EstuvimoS

Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

Ecuador

07/junio/1990 - En Guayaquil, en el "telo" Nueva Mansión. Y pongo "telo" porque eso es lo que es, un hotel para parejas. Que no es de lo mejor, pero tiene cochera y aire acondicionado, esto último muy importante, pues fuera hay unos 35º. Relato lo poco que hay que contar desde Huanchaco. El 4 de junio, como había pronosticado, gran fiaca y pileta. En la mañana del 5 visitamos las huacas del Sol y la de la Luna. Son unas gigantescas pirámides de barro, con galerías internas sumergidas en la oscuridad. Sólo queda la parte inferior, pero es suficiente para imaginar la magnitud del resto. En camino a Piura hacemos escala breve en Chiclayo, donde me quedé con ganas de ver un yacimiento arqueológico recién descubierto. Llegamos a Piura, donde luego de una cena mala y cara, dormimos en la plaza. En la mañana del seis partimos hacia la frontera. En el camino decidimos almorzar en Playa Sal, donde hay un hotel muy lindo, caro, con cabañas. Utilizamos la playa, enorme, y la sombrilla de palma para tratar de liquidar una palta gigantesca que nos acompaña desde ayer. Sin éxito. También hay que decir que a modo de despedida, en un grifo, intentaron estafarnos. Aprovechando la confusión de ceros que provoca el inti (me parece que esto ya lo ví en otro lado) me despachan 10.000 intis (ni un galón) haciendo funcionar despacio el surtidor y dándome charla. Me dicen que ya están los 100.000. Les pido que llenen, que era lo que había pedido. Vuelven a cero, y me despachan el resto, que habrán sido unos 300.000 más diez mil de lo anterior, trescientos diez mil, aquí tiene, con una sonrisita que ellos entienden. Ni insinuaron una protesta. Finalmente pasamos Tumbes, última ciudad peruana y llegamos al poblado fronterizo de Aguas Verdes.

La "Panamericana" cruza por dentro del mercado, así que hay que ir esquivando a paso de hormiga, puestos, bultos y gentes. La aduana y migraciones peruanas no se ven bajo las mercaderías y el despelote general. Sin siquiera notar la transición, estamos en Ecuador, donde nos ataca una nube de cobradores: desinfección (de las ruedas) parqueo y otras cosas. Huimos, para buscar la aduana. Nos pasamos. Volvemos. Unos tramitecitos más. Nos extraen unos sucres más. Fotocopias. Propina al chico de las fotocopias. Finalmente partimos por una ruta ancha, excelente. Que al rato desaparece, están haciéndola. De todas formas llegamos a Santa Rosa, donde nos aconsejan seguir hasta Machala, a la que llegamos a la tarde. Ciudad comercial-agrícola, no hay mucho que decir. Como todavía no hemos conseguido ni un mapa, ni información alguna, preguntamos hasta llegar a la oficina del gerente de un hotel, curioso personaje que nos llenó de información. Acerca de sí mismo, hasta fósforos con su nombre, Ladisiar no sé cuanto más. Así que hoy, luego de dormir en un "parqueadero" hemos transitado bonitas rutas hasta aquí. Las plantaciones de bananas parecen no tener fin, muy interesantes. Cada cacho de banana crece dentro de una bolsa de polietileno. Carteles ruteros nos advierten contra la "sigatoca negra". Yo me imagino la sigatoca como una hormiga gigantesca u otras alimañas diferentes que nos causan risa. En fin, que los dioses salven a las bananas de peste tan cómica. La "Perla del Pacífico" llaman sus habitantes a Guayaquil. No es para tanto, pero no está tan mal para una ciudad portuaria. La oficina de turismo nos brinda alguna información, pero no mucha. Los supermercados se llaman "comisariato". Pensar que hasta aquí llegó San Martín a encontrarse con Bolívar.

