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Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

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Algunos datos

En construcción, disculpe las molestias. Los castillos cátaros son fortalezas defensivas ubicadas en la región francesa del Languedoc. Todos ellos fueron en algún momento de la historia utilizados por los cátaros o albigenses, creyentes de una variante ďel cristianismo. Como es de suponer, fueron declarados herejes por el papa Inocencio III, y la cruzada albigense logró su exterminio. Las ruinas de los castillos que actualmente se aprecian son producto de distintas etapas históricas, inluyendo modificaciones hechas por los reyes franceses en siglos posteriores.

 

Datos prácticos para el turista

En construcción, disculpe las molestias

  • La electricidad en Francia es de 220/230 voltios, a 50Hz. Los tomacorrientes son del tipo E, es decir que cuentan con dos orificios cilíndricos hembra, y una pata macho también cilíndrica para tierra, todo esto recedido dentro de un orificio circular. Pero esto, que parece complicado, recibe también ficha macho del tipo C, la más común en muchos países europeos y americanos, aquella de dos patas cilíndricas. Ver tipos de enchufes y clavijas.
  • La moneda es el euro, con código EUR. Hay bancos, casas de cambio y cajeros electrónicos en la ciudad. Visa y Mastercard son las tarjetas más aceptadas. Conversión exacta y actualizada de EUR to USD
  • El idioma es el francés. En muchas regiones se hablan dialectos conjuntamente con el francés, como por ejemplo el corso, en Córcega. Entre las personas conectadas al turismo es común encontrar quienes hablen otros idiomas.

 

Cuatro castilos cátaros y alguna cosa más

En construcción, disculpe las molestias. 

viernes 08 de junio de 2018 - Limoux - Piulaurens - Queribus - Peyripertuse - Cuatro objetivos en un sólo día, que comenzaron con una ida en "navette" hasta el aeropuerto (de Carcasona, vea nuestro artículo titulado: Carcasona) para alquilar una voiture. Herz nos proporcionó un Renault Twingo muy bonito. Allá fuimos: Limoux nos vió pasear apurados por sus calles más o menos medievales y comprar unos paninis para comer durante el camino en el Twingo. Agradable pueblo Limoux, debe ser un lindo lugar para alojarse y no hacer nada durante unos días. Pero nos faltaban tres castillos cátaros, así que de no más de media hora fue nuestra visita.

 

Puilaurens

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Puilaurens es un castillo cátaro, cercano a la localidad del mismo nombre, que tiene una iglesia de origen románico como atractivo para los turistas. Ni la vimos. Pasado el pueblo, se comienza la subida (en automóvil) a través de un nutrido bosque de pinos. Lindo paseo. A partir de la entrada, con sanitarios y entrega de folleto, (ocho euros por persona) se sube entre los pinos hasta llegar a la antigua escalera, gastada por los siglos y agotadora. Ésta te conduce a la entrada, con la barbacana a la derecha y luego de la puerta hay un recinto con orificios para saeteros, así que andá a entrar si no te invitaron. Una vez en el recinto principal, no ha quedado mucho, pero llaman la atención la torre del homenaje, símbolo de poder, y la torre de la dama blanca, que ocupó en un descanso de viaje Blanche de Bourbon. Ambas torres en buen estado. Estos datos los puedo consignar porque en la entrada te ¿obsequian? un folleto simple pero concreto. Menos mal que no hay audioguías, porque en ese caso no sabría contar nada de lo visto. A través de una puerta en el lado sur se sale a un vertiginoso mirador sobre el pinar. Hay que irse, quedan dos castillos por visitar, según las fotos, los más interesantes.

 

Queribus

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Queribus fue el último castillo cátaro en caer en manos de los cruzados franceses, que venían en nombre del papa Inocencio a exterminar a estos herejes que decían que la iglesia romana no respetaba los ideales de cristo, y vivían en la pobreza. No quedó ni uno: una iglesia pobre, qué disparate se les ocurrió. La cuestión es que los "buenos hombres" y las "buenas mujeres" como ellos se llamaban, edificaron estas magistrales obras defensivas con los escasos recursos de la época. Y encima, en estas cumbres de difícil acceso. Que lo digan nuestras desfallecientes piernas, ya castigadas con la subida a Puilaurens. Desde lejos Queribus parece circular, pero al acercarse uno percibe las formas rectangulares. Impactan, una vez superada la puerta con sus defensas, las habitaciones del señor, con cuatro bóvedas de crucería sostenidas por una única columna central. Para llegar: en el gps hay que ubicar el pueblo de Cucugnan, que está más o menos al pié de castillo. Quizás los reciba un zorrito, al que los turistas como nosotros no le molestan ni un poquito.

