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Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

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Algunos datos

Tilcara es una ciudad (un pueblo, diría yo) del norte argentino, en el centro de la Quebrada de Humahuaca, lo que la convierte en un punto muy conveniente como base para los recorridos por la quebrada. Las coordenadas, con link a Geohack son: 23° 34′ 0″ S65° 22′ 0″ W. Varios de sus edificios y su trazado datan de la época de la colonización española. Los habitantes originales se llamaban tilcara. Hay unos 10000 habitantes. El turismo ha comenzado a desarrollarse, con los cambios sociales y económicos que eso representa. Wikipedia tiene algunos datos más.

 

De utilidad al turista

 

  • A Tilcara se llega por la ruta 9, asfaltada, excelente, con los tramos cercanos a la ciudad de Jujuy  en proceso de convertirse en autopista. Son 85 kilómetros. Desde Salta son 175 kilómetros, en parte por excelente autopista. Desde Salta, la ruta 9 a Jujuy es una opción más paisajística, pero mucho más lenta.
  • Hay diversidad de alojamientos: desde aquellos dedicados al mochilero, extremadamente básicos, hasta unos pocos de tres estrellas y uno de cuatro estrellas. El precio en la mayoría de los alojamientos promedio es muy económico, al igual que la oferta gastronómica. No parece necesario reservar hospedaje, hay mucha oferta.
  • La Peña de Carlitos es el lugar preferido por los turistas como restaurante, ofrece musica en vivo. Es necesario llegar muy temprano (20:00 hs.) para conseguir mesa. Ubicado en una de las esquinas de la plaza pricipal. A su lado hay otro restaurante que ofrece música en vivo, menos concurrido, pero de similar calidad. 
  • La oficina de turismo, a unos 100 metros del puente de acceso, ofrece buena información y mapas. A su lado el Banco Macro, cuenta con cajero automático de red Banelco. 
  • El punto a visitar ineludible, es el Pucará de Tilcara, mala reconstrucción arqueológica pero  con bonitas vistas. 
  • Otros paseos, todos ubicados en el mapa de la Oficina de Turismo: la Garganta del Diablo, la Cascada (impactante), y en el centro, los museos, que son cuatro.
  • En un radio de pocos kilómetros se pueden visitar la mayoría de los atractivos de la Quebrada: Purmamarca y su Cerro de Siete Colores, Humahuaca, Iruya (acceso muy difícil) Salinas Grandes, Posta de Hornillos entre los más conocidos. A unos 200 kilómetros La Quiaca, aunque se trata de una ciudad de escaso interés para el turista.
  • La electricidad es de 220 v. Los tomas son de norma australiana (tipo I). Dos patas planas en ángulo y una tercera para tierra. Casi todos los tomacorrientes son multipropósito y aceptan también las dos patas redondas (Tipo E yF). Ver los tipos de tomacorriente.su código es ARSímbolo es el $ y  El cambio es flotante. En Tilcara no hay casas de cambio. Hay un banco, con cajeros automáticos que reciben tarjetas Visa y algunas otras. Restaurantes y hoteles económicos no aceptan tarjetas de crédito o débito. Conversión exacta de USD a ARS.
  • El idioma es el español en su versión argentina, con entonación local. Pocas personas hablan otros idiomas.

 

Diario de viaje: Tres noches en Tilcara

 

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29 de abril de 2014 - En Salta capital: Visitamos el Museo de alta montaña. Que en realidad se llama Museo de Arqueología de Alta Montaña (MAAM). Espectacular, aunque sea pequeño. Todo muy bien exhibido y explicado, incluyendo dos momias, que en realidad son cuatro, pero sólo se exhiben dos por vez. La Reina del Cerro en forma permanente, y pudimos ver la momia llamada El Niño. Nos encontramos con los franceses que conocimos en Cachi. Por la ruta 9, de sólo cuatro metros de ancho en gran parte, muy bonitos paisajes,  llegamos a San Salvador de Jujuy, que bordeamos por autopista. A las cinco de la tarde arribamos a estas cabañas, Inti Killa (Sol Luna).  No son gran cosa las cabañas, más bien departamentos. Necesitan más cuidado en los detalles, aún siendo bastante nuevas y con algunos puntos interesantes de diseño. Habiamos reservado desde Salta, por la proximidad del feriado largo, pero no era necesario.

 

30 de abril de 2014 - Muy temprano, partimos con destino a Iruya, que las guías mencionan con entusiasmo. Hete aquí que el  camino es de piedras, en mal estado, con lo que calculamos que los 50 kilómetros a recorrer nos insumirían tres horas. Y otras tantas para volver. Demasiado. Desistimos. Otra forma de llegar es en ómnibus. Decidimos continuar hacia La Quiaca. El paisaje de la puna no es muy espectacular, pero finalmente entramos a La Quiaca. Sin rumbo, llegamos hasta las cercanías de los pasos fronterizos. Nos sorprendió el constante trafico de mercaderías hacia Bolivia, por el puente peatonal. Fila interminable y abigarrada de carritos con ruedas de bicicleta, y cholas con enormes bultos a la espalda. Por fin entendimos y contemplamos con nuestros ojos la justeza de esa frase: "contrabando hormiga". El auto quedo estacionado y Gloria y yo cruzamos a Villazón, creo que más que nada para visitar suelo boliviano: El único país de la Patria Grande que no conocemos. Caminamos unas cuadras calle arriba, y volviendo compramos algunas bolsas de hojas de coca. Otra vez el ridículo papelerío fronterizo. La de aduana nos preguntó si lo que traíamos era coca (cosa evidente). Le dijimos que sí, al mismo tiempo que nos decía que siguiéramos. El cartel de Senasa dice otra cosa. Almuerzo en el único comedor que vimos, resultó muy bueno: Entarda de fideos con papas y salsa de tomate, locro "bien pulsudo", sopa opcional, y postre de harina de máiz, que me gustó, aunque fui el único. No tenía nombre. Está una cuadra antes de la terminal de buses, entrando a la ciudad desde la ruta 9, en una esquina. En el regreso visitamos Humahuaca, bonito pueblo, bonitas calles, plagadas de artesanías, como corresponde.

 

1 de mayo de 2014 - Otra vez a salir de las sábanas temprano. Rumbo a Purmamarca y su famoso Cerro de Siete Colores. No los conté, me decepcionó un poco. Continuamos por ruta asfaltada, hacia las Salinas Grandes. El camino, espectacular, serpentea a lo largo de la Cuesta de Lipan y a poco de pasar el Abra de Potrerillos llegamos al punto más alto: 4170 metros. Un viento helado, insoportable, no impide a algunos artesanos ofrecer sus obras en piedra laja o en sal. Compramos una laja redondeada y grabada con motivos incaicos. Otra vez nos encontramos con los franceses. Nos sacamos fotos, como debe ser, en el monolito de los 4170 metros. Seguimos, para curiosear un poco en las salinas, extensas, con algunos cerros nevados a lo lejos. Otra vez con los franceces. Finalmente, unos sesenta kilómetros más allá, llegamos al pueblito de Susques, con sus casas de adobe, su iglesia bien típica y el Banco Macro con su cajero automático de última generación en medio de la puna. Regresamos temprano, como para descansar y prepararnos para el largo viaje de regreso.

 

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