 

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8/junio/1990 - Espero que la fecha esté bien, no estamos seguros. Como referencia diré que nuestros cancheros compatriotas fueron derrotados por Camerún en la apertura del mundial. Me pareció sentir cierto tono zumbón en los comentarios de las radios ecuatorianas. Vuelvo al viaje. Hoy hemos subido hasta Cuenca. Con problemas en el motor, al que no le gustan las subidas. En el pueblito de Cañaral, a 3.300 metros sobre el nivel del mar, un mecánico trató de mejorarlo, con escaso éxito. De todas formas, arribamos a la 1.00 p.m. a la bonita ciudad de Cuenca. La campiña, el camino de subida, todo es hermosísimo. Nos da la impresión de estar recorriendo alguna clase de parque. Hasta las viviendas más humildes están bien cuidadas, con flores. Los indios andan en sus vestimentas típicas. Ya en Cuenca la gente luce más ciudadana, aunque nos dijeron que en el mercado, los jueves, no es así. Todo en Cuenca es también muy prolijo, el clima es primaveral, el paisaje amable. Nos hemos venido a Baños, un pueblito muy próximo, donde la hostería Durán tiene un lugar adecuado para nosotros. Hay piscina y baños termales a precios accesibles. Acampar es gratis. Hemos paseado algo, visto el lugar donde las aguas surgen acompañadas de vapor. El plan para mañana es tomar el bus local y recorrer Cuenca a pié. Un dato práctico: el tercer rollo está iniciado con las fotos de las huacas del Sol y de la Luna en Trujillo. Hoy saqué una foto de la vista que tenemos desde el "camping".

 

12/junio1990 - Aún en Cuenca, lugar que estamos disfrutando. Finalmente el nueve no fuimos a ningún lado, amaneció lluvioso. Por la tarde fuimos a la piscina, no demasiado buena pues el agua era sólo tibia. Sí disfrutamos, a cambio, de los reservados. Un chorro de agua termal, que es necesario mezclar con agua fría, mucho jabón y champú fueron los placeres del día. Y otros. El diez por la mañana salimos de paseo por la ciudad, que, por si no lo dije aún es muy bonita y tranquila. Paseamos por el mercadito de artesanías, donde compramos algunas baratijas. Y antes del mediodía partimos al Area Recreacional del Cajas. El camino es firme (de tierra) a pesar de las lluvias y lloviznas casi constantes en la zona, en esta época. Lentamente vamos subiendo desde los 2.500 m. de Cuenca hasta los 3.800 m. del refugio. Siempre bordeando el río Tomebamba se ven infinidad de cascadillas y torrentes (algunos corren por el camino) El refugio domina una de las trescientas y tantas lagunas que hay en el área. Muy bonita, chapoteando por los bordes la rodeamos entera. En las orillas hay bosques de tabaquillos, que aquí llaman quinuas, y que tampoco tienen algo que ver con el pseudo cereal que llaman quinua en Perú. En donde un arroyo afluente a la laguna encontramos a Cecil y Gilles, franceses muy simpáticos y comunicativos. Más tarde compartimos con ellos un chocolate en nuestra casa móvil. ¡preparado con cacao puro que compramos a una india en el mercado en forma de plancha! En esto, y algunas charlas en el refugio (saqué una foto con los franceses) se fue el día, y nos acostamos con la esperanza de tener mejor clima al día siguiente. No fue así, por lo que aunque el lugar merece algunos días y excursiones, nos volvimos a Cuenca. Visitamos el museo del Banco Central, pequeño pero con cerámicas interesantes, las de mayor tamaño que hemos visto hasta ahora. Desde la terraza del banco vimos las ruinas de Pumapungo: algunos templos, viviendas, un canal muy largo que parece servía para los ritos del agua. Almuerzo: cebiche de conchas negras para mí y seco de chivo para Glo. Por la tarde visitamos las ruinas de Todos Santos, muy pequeñas: un muro pre-incaico y unos restos de un molino colonial. También buscamos mecánico. Luego de muchas vueltas que encaramos como paseo por las "ciudadelas" (barrios) nos decidimos por el taller "Vicar" que nos pareció más ordenado que los demás. Nos atendió un gordito que me agradó porque de entrada confesó que no estaba familiarizado con este tipo de motores. (hay pocos VW en Ecuador). Sin embargo se ofreció a hacer todo lo posible por curarlo de su mal de altura al día siguiente. Le reguló el avance, y nos fuimos a conocer Gualaceo, pueblo cercano, pero en otro valle, y con clima más de "oriente" como dicen aquí, o sea de selva, aunque no hay tal. Bonito el camino, por una estrecha quebrada, donde el Tomebamba corre impetuoso, reforzado por todos sus afluentes. (al menos cuatro ríos cruzan Cuenca). Hoy, temprano en el mecánico. Toda la mañana se fue en el cambio de bujías, afinado, etc. Al mediodía, sin pagar, nos fuimos a Turi, especie de mirador de la ciudad. Regresamos a las 14.30 al taller, para unos últimos ajustes. Concluidos éstos, y abonada la ridícula suma de u$s 5.00 por la mano de obra, Jairo (el mecánico) nos invitó a tomar "unas colas" y finalmente conversamos largo rato. Nos dio varios consejos útiles, algunas direcciones y se portó como un amigo. Pidió que le escribiéramos. Seguramente lo haremos. Plan para mañana: cambio de divisas, mercado, y partida hacia Ingapirca, que tanto nos han elogiado Cecil y Gilles, los franceses del Cajas. El auto ha mejorado, pero tan sólo mejorado. Veremos que tal se porta.