 

Peyrepertuse

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Peyrepertuse es, a mi gusto el más impactante de los castillos cátaros. Está emplazado en una estrecha cresta rocosa, sus edificios se recortan contra el cielo, y tienen visuales a los dos valles opuestos. En 1224 (recurro al folleto de la entrada, euros ocho por visitante) el papa excomulga a Gillermo de Peyrepertuse, por no someterse a las amorosas órdenes de Roma, hasta que claudica en 1240 y el castillo pasa a ser posesión francesa. A partir de allí cobra importancia por ser uno de los bastiones de Francia vecinos a la frontera con Aragón. Cuando se firma el tratado de los Pirineos, deja de ser una plaza fronteriza y comienza su decadencia. Peyrepertuse, Peira-pertusa en occitano, tiene tres partes, todas en la elevada cresta montañosa: Un recinto bajo con su torreón, el recinto medio, casi destruido, y el recinto alto, al que se llega por una escalera llamada de San Luis. Hay distintas habitaciones en el recinto alto, entre ellas la capilla de Sant Jordi, desde donde se ve Queribus. La ladera sur es casi vertical, la norte es la que ofrece los accesos, como de costumbre con puertas defendidas por barbacanas, rastrillos, troneras. Otro castilo donde es mejor llegar como invitado. Una vez más hemos imaginado a los defensores gritando cosas en perfecto argentino: ¡Vení enemigo pelotudo, que te rompemos el culo! ¿Sabés lo que está haciendo tu mujer ahora? Dale invasor, probá arrimarte que te cosemos a flechazos, cagón. Disgresiones aparte, el castillo de Peyrepertuse te deja de boca abierta. El castillo es vecino del pueblo de Duillac, de poco interés para el turista apurado.

Todo se acaba, ya era hora de volver, lo hicimos por caminos departamentales de segunda, bien asfaltados pero estrechos, con la idea de visitar Lagrasse, ciudad medieval. Pero al llegar, la noche se acercaba, así que vimos su bello puente desde el camino, y no entramos al centro histórico. Aún cansados, otra vez hubo que subir los tres pisos por la maldita y odiosa escalera hasta nuestro departamento.

 

sabado 09 de junio de 2018 - Carcassonne, Lastours y Fanjaux - Los sábados la feria de la plaza llega a su esplendor, así que allí fuimos, y la compra más valorada fué un salame al pimentón. Valorada por nosotros, al comerlo, y por el productor, al cobrarnos. Partimos hacia Lastours, apenas a unos 20 km. de Carcasona.

 

Lastours
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Los castillos de Lastours son cuatro, como de costumbre, en las alturas de una colina. Visitamos primero Cabaret, que tiene el nombre de la famila Cabaret, ya existente en 1067. Esta familia estaba muy vinculada a los cátaros. Los castillos resistieron muchos años al ataque de la cruzada contra los albigenses (otro nombre para los cátaros) por lo que fueron sede del obispado cátaro de Carcassés. Conocimientos hurtados del folleto. En segundo término recorrimos la Tour Régine, que es básicamente una torre cilíndrica rodeada por una muralla. La tercera incursión fue a Surdespine, en este caso una torre cuadrada rodeada por una muralla trapezoidal. Como final, entramos a Quertinheux, con torre cilíndrica y muralla poligonal. Desde todos los castillos hay muy buenas vistas a las montañas circundantes o al pueblo. Demás está decir que para recorrer todo hay que subir y bajar incontables escalones. Como fin de la visita, sandwiches y fritas en una bulangerie, en el pueblo al pié. La entrada a los castillos (ocho euros por persona) dá derecho de acceso a un belvedere, en la montaña opuesta, desde donde hay una vista fantástica de los cuatro castillos. Allá fuimos. Al regreso, desviamos hacia Fanjaux, ciudad medieval que resultó poco medieval, y que puede recorrerse en media hora. Volvimos temprano a casa, y una vez más trepamos al tercer piso por la puta escalera.

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