltas aún, tratando de ver la forma de continuar el viaje. Con el auto, muy caro, y sin él imposible. La legislación aduanera implícita en el carnet de Pasages de Douanne o como se escriba nos impide salir de un país sin el furgui, habiendo entrado con él. Descartado el viaje al norte, continuaremos hacia Venezuela, y quizá retornemos vía Brasil. Hemos hablado con nuestros respectivos hogares, fue muy bueno saber que están todos bien. Hicimos un paseo en barco a Islas del Rosario. Un barco bonito, primero pasamos por Bocachica, es decir la entrada a la Bahía de Cartagena, defendida por dos fortalezas. La escala siguiente fue la más interesante, en Barú, Playa Blanca. Playa que es realmente blanca, plagada de negros que ofrecen ostras anunciándolas con sonrisas cómplices como "buenas para la antena parabólica". Comí un montón, crudas, con limón. ¡Qué manjar! A la vuelta hicimos amistad con Mario y Rosi, un matrimonio muy joven. Nos invitaron a su departamento alquilado. Lo pasamos muy bien y conocimos un poco más la idiosincracia colombiana. Cuesta muchísimo imaginar que es esta misma gente la que lleva contabilizados treinta mil muertos por violencia en lo que va del año. Ya nos despedimos de Carlos y Miguel, los brasileños, que mañana se embarcan con su fordcito a Panamá. Mónica y Fernando reaparecieron, argumentaron un fallecimiento, cosa que creemos cierta, aunque no por ello su comportamiento dejó de parecernos extraño. También en estos días hicimos amistad con los Landwerh, un matrimonio alemán residente en Caracas que ya habíamos visto en Tayrona. Nos han ofrecido su casa en Caracas. Hoy hemos hecho otro intento de poner en orden el carburador, mañana veremos que tal resultó. Nos iremos de aquí encantados con lo visto, y a la vez tristes con el fracaso de nuestro objetivo de conocer centro y norteamérica.

 

9/agosto/1990 - Ya casi despidiéndonos de Colombia, en Riohacha, la famosa Guajira. Llegamos hoy a mediodía, luego de pasar otra vez por Barranquilla, Santa Marta, Tayrona. Hemos descansado en la playa, caminando algo, aunque el día ha sido ventoso. La ciudad es pequeña sin otro atractivo que el mar. El SAH nos falló, no nos permitieron acampar en el hotel estatal, así que estamos refugiados en un parqueadero atestado de autos, ya listos para dormir y cruzar mañana a Venezuela. El incidente del día: mientras estábamos en la costanera se nos acercó un muchacho, que a pesar de que le aclaramos que éramos argentinos insistió en hablarnos en parte en italiano con alguna palabra en inglés. ¿Sabría dónde queda Argentina?. El objeto de la charla fue explicarnos que "no sólo café hay en Colombia..." Como nuestra cara de tontos era de las mejores, se fue luego de insistir algunas veces con lo del coffee. Que nos ofrecieran droga nos pareció una despedida acorde con lo que uno imagina de Colombia. Y que no ha sido lo que hemos visto: creo que es imposible visitar Colombia sin quedar encantado con su gente. Serán violentos (no nos consta), serán borrachines, (sí nos consta) y quizá tengan otros defectos. Pero son cordiales, amables, alegres, siempre prestos a la sonrisa y el baile. Volveríamos con gusto. En fin. Mañana cruzaremos la Guajira, otro de esos lugares que anuncian como peligroso, sobre todo el pueblo fronterizo de Maicao. A esta altura del viaje, esa clase de avisos no nos inquieta. Es más, tendemos a suponer que son macanas.


Venezuela

 

15/agosto/1990 - Morrocoy, Venezuela. Ya en el quinto país que visitamos. El diez, tal cual pensamos, y sin haber sufrido inconvenientes en el camino, nos presentamos en la aduana de Paraguanchón, Colombia, y en la de Guarero, Venezuela. Al rato, por la mañana, llegamos a Maracaibo. Ciudad que, sabiéndola petrolera, me imaginaba como un desastre. Todo lo contrario. Encontramos una ciudad ordenada, limpia, de amplias avenidas, barrios residenciales con lindos edificios. Sin inconvenientes cambiamos nuestros cheques de viajero y a la vez recorrimos las manzanas más céntricas, con un verdadero gentío. Como en este país no se usan los nombres de las calles, preguntando llegamos al hotel "Caribe" que nos recomendó el SAH. En la puerta luce una estrella aunque le adjudicamos media. La cuestión es que por u$s 6 nos dieron baño privado, aire acondicionado, toallas, jabón, papel higiénico y cucarachas.