Dicho y hecho, en Ingapirca. O sea muro del inca. Llegamos al mediodía. El furgón, salvo algunos momentos de debilidad, subió bien. El camino vecinal muy interesante. Todo cultivado, los pueblitos limpios y prolijos. Las ruinas son modestas, pero el lugar es agradable. El conjunto principal consiste en un "rectángulo" con sus lados menores semicirculares, en piedra cuidadosamente labrada, de unos tres metros de altura, relleno en su interior. Forma así una terraza a la que se accede por una escalera a la imperial. Sobre la terraza los restos de algo así como una casita, a dos aguas. Se ve desde allí todo el valle circundante. Del resto de las edificaciones sólo quedan las primeras piedras, y el conjunto tiene forma de teatro griego. Cortan el pasto unas cuantas vicuñas, algunas bastante confianzudas. Saqué varias fotos. Dormiremos aquí, al costado del refugio. Al atardecer un grupo de indios celebran consejo cerca nuestro. Son los que más temprano hemos visto trabajando en comunidad, mujeres y niños incluidos. Están tendiendo una red eléctrica, desde el pueblito cercano. Imaginamos que hablan del "paro indígena" que ya ha cesado, pero que tuvo las carreteras (las rutas) cortadas varios días. El motivo, reclamo de tierras, ha sido reconocido por el gobierno, de orientación socialista.

 

17/junio/1990 - Hoy domingo, en Riobamba, ciudad a la que llegamos el 14. Y llegamos con problemas, sin potencia en las subidas. Al llegar dimos las consabidas vueltas para encontrar alguna información. Finalmente por la tarde encontramos la escondidísima oficina de turismo, donde nos orientaron. Pasamos la noche en el balneario Los Helenes, cerca de Guano, pueblo artesanal próximo a Riobamba. A la mañana del 15 dimos con un mecánico especializado en VW. Después de algunos ajustes, el furgón sigue igual o peor, por lo que nos dejamos convencer para bajar el motor y verificar los "cabezotes", es decir las tapas de cilindros. Como era viernes, a esperar hasta el lunes. Iniciamos entonces, una inútil y tonta búsqueda de un lugar que reuniese las condiciones que siempre buscamos para estacionarnos: bonito, seguro, tranquilo y barato o gratuito. Hay uno bonito, seguro, tranquilo: la hostería el Troje, pero nos piden 4 dólares diarios. Damos un montón de vueltas sin suerte. Discutimos. Por último nos estacionamos frente a un parque que anteriormente habíamos visto, con baños públicos. Clausurados. Resignados dejamos el "carro" para ir a comprar algo de comida. En el camino vemos el residencial Rocío y por curiosear entramos. Resultado: por un dólar dormimos en el parqueadero y tendremos baño con agua caliente. Ayer sábado nos estacionamos cerca de la plaza. Larga visita al mercado, que se extiende desde el artesanal hasta el de comidas, tanto elaboradas como sin elaborar, a lo largo de varias calles y manzanas. Como de costumbre, hay de todo. Ropa, zapatillas, artesanías textiles, cerámicas, en maderas. Zapatos, que se hacen en Guano, muy bien hechos pero no bonitos para nuestro gusto. También verduras, frutos, especies, comida al paso, relojes, radiograbadores, botellas usadas tanto de vidrio como de plástico y hasta frascos y frasquitos usados. Los hombres visten pantalones algo cortos (a media pantorrilla) anchos, blancos, pocho liviano de diversos colores y peinan una larga trenza. Las mujeres llevan falda recta, que es una pieza de paño enrollada a su alrededor, con el dobladillo bordado en colores intensos y dorado. El color de la falda es siempre azul, azul oscuro o negro. Las más prolijas llevan blusa blanca, y sobre ella un manto en tono bordeau, obispo o azul, en este caso, distinto al de la falda. Los complementos son: un montón de collares carmín y sombrerito. Los sombreritos tienen dos modelos. Uno, el más popular es tipo bombín, con forma de casquete esférico y ala chiquita, de fieltro blanco. El otro, más copudo, también de fieltro, tronco cónico, seccionado con un plano diagonal al eje, también con poca ala. Hay un gentío bárbaro. Ya cansados, volvemos al carro, yo con una chaqueta artesanal nueva, que me gusta mucho y que costó diez dólares luego del regateo obligatorio. Hacemos un descanso, y vamos al museo religioso, que también está cerca. Lo más interesante allí es una espectacular custodia en oro, piedras y perlas que debe valer un dineral. Como siempre, el resto del museo exhibe las enfermizas imágenes del cristo sangrando y diversas torturas, aquí agravadas por el estilo particularmente triste de los artesanos aborígenes. Vueltos al auto, el entretenimiento consiste en ver a los indios irse del mercado con sus compras a la espalda: gallinas, baúles de madera forrados en papel de diario, una máquina de coser a pedal completa. Otros llevan un ternero, por suerte caminando, sobre sus propios piés. A medida que va pasando la tarde, cambian las vestimentas. Es la hora de la gente de ciudad. A las siete y media volvemos a nuestro alojamiento, donde comemos un rico guisito con las compras efectuadas. Hoy domingo: día de elecciones para diputados, consejeros provinciales y otros cargos. Nos hemos instalado en el carretero a Quito vía Ambato, al borde de la ruta y acompañados por un monte de eucaliptos. Pasan algunos caminantes. Algunos borrachos quieren que el "mister" o sea el que suscribe les saque una foto para ganarse una propina. Se marchan decepcionados cuando el mister les contesta en castellano que no quiere nada. Supongo que más tarde (son las once) aumentará la frecuencia de borrachines. Parece que la ley seca que rige en día de elecciones es bastante húmeda.

