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Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

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Algunos datos

 

Pamukkale significa "castillo de algodón" a causa de su famoso  y bello atractivo natural, una colina de piedra caliza y travertino, formada por la precipitación de aguas termales con alto contenido de creta, bicarbonatos y calcio. Esta famosa colina con su fuentes, y la antigua ciudad de Hierápolis, que esta en su cima, son Patrimonio de la Humanidad. El pueblo que se encuentra al pié es de escaso interés, pero ofrece innumerables hoteles,  con gran competencia, para beneficio del turista. Las coordenadas, con link a GeoHack son: 37°55′26.004″N 29°7′23.988″E

De utilidad al turista

 

  • No hay terminal de buses en Pamukkale, se puede pedir al  conductor del minibus que nos deje en cualquier hotel, si tenemos uno elegido. En caso contrario, el conductor nos recomendará alguno que le dá comisión.
  • El pueblo es pequeño, se puede hacer recorrido a pié de todos los hoteles, para elegir.
  • Desde cualquier punto que nos alojemos, se puede caminar hasta la colina blanca, que se vé de casi todos lados. No tomar un taxi, a menos que tengamos alguna discapacidad.
  • Ni por casualidad aceptar la oferta de un guía, es absolutamente innecesario.
  • Es imprescindible llegar a la entrada de los travertinos a primera hora, en lo posible a las 07:00. Hacia el mediodía el lugar estará invadido por multitudes llegadas de distintas ciudades en buses de turismo. Un espanto.
  • La excursión más común desde Pamukkale es Aphrodisias. Este sitio arqueológico es muy interesante, pero llegar desde Pamukkale es difícil y alejado (dos horas de minibus) por lo que es mejor contratar el servicio de transfer en alguna de las varias agencias del centro. Aún desde la cercana y gran ciudad de Denisli es difícil. 

 

Botonhoteles

 

Nuestra visita a Pamukkale

22 de septiembre de 2012, sábado - Pamukkale -Ayer fué día de viaje. De Kas a Fethiye, en un bus de los comunes aquí, con pantallitas de entretenimiento, azafato, bebidas, snacks. En la otogar de Fethiye, cambiamos a un bus mediano, sólo aire acondicionado. La primera hora y media de viaje bellísima, subiendo las laderas de grandes montañas hasta los 1400 metros, entre bosques de pinos. Comimos en un parador, comida casera, muy buena. Rica. El resto del viaje caracoleamos por distintos valles, siempre con algún cultivo, o pinos plantados. Algo cansados, llegamos a Denizli, otra otogar, ahora un minibús que, en veinte minutos y acompañados de diez coreanas, nos depositó en nuestro destino, Pamukkale. Esta vez el azar, o mas bien el chofer del minibus, nos condujo al Otel Koray, mejor no hay, sin hache. Teníamos varias opciones agendadas, pero nos gustó este hotel sin hache, grande, algo antiguo, un poquito necesitado de mantenimiento. Calculo que la feroz competencia que hacen las pansiyones, no le deja cobrar lo necesario. Cena y cerveza, como nó.

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Hoy, bien temprano, lo más que pudimos sin dejar de comer cuanto fue posible en el desayuno, partimos a los travertinos que hacen famoso a este pueblucho, que por sí, no vale nada. Veinticinco liras y comenzamos el ascenso. A poco de la entrada, hay que descalzarse y comienza lo bueno. En patas, sobre el travertino por el que corre agua, uno va subiendo de pileta en pileta, contemplando el blanco del mineral y el celeste del agua. Un placer. Como hemos madrugado, no hay casi nadie. Bueno para las fotos. Al final de tan grata subida, tenemos las primeras vistas de la ciudad frigia de Hierápolis. Muchas ruinas, un magnífico anfiteatro en restauración, la iglesia de San Filipo, mártir y futbolista, creo. En todo caso hay unas cuantas dudas acerca de este tipo. Esto en lo más alto, luego bajamos hacia los baños, el agóra, las letrinas (por suerte en desuso), la puerta de Frontinus, las necrópolis. Muy buenas ruinas, poco arruinadas, aunque sea contradictorio. Visitamos el museo, breve pero muy bien ambientado, y ya que parece obligatorio para los turistas, fuimos a la piscina antigua, donde uno se baña entre columnas y ruinas. Ni un dedo nos mojamos, saturada de gente, precio absurdo. Así que en la bajada, a lo largo de los travertinos, me metí en cada una de las piscinas, y me duché en cada una de las cascaditas. Listo por hoy.

 

23 de septiembre de 2012 - Pamukkale -A la vera de la piscina de nuestro hotel Koray, intento escribir mientras el cura, mullah, imán o como se llame el avivado de turno se desgañita por los parlantes de la mezquita para llamar a la oración. Ni eso hace el aprovechador: se nota que es una grabación. Es insoportable. Al fin apagó el disco, parecía un long play, y muy usado, por el ruido a huevos fritos. Lo que quería relatar es el paseo de hoy. Hemos visitado las ruinas de Aphrodisias, que como bien anticipa el nombre homenajea a Afrodita. Que a juzgar por su estatua en el museo, no estaba tan fuerte como rumorean los historiadores. Pero son las ruinas de una ciudad que allá por los dos primeros siglos tenía 15.000 habitantes. Las puertas al jardín del templo de esta señora están bellamente reconstruidas, y muestran casi toda la hermosura de su momento de esplendor. El templo en sí no se salvó de ser reformado para iglesia del cristo en el siglo quinto, y hoy queda poco, unas catorce columnas vueltas a erguir. El estadio es también espectacular, levemente ovoide, enorme. Los baños de Adriano una pinturita, con un Apolo que le gustó a Gloria. Teatro, pequeño pero entero, Agora, y un Estebaion (bueno, parecido a eso) de enormes dimensiones. La mayoría de los frisos y grabados están en el museo adyacente, son enorme cantidad, y con la imaginación uno consigue rearmar esta más que espectacular y gloriosa arquitectura. En un carrito tirado con tractor nos devolvieron al estacionamiento de buses. Cosa rara, compramos una artesanía. Haciendo el camino inverso, por tres o cuatro valles y los correspondientes pasos de montaña, en algo menos de dos horas regresamos a Pamukkale. Ya es la cuarta vez que cruzamos la ciudad de Denizli, grande, moderna, llena de flores y prolijos parterres a lo largo de avenidas y viaductos, que hasta en las paredes tienen maceteros. Aunque esto es norma y no excepción en las ciudades turcas. Mas tarde nos toca preparar las valijitas, mañana tenemos bus a Selçuk, que se escribe con ce cedilla, por lo que se pronuncia Selchúk. Nuestro camino nos lleva ahora hacia el Egeo, con lo que habremos contemplado cuatro mares en este viaje: el de Mármara, el Negro, el Mediterráneo y proximamente el Egeo.

 

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