Por la tarde recorrimos el centro histórico. Lamentablemente, casi destruido, aunque lo que queda interesante, y en el centro actual. Vimos la casa de la capitulación, donde finalmente los españoles, firmaron su rendición. Los edificios públicos aledaños bonitos y bien cuidados. Cenamos pizza cerca del hotel. Por la mañana del 11 visitamos al mecánico, pues el furgui se había hecho notar el día anterior apagándose en baja. Los expertos venezolanos, usan todo un instrumental electrónico para el diagnóstico. Finalmente resultó que la manguera que lleva el vacío del múltiple al servofreno estaba cortada. Por allí entraba el aire al motor, lo que era, sin duda, la causa de todas las penas sufridas en las alturas. Partimos, con el furgón impetuoso como nunca. Hasta frena como nunca frenó desde que lo compramos. De allí cruzamos el impactante puente del lago Maracaibo, interminable. Oh sorpresa, a las dos horas de marcha el motor comenzó a fallar, esta vez con tirones. Y a los tirones, que por suerte no son permanentes, llegamos a Coro. Coro es una pequeña ciudad con un núcleo colonial bien conservado y bonito. Las casonas muy coloridas, con ventanas de rejas rectas y salientes, enmarcadas con una moldura simple que en la parte inferior suele tener una única columna simulada. Esa noche dormimos en una estación de servicio. El guardia nocturno, que en Colombia hubiera sido un celador, se llama aquí guachimán. El domingo temprano partimos a las playas locales, que resultaron feas, invadidas por casitas en decadencia. No nos gustó el lugar, dimos varias vueltas para encontrar donde dormir, y finalmente lo hicimos en playa El Supí, cerca de un "restaurante". También aquí, como en Colombia, un restaurante playero es un lugar con mesas y sillas precarias bajo algún techado más precario aún. A un costado una negra fritando pescado. En el de El Supí ni fritanga había. Ya que lo menciono, consignaré aquí que fritanga y sancocho son, en Colombia, dos comidas muy comunes y perfectamente respetables. Nada que ver con el significado que damos a estas palabrejas en nuestro país. Yo, para variar, pasé el día amargado por los problemas mecánicos. A la mañana siguiente volvimos a Coro con la intención de cambiar cheques, para encontrarnos con un feriado bancario. No se porqué cambiamos tan poco dinero en Maracaibo. Casi sin dinero continuamos hasta aquí, Parque Nacional de Morrocoy. Que es un parque constituido por muchas islas de coral. El auto queda en el embarcadero, suponemos que bien custodiado, y una lancha te lleva a alguna de las islas para pasarte a buscar el día y la hora que quieras. Elegimos Boca Seca luego de consultar a otros turistas y a nuestra billetera. Aunque el transporte es baratísimo nos quedan sólo seiscientos bolívares para llegar a Caracas. Boca Seca es bien pequeña: desde nuestra ubicación vemos ambas costas. Hay algunas palmeras, muchos mangles, y el infaltable "restaurante" que atiende una negrita al medio día. Luego se marcha. Nos alojamos en nuestra carpita bajo un árbol, que no sabemos que será pero es el único de la isla. También hemos traído la hamaca por lo que estamos muy cómodos.Pero lo principal aquí es el mar con el agua cristalina y los pececitos de colores a nuestro alrededor. Como en las películas, pero mejor, pues los actores somos nosotros. Ayer compartimos un plato de pescado y plátanos fritos ya que no había money para dos. Ya nos hemos comido y tomado todo lo que trajimos, así que espero que más tarde llegue la lancha, según lo pactado.

 

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18/agosto/1990 - En el Parque Nacional Tarapoto, cerca de Caracas. Hoy, luego de extraviarnos varias veces en los distribuidores de Av. Boyacá que es la autopista de la parte alta de Caracas llegamos aquí. Bajo un quincho hemos colgado la hamaca, el furgón esta a la vista. Vemos y tocamos la vegetación selvática, el arroyo, las mariposas. Estamos plenamente contentos, suponemos que el auto dejará de inquietarnos e imaginamos nuestro regreso por Brasil, que es nuestro nuevo proyecto. Vuelvo al relato, desde Morrocoy. El 15, luego de recogernos la lancha, dormimos en el embarcadero. En ayunas. Lo único comestible que había en nuestra casa con ruedas era un poco de arroz, que no podíamos cocinar, si dentro por el calor, si fuera por los mosquitos. El jueves, famélicos compramos pan y aguacate (palta) cerca de Los Teques. (nos acordamos de Mimí y Jorge, ya que su perra Luma tiene abuelos por aquí). Al rato, tirón más, tirón menos llegamos por autopista a la impactante Caracas, con sus torres y autopistas. A pesar de intercambiadores, calles y avenidas laberínticas llegamos sin extravíos a casa de los Landwerh, los alemanes que conocimos en Cartagena. Fuimos muy bien recibidos, con invitación a utilizar un cuarto, que rechazamos. Pero aceptamos el baño ¡agua caliente! Y la cena, que compartimos con otro matrimonio alemán. Poco conversamos, ya que a excepción del hijo menor todos hablaban con dificultad el castellano. Aún así, el amigo de los Landwerh nos aportó su conocimiento sobre la ruta por el Amazonas. Sabemos que donde no haya caminos, o sea intransitable, encontraremos balsas. Todos tomamos mucho, aunque los alemanes nos ganaron ampliamente, y nos fuimos a dormir como príncipes (limpios) en nuestro furgui, en la entrada cochera. Hans e Ingrid (¿cómo pueden llamarse dos alemanes?) son la mar de amables. El viernes 17 fuimos al taller del mecánico de confianza de Hans, un tal Traubeck que nos dijo que había que rectificar, y que esto costaba: ¡novecientos dólares! Muy amargados, al borde del llanto, nos fuimos al CCCT, o Centro Comercial Ciudad Tamanaco, a conseguir más traveller cheques, ya que nos quedaban muy poquitos. El Tamanaco es inmenso, justifica su nombre de ciudad. En minutos conseguimos novecientos dólares en cheques de AmEx. En el correo (Ipostel) la gordita que atiende resultó propietaria de un VW y nos recomendó un taller. Gracias Marilú. Fuimos. Misma tarea, u$s 600, quizá menos. En el taller conversé con otro cliente, que me indicó otro taller en el extremo opuesto de la ciudad. Otra vez en marcha. El taller nos gustó, y también el precio, u$s 340, así que el lunes haremos el trabajo. Aunque nos dijeron que con vibración y ruido, con el cigüeñal golpeando podemos, si queremos, volver hasta Argentina. Para festejar la decisión, y el buen precio, volvimos al Tamanaco, compramos comida en el supermercado Cada, tomamos cerveza en el Lobster bar (elegante) y comimos (pizza, como siempre) en un restaurante muy bueno, las pastas se veían excelentes. Caracas hasta ahora nos ha gustado mucho. Hay que destacar que el tránsito es tan intenso que ni por las autopistas se puede andar rápido. Seguramente se debe al precio de la gasolina. Los cincuenta litros de nuestro tanque no cuestan ni u$s 3.00. Creo que el agua mineral es más cara. Los surtidores tienen cinco botones: el primero sirve gasolina común, el segundo 2/3 común un tercio extra, el tercero mitad y mitad, el cuarto 1/3 común y 2/3 extra, el último gasolina extra. Es un sistema práctico, aunque desde ya que lo mejor es el precio ridículo. Mañana descansaremos todo el día, y el lunes, al taller.