 

22/junio/1990 - Se ha extraviado la birome chilena, tendré que soportar esta. En el parque nacional Cotopaxi, en camino a Quito. Continúo el hilo del relato. Aquel domingo no hubo más borrachos. Lunes, martes y miércoles lo pasamos en el residencial Rocío, donde por u$s 4.50 teníamos agua caliente pero poco caliente, camas buenas pero no muy cómodas y limpieza, pero sin fanatismo. Mientras el "maestro" procedía a bajar el motor, cambiar un cabezote y volver a armar. El jueves 21 partimos hacia Baños (no confundir con Baños de Cuenca). Baños es un pueblo muy bonito, turístico, con muchos extranjeros. Como es obligado hicimos el city tour a pié, vimos una gran cascada del río Pastaza, el zoo con tortugas de Galápagos, los baños termales, muy populares, demasiado. También bajamos hasta el puente San Francisco, sobre el caudaloso Pastaza. Un puente de frágil apariencia, peatonal, a gran altura sobre el río, pero que los lugareños cruzan junto con su burro, bien cargado. Baños es la puerta al oriente, la selva, pero las lluvias han provocado deslizamientos del camino, deslaves los llaman, y es imposible ir. Nos instalamos en una calle que balconea sobre el puente San Francisco, para comer y dormir. Llovizna. Los cubitos de caldo no aparecen. Tampoco el detergente. Por lo que, puestos a revisar, encontramos que faltaba una remera de Gloria, mi malla y mis zapatos buenos. Conclusión probable, el ayudante del maestro nos había alivianado la carga. Como a la mañana siguiente la lluvia seguía molestando, prescindimos de subir al refugio del Tungurahua y nos volvimos a Cuenca a deschavar al ladronzuelo. El muy caradura había ido a trabajar con mis amados zapatitos, así que el maestro lo echó inmediatamente. También él había tenido faltantes, y ahora tenía la evidencia. Eso sí, el mequetrefe ha pasado a la inmortalidad en estas líneas. Así que partimos rumbo norte, para descubrir que el problema de la pérdida de fuerza en subida continuaba. De todas formas hemos subido hasta aquí, desde la Panamericana. Como sí eso no fuera suficiente, se me ocurrió subir hasta el refugio por un pésimo camino. Hubo que desistir, era sólo una huella para autos con tracción en las cuatro ruedas. Absurdo pretender llegar con el furgui, que pese a todo, en primera sube lo que sea. Lo que además demuestra que el problema no es de fuerza del motor, sino alguna otra cosa difícil de descubrir. A última hora se despejó el cielo y hemos visto el Cotopaxi, azulado, majestuoso, en un momento mágico, imposible de olvidar. Recién he mirado un rato el cielo nocturno y nada me resulta familiar. No sé si en esta latitud debería reconocer algo aún. Supongo que a los 0° y unos pocos minutos, y rodeados de montañas es difícil que reconozca algo. Me gustaría que alguien me ilustrase. Vi un satélite, llamé a Glo. Buenas Noches.

