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Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

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Algunos datos

 

El puesto (abandonado) "El Picaflor" se encuentra en lo que genéricamente se acostumbra llamar "la cumbre" de Villa Elena, en Cortaderas, San Luis, unos veinte kilómetros al sur de la Villa de Merlo. En la zona, una de las excursiones más interesantes que pueden hacerse en el día, con bellos rincones e impresionantes vistas del Valle del Conlara
 

Cómo llegar - Qué llevar

El punto de partida será Villa Elena. No es posible hacer el ascenso sin guía. La posición del Puesto El Picaflor es: 32°30,555 S 64°56,181 W - Para llevar: Algo de agua para el camino (arriba hay) - Comida - Linterna (muy importante para recorrer las grutas) - Alpargatas y medias para caminar por el arroyo - sombrero - protector solar - abrigo liviano.
 

Relato del ascenso (enero 2010)

 

Ya otras veces mi amiga Anita me había amenazado con lo de hacer cumbre en estos últimos años, pero yo pensaba que no era lo mismo subir a los 25 que con más del doble. Así que, con los temores del caso, cuando Valentín, su hijo, me anunció: "Subimos el domingo" acepté inmediatamente, pensando: El año que viene será más difícil, o tarde. Cinco de la mañana: con el amigo Waldo, llegado desde Trelew hace unos días, estamos desayunando, y rematando los últimos preparativos. A las seis nos buscará el resto de la excursión. Se supone que serán de la partida: Anita y sus dos hijos (Valentín y Santiago), un huesped de la Hostería Magdalena con sus dos hijas: Gaby y Vale. Y claro, nosotros dos. Casi las seis, el resto del relato a la vuelta
 
A las seis en punto partimos de casa, Ofició de guia Valentín, como correspondía, aunque tuvo algunas deferencias con el guía jubilado que integraba la excusión, o sea yo. Costó un poco cruzar el arroyo Cortaderas, crecido por las últimas lluvias, pero laaaargo rato después (según mi agitada respiración y mis apurados latidos) llegamos a la primer cima del camino, la Píchica, que dejamos a un costado. Los espinillos quemados por el incendio del verano. Mucha vegetación nueva, bajita y verde como muestra del poder de la naturaleza para regenerarse. Y ambas cosas como testimonio de la estupidez humana combinada con el fuego.
A las diez y poco, llegamos al abandonado puesto El Picaflor, después de algunos descansos: el siempre programado en la Piedra del Viento, y otros a los que obligó el estado físico de uno u otro caminante. Aclaro: el GPS que llevé marcó un recorrido de 6,5 kilómetros, con un desnivel de 900 metros. No es el Aconcagua, pero siguen siendo unos cuantos metros. Ni el Everest. Todo estaba como recordaba, todas las piedras en el mismo lugar: el Vasco, los Vagones, pesan muchas toneladas, no se espera de estas rocas mucha movilidad. ¡Qué lindo es echarse a descansar apoyado en un tronco y comer una picada de salame y queso
Despues de la picada y merecido descanso, aunque breve, otra vez en marcha. Para visitar las grutas del arroyo Benítez. Paseo que se hace caminando por las arenas del arroyo, patas en el agua cubiertas por alpargatas y medias. Así se evita más o menos la tortura de la arena gruesa en los pies. ¿Pieses?
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En el camino algunas formaciones de roca trabajada por el agua, como el Caracol, generan dificultades cuando uno no desea nadar en el agua helada. Como fue el caso, ya que el clima no acompañó y solo vimos el sol en el regreso. Los helechos, los tabaquillos, las cortaderas, ponen el toque verde en el camino. Visitamos la primera gruta, que es de acceso fácil, y remoloneamos para la segunda, entre otras cosas porque olvidamos las linternas. De vuelta en El Picaflor, comimos enormes sandwiches de milanesa con todos los complementos imaginables entre ambas tapas. Un lujo que nunca me había dado.

La lluvia nos asustó un poco, aunque no nos castigó mucho, por lo que emprendimos el regreso enseguida. Allí fue mi momento de gloria. El guia jubilado (¡Yo, como ya les dije! A ver si leen con atención) le enseñó al guía en funciones un camino de retorno que no conocía. Por mi parte dudaba de encontrarlo, pero con algunas vacilaciones lo logré. Gandalf el Blanco guiando a la Comunidad del Anillo. Por lo menos por mi edad y las canas, ya que no por las habilidades mágicas. Modesta taumaturgia la mia, encontrar entre las telarañas de mi cerebro este sendero. Al menos no nos persiguieron los orcos, apenas algún tábano zumbón. A eso de las siete de la tarde, cansado pero feliz, me derrumbé en un sillón de casa. Cerveza y ravioles artesanales, recompensa del anciano guerrero.

 

Otro ascenso: Enero de 2013

Esta vez, opto por mostrarles un video, en vez de atosigarlos con palabras.

 

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