 

23/agosto/1990 - El Junquito, Caracas. Día jueves. El domingo pasado regresamos a Caracas, apolillamos en lo de los Landwerh. Lunes temprano estuvimos en el taller, y allí quedó nuestro furgui. Con el hijo del dueño buscamos hotel en las cercanías. Así nos ubicamos en el hotel y restaurante Imperio, en el barrio Paraíso. El imperio es un hotel típico de Caracas, y de las ciudades grandes de Venezuela. Bien puesto, aire acondicionado, baño privado, televisor con un canal porno. Hay restaurante y boliche bailable. Son como una estación de servicios, pero para parejas; cena, baile y cama todo en el mismo lugar. Costo u$s 7.00. La idea, hay que reconocerlo, es muy práctica. Ya instalados, tomamos el metro al centro. Eso sí que es un subterráneo. Estaciones amplias, máquinas que despachan boletos, otras que dan cambio. Tanto la estación como el tren tienen aire acondicionado. El tren, ultramoderno, de líneas aerodinámicas. El boleto (tarjeta magnetizada, como en Santiago de Chile) cuesta según el recorrido. Así que cuando uno entra lo pone en el molinete y el molinete lo devuelve, y a la salida el molinete se lo queda, verificado que sea el importe. Fuimos a la embajada de Brasil, donde nos atendieron muy bien pero tienen poca información sobre nuestra ruta. Como los lunes todos los museos y cosas parecidas cierran, volvimos al centro, donde revelamos fotos y caminamos. Sufrí un nuevo intento de robo por un carterista, sin éxito. ¿Tendré cara de tonto que siempre me eligen? Quiero creer que todo es a causa de mis bolsillos grandes y abiertos, tentadores. Gloria habló por teléfono a Trelew. Sorpresa, la licencia sin sueldo que había pedido, fue otorgada, cosa que no sabíamos porque nos fuimos de allá sin preguntar. Deberemos estar allá el 15 de Octubre para que alguno de los dos tenga trabajo. Como sólo faltan dos meses, el regreso deberá ser algo rápido. Volvimos al hotel, yo pasé previamente por el taller, justo a tiempo para ver el motor completamente desarmado, en camino a la rectificadora. Entre martes y miércoles hicimos otros paseos. Al parque Los Chorros, pequeño pero con bonita cascada y vista de la ciudad. Al museo de Bolívar, que no es gran cosa. Al Mausoleo Nacional, donde se supone estan los próceres venezolanos, pero resulta que faltan varios. Al menos está Simón Bolívar. Llegamos allí justo para el cambio de guardia, ceremonia emocionante si se piensa que allí está el origen de todos nuestros países. Hay también interesantes pinturas. Por la tarde del martes el motor ya estaba armado y hasta con una mano de pintura. El miércoles nos entregaron el auto. Entre miércoles y jueves nos despedimos de los Landwerh, compramos una hamaca (aquí la llaman chinchorro) y un mosquitero, pensando en el Amazonas, compramos garrafas del calentador y recargamos una garrafa de la cocina. También, la noche del miércoles, fuimos a cenar con el padre de mi colega Guillermo Asuaje, que vive aquí, en Caracas. Un tipo muy simpático, que nos convidó con muy buen asado en un restaurante de calidad. Finalmente, tanto por probar el auto como porque nos hecharon del hotel Imperio, subimos hasta aquí. El hotel es el Himalaya, otro cene-baile-coja todo junto. Lo notable de éste es que por la ventana de frente se ve, muy abajo el mar. Desde el lado opuesto, el baño, se vé, más cercana, pero también hacia abajo, Caracas. Mañana, para bien o para mal, habremos iniciado el regreso. ¿Cómo nos irá? ¿Qué nos esperará en nuestro país? ¿Podremos cruzar por el Amazonas? No se pierda el próximo capítulo.

 

26/agosto/1990  - El Dorado, al sur de Venezuela, domingo. El viernes pasado abandonamos Caracas, y por lindos caminos llegamos a las playas del este venezolano. Nos instalamos en Playa Colorada, de arenas rojizas. Lugar bonito, muy concurrido como único defecto. Por la noche nos molestó todo el tiempo el ruido de un generador. El sábado tomamos por primera vez franco rumbo sur, lo que nos hizo meditar que ya estábamos de regreso. La ruta, aburrida en general. Sin embargo hay algunos lugares de interés: el famoso río Orinoco por un lado y Ciudad Guyana por otro. Ciudad Guyana tiene dos bonitos parques. Uno, el parque Cachamay, con un río con rápidos donde el agua parece cerveza. Compramos collares de semillas a unos indios. El otro parque es "La Llovizna" con muchos saltos, flores y plantas pero demasiado civilizado: senderos de hormigón, quinchos, bancos, etc., demasiados. Finalmente llegamos a Ciudad Bolívar, con bonita costanera donde estaban de fiesta: muchos puestos, gente, bebida. Estuvimos largo rato en el aeropuerto investigando como ir al Salto Angel, el más alto del mundo. Pero es una excursión cara. Entre avión, lancha, hotelería en la selva y guías, cuesta un mínimo de doscientos dólares por persona. Allí conocimos a Hans y Birgit, dos austríacos muy simpáticos que estaban en averiguaciones parecidas y a los que también les parecía cara la excursión. Veo que no somos los únicos amarretes. Luego de unas cuantas vueltas para encontrar alojamiento, nos resultó agradable un inmenso "telo" en la entrada de la ciudad, con aire acondicionado pero sin tele. Hoy el camino cambió notablemente, nos internamos otra vez en la selva. El pueblito de Tumeremo cargamos gasolina y nos refrescamos tomando algo, para continuar luego hasta aquí, el Dorado. El Dorado es un desagradable pueblo minero, con caras sospechosas y nada para ver o hacer. Nos hemos refugiado en el hotelucho El Dorado (el mejor) con baño privado pero sin agua corriente (gran pipote y jarra como reemplazo) más o menos limpio y con estacionamiento. Hace calor, tenemos un ventilador. Ya estamos cerca de la frontera.


