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Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

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Algunos datos

Un viejo proyecto personal realizado. Subir a las cumbres cortaderinas por la Píchica, dormir en el Picaflor, y bajar por el camino de los caballos, es decir por el Ceferino. Para quien no conoce, va esta introducción. En Villa Elena, Cortaderas, San Luis, Argentina hay varias oportunidades de trekking. Las dos que conducen a la mayor altura posible, son: 1) por el cerro llamado Píchica, entre los arroyos Cortaderas y Benitez y 2) por el camino de los caballos, más suave, pero mucho más largo, que por los faldeos del cerro Bayo (conocido por los pobladores locales como "La Mesilla") pasa por el oratorio a Ceferino  Namuncurá. De allí que hablemos de subir por la Píchica y volver por el Ceferino. El puesto (abandonado) "El Picaflor" se encuentra en lo que genéricamente se acostumbra llamar "la cumbre" de Villa Elena, en Cortaderas, San Luis, Argentina, unos veinte kilómetros al sur de la Villa de Merlo. El oratorio a Ceferino se vé en los faldeos de la sierra, blanco, accesible con un mínimo de entrenamiento. Fue erigido por un devoto de este beato de la iglesia católica romana, un poblador cortaderino de apellido Falibene.

 

De utilidad al turista
  • El punto de partida será Villa Elena, en Cortaderas, San Luis, Argentina. No es posible hacer el ascenso sin guía.
  • La posición del Puesto El Picaflor es: 32°30,555 S 64°56,181 W
  • Desde el Picaflor, el caminante se adentra en un laberinto de pequeñas quebradas que requieren de un guía experimentado. Finalmente la bajada se hace por sendero firmemente marcado por el paso de caballos y mulas de los pobladores. Para llevar: Algo de agua para el camino (arriba hay) - Comida - Linterna (tanto para recorrer las grutas del Benítez como para el descenso si se hace tarde) - Calzado apto para caminar por el arroyo, si se piensa visitar las grutas del arroyo Benítez (ver artículo) - sombrero - protector solar - Abrigo adecuado para noches frías en pleno verano, rompevientos. Equipo habitual para hacer noche, ya que el recorrido no puede ser hecho en sólo un día.
  • La electricidad es de 220 v. Los tomas son de norma australiana (tipo I). Dos patas planas en ángulo y una tercera para tierra. Casi todos los tomacorrientes son multipropósito y aceptan también las dos patas redondas (Tipo E yF). Ver los tipos de tomacorriente. Por supuesto, ni en el puesto El Picaflor ni en los alrededores hay electricidad.
  • La moneda argentina es el peso. Su código es ARS y su símbolo es el $. El cambio es flotante. En Villa Elena no hay casas de cambio. No hay banco, hay un cajero automático que reciben tarjetas Visa y algunas otras. Para bancos, hay que transladarse hasta la cercana localidad de Merlo, a 20 km. En Merlo hay algunos cambistas informales. Uno conocido tiene su oficina al lado del hotel Mundial. Restaurantes y hoteles económicos no aceptan tarjetas de crédito o débito. Conversión exacta de USD a ARS.
  • El idioma es el español, en su variante argentina, con entonación local. Pocas personas hablan otros idiomas.Botonhoteles

     

    Relato de la experiencia

    21 de enero de 2015. Hora de partida: las siete de la mañana. Hemos atrasado el horario, que acostumbra ser mucho más temprano, para poder ver el clima. Es que llevamos dos intentos fracasados: uno por lluvia y otro por viento.

    Aproximación al Picaflor
    Aproximación al Picaflor
    Puesto El Picaflor
    Puesto El Picaflor
    Puesto El Picaflor
    Puesto El Picaflor
    En camino
    Puesto de Don Nievas
    Puesto de Don Nievas
    Por los vallecitos
    Los vallecitos
    Los vallecitos
    Los vallecitos
    Curso superior del arroyo Cortaderas
    Proximidades del arroyo Cortaderas
    Cercanías del camino de los caballos
    Camino de los caballos
    Aproximación al PicaflorDescanso al lado de "El Vasco"
    01/17 
    start stop menos mas
    Hoy está despejado, y nuestra expectativa es un bello día de verano. Ya en la falda norte de la Píchica, vemos el sol iluminar los otros cerros, entre retazos de nubes. No hay caso: poco después las nubes se cierran sobre nosotros, y apenas vemos unos pocos metros por delante (y por detrás). Decidimos seguir, la tercera es la vencida. Entre nubes nos vamos elevando algo lentos, es que mi edad y mi pesada mochila obligan a descansos frecuentes. Aunque mis compañeros no se hacen rogar para sentarse en alguna piedra. Los presento por orden de edad: María Paz (16), Nicolás (21) y Ezequiel (26). Y yo, Raúl, que sumo la edad de mis tres compañeros juntos. Las computadoras proporcionan una eficiente calculadora a un par de clicks, en la dudosa eventualidad de que a alguien le interese mi edad. Las nubes siguen a nuestro alrededor, llegamos a la piedra del viento, unos dos tercios del camino. Estámos húmedos de niebla y transpiración. Un buen descanso y continuamos. Ya estamos en la vertiente, de aquí en más es más fácil y ahora las nubes se separan y por momentos vemos el valle. Once y media de la mañana llegamos al puesto El Picaflor, nuestro primer objetivo, con sol pleno. A comer y descansar.

    22 de enero de 2015. Ayer pasamos el día descansando, aunque las piedras y troncos no son muy cómodas. Dolorido por el nulo colchón que ofrece la tierra, me desperté a las siete. Los habitantes de la otra carpa aparecieron como a las nueve, y desayunamos. A mediodía comenzamos a caminar por terra incógnita. No tanto, porque tengo marcado en el GPS un puesto cercano, que conocí una vez hace más de treinta años, y que llamo Puesto de Cabras. A pesar de la marcación, nos llevó dos horas llegar. No hay nadie, ni perros, aunque la presencia de ganado nos dice que alguien habrá cerca. Al rato llega en su mulo Don Nievas, con unos seis perros. Nos presentamos, estamos en sus tierras. El será quien nos indique la forma de continuar nuestro camino. Recibimos sus parcas indicaciones, (es un hombre acostumbrado a la soledad) y nos alejamos del puesto (chapas nuevas, panel solar, linda construcción en piedra) para sentarnos por ahí a comer poderosos sandwiches. Al rato apareció don Nievas, que nos vigilaba, actitud comprensible. Finalmente emprendimos el regreso. Cruzamos varias quebradas y potreros, siguiendo el sendero no siempre muy perceptible. Recibimos una breve llovizna. Pasamos una tranquera de alambre, que había sido mencionada en las explicaciones de don Nievas, como una puertita. Mas quebradas, una de ellas con un arroyo más importante, suponemos que el Cortaderas. Cruzamos un tranquera de alambre abandonada. Finalmente una subida más larga, y llegamos al sendero de los caballos, tierra conocida. A poco de iniciada la bajada, me resbalo, caigo con el brazo completamente extendido, y la mochila ayudó a que me dislocara el hombro derecho. ¡Qué dolor! Ezequiel me lo tironea un  poco, aparentemente sin resultado, pero al bajarlo, milagrosamente se acomoda. Conseguí enfrentar las cuatro horas que restaban de bajada con el brazo en cabestrillo improvisado, y los pobres chicos se repartieron el peso de mi mochila. Casi de noche, llegamos a casa, a beber las clásicas cervezas conmemorativas del éxito.

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