Brasil

28 /agosto/1990 - ¡Sorpresa! Aún incrédulos, estamos en Boa Vista, Brasil. Ayer dejamos El Dorado y al rato subimos "La escalera" nombre que recibe la ruta por ser algo empinada. Apenas se termina la subida uno se interna en la Gran Sabana. La Gran Sabana resultó ser un lugar fresco y muy bonito, realmente bonito. Ondulaciones tapizadas de pastos, con islas de palmeras o palmeras solitarias. Ríos de color oscuro con aguas transparentes. Rápidos y cascadas. A lo lejos, "tepuyes" (supongo que así es el plural de tepuy) es decir colinas de cima perfectamente plana. Toda la zona es un gigantesco parque nacional, una belleza. Quizá uno de los paisajes más "simpáticos" que hayamos visto. Hicimos un alto en la cascada de Kama-Merú, muy linda. Conversamos con algunos venezolanos turistas, entre ellos un tal Jhonnie con una kombi torpemente arreglada para camping. Al mediodía llegamos finalmente a Santa Elena de Uairén, un pueblito de frontera tranquilo y agradable. Todo cerrado hasta las tres de la tarde, gasolinera incluída. Buscamos información acerca de nuestras próximas etapas. Unos nos dicen imposible pasar, otros que pasaremos sólo hasta Boa Vista, luego imposible. Otros dicen que no tendremos problemas. Fuimos al correo, compramos aceite al ridículo precio venezolano, dimos vueltas varias por el pueblito.

Nos encontramos con los austríacos Birgit y Hans, que llegaron desde Ciudad Bolívar en avión. Decididos a cruzar la frontera llegamos hasta el puesto militar, donde nos dicen que no hay nadie en la aduana. Volvemos, (son pocos kilómetros) y buscamos al aduanero Don Noel Rojas, al que luego de paciente investigación encontramos en su casa. A la vuelta, los militares nos piden los papeles. Nos sellan el pasaporte y ... ¡Brasil!.

 

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En la aduana brasilera nos dicen que pasaremos hasta Boa Vista, pero con dificultades. El pueblito de La Línea es aún más interesante que Santa Elena. Arreglamos para dormir con la policía, pero a la tardecita el único policía se fue a su casa y nos quedamos custodiando nosotros. Lo que no nos quitó el sueño. Hoy partimos de noche con la sensación de internarnos en una aventura. Nos dá cierta seguridad saber que más tarde pasará el omnibus. Claro que el ómnibus que hace esta ruta es especial, tiene ruedas altísimas. Hacemos unos cuarenta kilómetros duros, sin barro, sin problemas. De pronto llegamos a un zanjón con barro, impasable. Al costado había un desvío de difícil ejecución, también con mucho barro, pero milagrosmente pasamos al primer intento. De alli en más la ruta desmejora, encontramos huellas muy profundas, pero como la última lluvia fue hace dos días, las ruedas encuentran donde afirmarse. De pronto vemos doscientos metros de barro y agua. La parte que parece más firme tiene huellas profundísimas. Nos zambullimos con decisión y a los panzasos casi llegamos al final, pero el furgón se nos cruza y quedamos atravesados sobre la huella, tres ruedas en el aire. Con Glo al volante empujo y, en un momento el auto se acomoda y podemos seguir. El camino mejora un poco. Hay un campesino haciendo dedo. Lo cargamos, no por bondadosos, sino para contar con otras manos si son necesarias. Ahora aparece un pozo del tamaño del furgón y nos tiramos adentro como veníamos. Gran golpe, y las ruedas delanteras alcanzan a subir. Pala, piedras y yuyos en las traseras: salimos. Desde allí cada vez mejor, por momentos excelente camino. En alguno de los golpes nos quedamos sin velocímetro ni cuenta kilómetros. Como a mediodía llegamos aquí, en un "record" de seis horas para esos pocos kilómetros. Hemos cambiado algunos cheques y nos hemos instalado a orillas del río Caaumé, no es un camping pero parece un lugar tranquilo para dormir. Por lo pronto el agua esta muy agradable, aunque el río es correntoso.

 

30/agosto/1990 - Desde ayer en Caracaraí, en las márgenes del Río Branco. Ayer llegamos aquí, por camino bueno, en parte asfaltado. La noche en el río Caaumé fue buena, descansamos muy bien y limpios gracias al baño con jabón en el río. Vimos, a la noche, en la orilla, una ceremonia religiosa, muchas velas prendidas y abundante "cerveja". Por la mañana, antes de partir, encontré una vela olvidada, la traemos de recuerdo. A poco de llegar aquí, se resuelven nuestras dudas con respecto al camino a Manaos: no lo hay, o mejor dicho es intransitable para nosotros. Pero hay abundancia de balsas por lo que será fácil llegar a nuestro próximo objetivo. Nos piden 25.000 cruzados por el espacio en la balsa, pero finalmente arreglamos con un camionero para ir sobre su camión, por 5.000 cruzados. Unos sesenta dólares. Nuestra imagen cómica es: nosotros sobre el furgón, el furgón sobre el camión, el camión sobre la balsa y la balsa sobre el río. Mientras negociábamos llegó un Ford Bronco con patente de California. En perfecto rosarino escuchamos: ¿Esta es la cola para la balsa? Resultó un gringo educado en Rosario, con un amigo argentino. Por la tarde hicimos un "rodeo de carretas" como en las películas del oeste con la Bronco, nuestro VW y un viejo camioncito Ford brasilero. Gary y Victor (los de la Bronco) arreglaron para viajar también en nuestro camión, pero hoy por la mañana partieron a intentar la ruta, acompañados por el camioncito. Como ya son las cuatro de la tarde y no han vuelto, deduzco que están en camino. Por nuestra parte el día se nos ha pasado volando pues hemos conversado muchísimo con Jochen, un alemán muy agradable que viene desde Ushuaia en bici. Hace un rato partió hacia Boa Vista, ilusionado con el clima fresco que le prometimos en la Gran Sabana. Se supone que nuestra balsa llega hoy, veremos. Por lo pronto el lugar en que acampamos, próximo a la estación de servicio, no es muy lindo. Además el baño de la gasolinería es sólo para audaces. Cuanto antes partamos, "melhor". Agrego: nada hay para ver en Caracaraí, que es sólo el puerto de Boa Vista.

Terza feira, alias martes. Navegando el Río negro desde hace un rato. Finalmente el domingo por la tarde embarcamos. El sábado subimos el furgón al camión, mediante el expediente de subirlo primero al camión de Mineiro, que es para autos, y de allí al de Paulista, que es el playo que nos lleva. Gaúcho, el otro camionero del grupo miraba. El domingo por la tarde, con gran alegría, estuvimos sobre la balsa, que no es una sino dos. Vamos en la primer balsa Paulista (nosotros), Mineiro y tres semirremolques sin tractor, por lo que nos sobra espacio para colgar redes, ropa lavada y hacer sociedad. En la balsa siguiente viaja Gaúcho, otro camionero más, otro camión y ocho semirremolques, con lo que apenas se puede caminar. Al final va el remolcador, que en realidad es un empujador. Por la tarde del domingo sólo navegamos unos metros y atracamos a pasar la noche. A las 10.00 horas, ayer, partimos. Navegar resultó muy placentero, aún el calor del mediodía resulta aliviado por la brisa de la navegación. La navegación nocturna, con luna llena, es hermosa. De a poco nos vamos integrando a la sociedad de nuestra isla móvil. Paulista viaja con mulher y tres nietos. Gaúcho canta en italiano: es una bestia: rubio, melenudo y como de dos metros de alto. Mineiro, un morocho simplón y putañero se ha dejado convencer por otro camionero de no tomar más. Espero por su bien que le dure poco. Al otro camionero lo hemos bautizado "deus falou" ya que mientras catequizaba a Mineiro su frase favorita era "deus falou para mim". Hacia el remolcador, entre, o más bien bajo los semi también hay vida. Probablemente haya más vida al final del viaje, al menos futuras vidas, ya que se trata de algunos morochas que van de paseo (según ellas) y son chicas muy dadas, no precisamente a la devoción. Por la noche nos detuvimos algunas horas. Llovió. Hoy el sol nos recalienta nuevamente. Vamos por un brazo estrecho del Río Branco, con lo que corrijo lo escrito al comienzo, donde puse Río negro. La cercanía con la costa nos permite ver ranchos y casitas rodeadas por un pequeño terreno ganado a la selva. Hemos comido anoche y hoy la comida de a bordo, gentilmente invitados por la tripulación. Todo será precario, pero hay que presentarse en camisa o remera. Según parece la comida es siempre igual: carne con arroz, macaroni, porotos negros y fariña. Lo que cambia es la carne: buey o pollo. El loco de gaúcho nos hace de "chuvero" o sea que nos zampa sucesivos baldazos de agua extraídos del río para bañarnos. Al venezolano parlanchín lo bañé sin su consentimiento ni previo aviso, nos reímos bastante. He instalado un baño que consiste en un cordino atado a la baranda del camión. Esto permite agacharse y sacar el culo por la borda sin riesgo (no hay baranda alguna) de ir a visitar a las pirañas. En resumen esta es, quizá, una de las etapas placenteras (más placenteras debe leerse) del viaje. Todo consiste en dejarse estar y mirar el paisaje. Me gustaría saber reflejar la belleza de lo que estamos viendo y viviendo, básicamente el cielo reflejado en las aguas aparentemente quietas del río, y la selva que se "cae" al agua. Pero no sé como.

 

10/setiembre/1990 - Navegando el Amazonas, entre Santarem y Belem. Releo lo escrito el cuatro, en esta misma hoja y no puedo menos que sonreir. Las aguas quietas dejaron de serlo y el remolcador se soltó. Las dos balsas continuamos viaje hacia la costa, y amarradas nuevamente, hubo que retroceder para retomar el cauce del río. Al día siguiente sin novedad, linda navegación. Ya casi al anochecer entramos bajo una nube densa y se desató el temporal. Esta vez nada se soltó. Pero el motor se averió ("pifó"). Entre arranques y paradas del motor derivamos hasta la costa opuesta. A pedido del capitán los camiones encendieron sus motores y sus luces y ya de noche nos preparamos para embestir la costa. Donde suave y elásticamente nos recibió la selva, contra la que amarramos. Dentro del susto, tenía su atractivo la escena, a la luz de los camiones, y con el potente reflector del empujador allá atrás. Pasados los nervios, todos a dormir. Nos despertamos otra vez en marcha, entramos al río Negro, que se merece su nombre, y a las 11.00 pisamos la mítica Manaos. Claro que ambos atacados por unos cólicos terribles, producto seguro de la comida a bordo. Dolor más, dolor menos, logramos bajar el auto en un desnivel de tierra y seguir a Gaúcho y Mineiro hasta el puerto de CEASA, donde supuestamente encontraríamos camión y balsa hacia Belem. En el camino, en Posto 5 compramos algo para nuestra descompostura. Terminamos en el posto de gasolina cercano al puerto, plagado de camioneros, pero todos con destino a Porto Velho. El lugar es espantoso, no hay ni baño ni sombra. El calor es horroroso, los dolores continúan, felizmente ya no nos queda nada que nos obligue a ir al inexistente baño. Aunque el lugar no parece nada seguro, nos dormimos con todo abierto, completamente agotados. El jueves seis recorremos el centro de la ciudad, pero poco, pues no tenemos fuerza. Vemos la famosa ópera, pero no entramos. El puerto flotante y la catedral. Por allí tomamos unos sucos. El centro no nos resultó interesante, la ciudad en su conjunto lo es un poco más. Está asentada sobre numerosas colinas, separadas por unos cañadones húmedos, donde, por supuesto, viven los pobres, en unos ranchos de madera sobre palafitos o postes. Por la tarde recorremos algunas navieras. Costo del furgón sobre la balsa: u$s 500. También tenemos la oferta de un camionero, u$s 300. Ninguna nos gusta. No hay balsa, asi que no nos urge decidir. Viernes 7, día de la independencia, feriado, nada que hacer. Nos vamos a Praia Dourada, donde nos cobran hasta por respirar, pero podemos bañarnos en el río y ducharnos en los baños. A pesar de esta comodidad hemos pasado el día preocupados. Orinamos oscuro, tenemos los ojos amarillentos, dolores y decaimiento lo que no nos deja muchas dudas: el fantasma de la hepatitis nos ronda por la mente. Por la tardecita, ya de regreso, Gaúcho nos ofrece llevarnos gratis a Porto Velho. Saldrá el lunes, y como nuestro tiempo se está comenzando a agotar, considero seriamente su generosa oferta. A Porto Velho, fuera de nuestra ruta proyectada, hay ocho días de navegación, pues es corriente arriba. Por la mañana del sábado, repentinamente, todo se pone en movimiento. Gaúcho saldrá por la tarde en vez del lunes. Garoto ( el de los u$s 300) aparece y dice que por u$s 250 nos lleva, a mediodía. Nos ponemos en marcha enseguida. Compramos comida y nos dirigimos raudamente al muelle de Jonasa, cerca de Ponta Negra, el otro extremo de la ciudad. Vamos apurados pues queremos llegar antes que Garoto, (que en realidad se llama Ademilson, creo) para negociar con algún otro camionero. Pero el furgón nos hace otra de sus bromas acostumbradas, y se corta el cable del acelerador, perdón, el embrague. Así que continuamos en segunda, a veces en tercera, apagando el motor cuando algún semáforo nos obliga a detenernos. Finalmente llegamos junto con Garoto, para descubrir que la balsa es de Bertolini, una naviera integrada, con camiones propios, por lo que no habrá otras ofertas. Nos resignamos al precio de Garoto-Ademilson. La maniobra para subir el furgui al camión (en el mismo lugar donde nos bajamos del camión de Paulista) resultó agotadora sin embrague, con sol de mediodía. Además, el piso del camión se rompió, por aquello del adagio latino: " Bombonem et kombis equalitur non sum". Pavadas aparte, hubo que desencajar la rueda. Pero aquí estamos, a bordo de la balsa "Rainha de Altamira", muy grande, propulsada por el empujador "Comandante Eugenio Bertolini".

Desde anteayer a las 17.00 navegando. Primero por el Negro y al rato ya por el Amazonas. Todo el día tirados en nuestras hamacas, que cuelgan bajo uno de los 25 semi-remolques de Bertolini que viajan aquí, a más de Garoto con nosotros encima, un camión cisterna y un jeep. La balsa es enorme y estable, hecha sobre el casco de un buque. El empujador es de madera, con su diesel infatigable, que nos propulsa día y noche. A diferencia de la otra balsa todo aquí esta limpio y ordenado. Hay, oh alegría, un buen baño con ducha. Por la noche navegamos entre los bichos de luz y vemos pasar infinidad de otros barcos, barquitos, barcuchos y balsas. Un espectáculo hermoso, sobre todo desde el puente de mando. Como no hay luna hasta la madrugada, las estrellas se destacan contra un cielo negrísimo. Todo esto lo vivo a cada rato, pues duermo en mi red (hamaca) bajo el semorremolque, arropado, crease o no, en la bolsa de dormir, pues las noches son muy frescas a bordo. Hoy lunes, ya estamos por cumplir 48 horas de navegación. Hace un rato hemos dejado atrás Santarem, en la confluencia del Tapajós con el Amazonas. Parecía una ciudad pequeña pero bonita. Según me dicen, Tapajós arriba hay oro, e impera la ley del revólver. Mañana o pasado, no se bien cuando, cruzaremos los estrechos y saldremos a aguas abiertas, la bahía de Marajó, que según Ademilson no suele ser una navegación tranquila.

 

21/setiembre/1990 - Sexta feira, entrando a Salvador. Muchos días sin escribir. Continúo donde abandoné. El resto de la navegación incluyó, como no podía ser de otra forma, una avería del motor del empujador, lo que prolongó en viaje en casi un día entre reparación y espera de mareas. El gordito mecánico de abordo resultó bueno en lo suyo y cambió un engranaje de transmisión eficazmente, para lo que tuvo que fabricar una herramienta. El resto de la navegación fue excelente, incluyendo la bahía, tan temida. Esperamos la marea adecuada amarrados a un caserío en la boca, y por la madrugada de nuestro quinto día en las aguas del Amazonas, la radio, luego del "atento empurrador da Bertolini" que escuché entredormido, la radio, decía, nos comunicó que podíamos entrar a la bahía y así lo hicimos. A las 14.00 hs,estábamos en puerto, pero hubo que esperar hasta las 17.00, hora en que la marea nos niveló con el muelle. Descargamos el furgui con la ayuda de unos peligrosos tablones. Garoto se despidió y nosotros, sin embrague, rumbeamos hacia el centro. Hartos de inconvenientes con el manejo aterrizamos en una estación de servicio y allí dormimos, con muchísimo calor. Por la mañana emprendimos la búsqueda de mecánico y repuestos. No sólo hubo que cambiar el cable sino también el conducto, que estaba "entupido" (aplastado). Resumen; toda la mañana perdida. De todas formas hicimos un breve city-tour por Belem (pronúnciese Belei). Muy bonita la plaza de la República, y agradable toda la ciudad en general. Compramos artesanías con dientes de boto (el pez más grande del Amazonas, un delfín que sigue a los barcos que llevan mujeres mestruando, según la tradición) cerámica marajó y la guía Quatro Rodas. Por la tarde nos pusimos en marcha y dormimos en un "posto" de gasolina, sin imaginarnos que eso resultaría nuestro modo de dormir más frecuente en Brasil. El sábado hicimos muchos kilómetros, pasamos Teresinha de noche (nada que ver) y dormimos en otro posto. El domingo visitamos el Parque Nacional Sete Cidades, con curiosas formaciones de roca y pinturas rupestres de origen inexplicado. Luego el desierto, un calor bárbaro, y el motor a los tirones, hasta que llegamos a Tinguá, sobre una serranía, mucho más fresco. Descubrimos que llevando la tapa del motor abierta no hay más tirones, así que así viajamos ahora. Bajamos nuevamente al desierto, y a la tardecita llegamos a otro posto en los alrededores del Fortaleza, ciudad moderna. Vimos las playas, pero no nos bañamos a causa del gran viento que soplaba. Playas amplias, linda arena y aguas claras, una lástima no bañarse. Luego de cambiar el aceite partimos al mediodía. Llegamos hasta Mossoró ( no entramos) y pasamos la tarde en el cercano pueblito Majorlandia. Playa de oleaje fuerte, pudimos ver la llegada de las "jangadas" de pescadores. Una jangada es una embarcación plana, a vela, como una tabla de wind-surf pero para varios. Los pescadores las suben a la playa con ayuda de troncos, en una verdadera operación comunitaria. De allí partimos para hacer unos kilómetros más, antes de dormir en un posto en algún lugar de nombre ignorado. Nuestra siguiente parada fue Natal, pueblo bonito, donde visitamos el Forte dos Reis Magos, clásica construcción colonial, poca diferencia entre el estilo portugués y el español en cuanto a arquitectura militar. En Natal descubrimos que los campings brasileros son carísimos, por lo que huímos nuevamente a la ruta. Esa noche aterrizamos en la Ilha de Itamaracá , donde según la propaganda veraneaba Adán y Eva. Cuestión que me pareció una exageración. A falta de lugar gratuito, dormimos en una pousadinha. Por la mañana visitamos el fuerte de Orange, de origen holandés, deteriorado pero interesante. Por allí encontramos a Pedro, un argentino que lleva catorce años en Brasil. Artesano, conversador, nos quedamos con él hasta mediodía, tiempo en que nos mostró su casa en construcción, en medio del "mato" con vertiente, ciénaga de arena de verdad y muchos cocos de los cuales comimos y bebimos. Viajamos toda la tarde y dormimos en otro posto a la entrada de Maceió. Lugar que resultó, a la mañana siguiente con las playas más bonitas del nordeste. Luego de cambiar cheques, nos instalamos en la playa de la Barra de Sao Miguel, de aguas transparentes y pescaditos confianzudos. Partimos de allí a eso de las 15.00, con la intención de visitar Marechal Deodoro, pero no lo encontramos, así que por la noche dormimos en el posto de Aracajú. Hoy por la mañana entramos a Aracajú en medio de fortísima lluvia. Las playas ni fu ni fa. Con lluvias intermitentes y pésima ruta, cruzando una campiña encantadora, hemos llegado hasta este posto a las puertas de Bahía (Salvador). Ya bañados y cenados nos estamos acomodando para dormir. Tenemos la gran intriga de cómo será la famosa Salvador, la de Doña Flor y sus dos maridos. En fin. A dormir.

 

24/setiembre/1990 - Ilheús. En muchos sentidos, uno de los mejores lugares de los que nos hemos quedado en Brasil. Continuando con los hechos en orden, vuelvo al 21, digo 22. La mañana del 22, luego de algunos extravíos encontramos el camping de Itapaçu o algo así, donde decidimos quedarnos previa negociación, que redujo la tarifa de diez a cinco dólares. Ya bien instalados nos tomamos el ónibus (sin eme) que nos dejó cerca del centro, en la parte vieja pero no tanto de la ciudad. Por un ambiente extraño, plagado de comercios, tanto instalados como callejeros, con muchos pretos (negros) nos llegamos al ascensor Lacerda, algo así como el centro de la ciudad. El Lacerda es un grupo de ascensores públicos, necesarios porque la ciudad tiene dos niveles distintos (como ochenta metros de desnivel). Desde allí hay una excelente vista de la bahía. Caminamos hacia la Praça da Sé y desembocamos en otra plaza con artesanos, rodeada de iglesias cerradas. Por una callecita empedrada nos internamos en el Pelourinho, el barrio de Doña Flor, antiguo y deteriorado. Entramos a la iglesia de Rosario dos Pretos, con bonitos azulejos lusitanos e impactante pintura de cielorraso. Volvemos a la Praça de Sé con intención de visitar San Francisco. Como nuestro South America Handbook nos aconsejó volver a las 14.00 hs., nos tomamos el Lacerda y, 74 metros más abajo cruzamos el antiguo edificio del mercado modelo, hoy adaptado a la venta de artesanías. Artesanías a montones, infinitas, tantas que marean y confunden. En esto y unos "refrigerantes" se pasó el tiempo, y volvimos a San Francisco. Sólo en Perú hemos visto algo tan recargado. Los dorados aturden, es algo increíble. Volvemos al Pelourinho, visitamos Nossa Senhora de Carmo, con lujosa sala de reuniones. Ya es la hora de volver, y sin proponernoslo atravesamos el area de las putas, que por puertas y ventanas exhiben su mercadería, por cierto demasiado abundante para mi gusto. En la parada de ónibus conversamos con una parejita. La recordamos porque nos contaron que en algún lugar olvidado ya, hay un tobogán natural de roca en un río, y si uno se tira "no se machuca, no..." Vueltos al camping hubo baño y lavado de ropa, aprovechando las instalaciones. El veintitrés paseamos algo en auto, y visitamos Nosso Senhor do Bomfim, más que nada por lo famoso, ya que en realidad es sólo una iglesia más, y no de las mejores. Desde ya que compramos las ineludibles "fitinhas" de colores. Glo se puso una. Como al mediodía tomamos el ferry a Itaparica. No nos gustó: bonitas playas pero bloqueadas por los hoteles, condominios y afines. Al atardecer estábamos en un posto en algún lugar de nuestra ruta al sur. Hoy temprano superamos Itabuna y nos desviamos al bonito pueblo de Ilheús, que pensamos visitar mañana. Medio de casualidad continuamos hasta aquí, caserío de Olivença, donde encontramos este lindo camping que nos tentó a una escala imprevista. El camping se llama "Estancia das Fontes". Desde aquí vemos un appart hotel muy paquete de nombre Juliabá y el pueblito queda a quinientos metros. Hemos hecho mucha playa, excelente, con fortísimo oleaje y servicio de cocos gelados. Ya en el camping yo hice algunos arreglos eléctricos y limpieza de motor. Y Glo lavó ropa. Ya atardece. Lamentablemente mañana habrá que continuar.

 

4/octubre/1990 - ¡Puf! Cuanto tiempo sin escribir. De Ilheús fuimos a Vitoria con noche en un posto, para no perder la costumbre. Vitoria nos pareció agradable, cambiamos unos travellers, compramos alguna artesanía y caminamos por el centro. Antes de mediodía continuamos viaje bordeando playas poco interesantes para retomar BR-101 y dormimos en otro posto a un par de horas de Río. El veintiocho de octubre temprano cruzamos Niteroi (apestoso) y cruzamos el puente Tancredo Neves sobre la Bahía de Guanabara. Al rato estábamos preguntando en Marina Gloria si podíamos quedarnos en el estacionamiento, cosa que aceptaron inmediatamente. Así fue que conseguimos "camping" casi en pleno centro, zona elegante, lugar bacán, con veleros y cruceros. A nuestra disposición las instalaciones que incluyen de todo un poco. Linda confitería con precios razonables. Poco después estábamos caminando rumbo al Pao de Açucar por la playa, así que caminamos todo Flamengo y todo Botafogo hasta la estación del funicular. El Pan de Azúcar se merece la fama que tiene. Todo Río se ve desde allí y es curioso ver volar los aviones que salen del Dumont, pero desde arriba. Una experiencia memorable. Luego, en "ónibus", nos transportamos al centro, por el que paseamos un rato, para volver con los piés ampollados a nuestro querido furgón. Veintinueve de setiembre: por la mañana recorrimos con más detenimiento el centro. Además Glo quiso conocer el Maracaná, así que en parte en ónibus y en parte a pie llegamos hasta allí, para encontrarlo cerrado, por supuesto. Los sábados no abren...Vuelta al centro, visita a la catedral, alta, moderna, muy brasilera (a catedral mais grande do...) Una escala en Marina Gloria y visita a Copacabana, que nos pareció una playa más, sólo que famosísima. Tomé un suco de cacao, delicioso, casi tanto o más que los jugos de naranjilla de Ecuador. De allí cruzamos otra vez la ciudad en un loco ónibus que nos dejó próximos a la foresta de Tijuca. Otro loco ónibus nos dejó en la puerta de la foresta, que recorrimos un poco. Bonita la cascatinha de Taunay. Dos locos ónibus más nos dejaron, ya completamente agotados en nuestro camping. Treinta de setiembre: partimos. Ya de noche y con constante llovizna pasamos San Pablo y dormimos en un posto, unos ochenta kilómetros más allá, ya con franco rumbo hacia la patria. Primero de octubre: con lluvias y lloviznas pasamos Maringá y justo en el momento en que se desataba una lluvia terrible nos refugiamos, adivinen donde, en un posto. Dos de octubre: Llegamos por fin a Foz de Iguaçú. Entre San Pablo y Foz nada que ver, sólo manejar. Gran parte del día lo pasamos en las cataratas, admirables como siempre, y que Glo no conocía. En uno de los senderos nos topamos con un grupo de coatíes, de lo más simpáticos y confianzudos. Por la tardecita visitamos Ciudad del Este (ex puerto Stroessner). Paraguay, que no nos interesó pues no pensábamos comprar nada. Ya de noche cruzamos la frontera y paramos los "pieses" en suelo patrio, previo pago de una cifra disparatada, por giles, supongo. Además de soportar que nos robaran con el cambio, ya que carecíamos de australes (pesos). Mala fue la salida del país y mala fue la recepción, a pesar de que nos esperase la banda (de aduaneros ladrones). Buscamos camping, para descubrir que los de Iguazú son los más caros de América del Sur, por lo que esta vez, como excepción, dormimos en un posto, esta vez del A.C.A. Tres de octubre: peregrinaje para cambiar cheques de viajero, dos horas, y luego recorrido al Parque Nacional. Que con respecto a mi visita de hace diez años tiene como adelantos, si cabe la palabra, más servicios: botes aquí y allá, alquiler de bicis y otras yerbas, todo caro. Pasarelas, senderos y todo lo gratuito en proceso de deterioro. Por la tarde recorrimos el sendero de la selva, con bonita cascada y refrescante baño naturista al final de la senda. A la vuelta, siempre abriboca, casi piso una víbora de coral. Charlamos con un suizo que llevaba ruta inversa. En Perú lo robaron tres veces. Dormimos en el parque. Hoy visitamos las ruinas de San Ignacio y nos hemos instalado en este camping semi abandonado, que suponemos municipal. Mañana deberemos conseguir dinero via Diners, ya no tenemos nada. Nuestros fondos, así como nuestro viaje, ya se acaban. Quizá lo mejor que nos espera es el reencuentro con los seres queridos. La comida ya está lista, nos hemos bañado en el río a la puesta del sol. Todo lo bueno se acaba.

 

5/octubre/1990 - La Francia, próximos a Córdoba. Ayer conseguimos dinero en Corrientes, y, con lluvia llegamos a Goya o algo así a dormir en una estación de servicio. Hoy cruzamos Paraná y Santa Fe donde visitamos mi primer obra por no decir ópera prima, la fraccionadora de gas carbónico. Obvio es decir que no tengo ganas de escribir. Dentro de pocas horas, mañana, estaré con mis padres.

 

15/julio/1991 - Trelew, Chubut. Casi un año después del regreso, al completar el pasado en limpio de este diario de viaje, me tiento de escribir alguna clase de colofón. Diré que todo lo que aquí se dice es copia fiel del original. He corregido algunas frases, salvado los errores gruesos de ubicación o históricos y he agregado una o dos anécdotas que omití en su momento. Con respecto a las fotos, he omitido una veintena, las realmente malas. Reflexionando, este pasado en limpio ha sido una excelente forma de revivir todo el viaje. A pesar de tantas situaciones vividas en los ciento setenta días (algo así) de viaje, me parece que puedo recordarlo todo. Desde ya que volvería a hacer el viaje. En su momento se empañó un poco la alegria al tener que abandonar la idea de centro y norte américa, pero ahora pienso que esto ofrece el beneficio de una nueva ilusión de viaje. Tímidamente, pero con constancia, surge en nuestras conversaciones México, y a veces distantes lugares como Africa o Asia. Sé que no pasará mucho tiempo antes de que partamos nuevamente. Allá vamos.

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