 

7/julio/1990 - En Yahuarcocha, cerca de Ibarra. Han pasado muchos días sin escribir, que corresponden a la estadía en Quito. La demora en Quito obedeció a un nuevo intento de arreglar el auto, esta vez en lo del "maestro" Gonzalo Sigcha, alias Chalito, buena persona que nos sacó cincuenta mil sucres, trabajó mucho y que finalmente no arregló gran cosa, pero nos convenció de que en las alturas un furgón funciona así. En realidad el carro mejoró pues ahora, en las subidas anda despacio pero parejo. Hemos realizado muchas actividades en la pintoresca capital de Ecuador. Una de las primeras ha sido comprar el South America Handbook, útil guía que no pude conseguir en Buenos Aires y que aquí, es mucho más barata. Gracias a ella (en adelante abreviaré S.A.H.) hemos recalado en el hotel Viena. Viejísimo y enorme edificio donde nos dieron un cuarto de enormes dimensiones, tanto en ancho y largo como en alto. Muy adecuado por la tarifa de dos dólares y moneditas que nos cobran. Estamos en el segundo piso, y gracias a la altura sobre el nivel del mar, subimos hasta allí con el corazón palpitando fuerte. En estos días de hotel hemos hecho varias amistades: un ushuaiense, la suiza Suzanne, el guitarrista Jey y un muy agradable y amigable mecánico de VW californiano: Robert Poen. La ciudad tiene dos sectores: el viejo, interesante y algo deteriorado, con calles angostas y gentío, y el nuevo de amplias avenidas, hoteles internacionales, mucho más elegante pero nada típico. De todas formas es agradable holgazanear por la Avenida Amazonas, arteria principal de Quito nuevo. El bus Iñaquito-Villa Flora, que nos deja cerca del taller ya nos es familiar. También hemos participado de los festejos por los triunfos de Argentina frente a Brasil e Italia, frente a la embajada (en Av. Amazonas). Por supuesto que hemos visitado iglesias, en realidad ya nos cansan un poco. Nos entretuvo mucho un casorio, por las galas de los invitados. Ocupamos gran parte de un día visitando el museo Mitad del Mundo. Que es una gilada para los turistas, pero de visita obligada para todo el que llega a Quito. La costumbre impone fotografiarse con un pié en cada hemisferio, cosa que cumplimos con Gloria como modelo. Yo, queriendo diferenciarme, me saqué foto junto al 0° 0'0". Seguramente a otro millón de turistas se les ocurrió lo mismo. Hay allí un planetario, así que, tal cual deseaba, me desasné con respecto a las estrellas. La Cruz del Sur, que aquí es una verdadera cruz, con el brazo mayor hacia abajo. Una constelación que en el Cotopaxi yo había llamado "el hombre corriendo" resultó ser nada menos que la Osa Mayor, a la que había rebautizado. También aprendí a reconocer a Sagitario. Entre otras cosas sucedidas en Quito aconteció que unos carteristas me robaron unos tres mil sucres al salir de la casa de cambio. La plata de importancia la llevaba Glo. Finalmente anteayer partimos. A la tardecita llegamos al elegante restaurante Puerto del Lago y dormimos a su vera, con vista al hermoso lago de San Pablo, próximos a Otavalo. Ayer por la mañana recorrimos Otavalo, habitada con sus prolijos y amigables indios.

Glo se compró en el mercado artesanal una camisa bordada, luego de durísimo regateo. A mediodía visitamos la cascada de Peguche. Al estacionar en la comunidad de Pacha-Llacta vi en la placa que ponen siempre sobre la puerta: familia Farinango-Lema. Así que estuve conversando brevemente con una ignorada pariente aborigen. Resulta que el apellido Lema es muy común en el norte ecuatoriano. Al rato, atravesamos Cotacachi (industria, o mejor dicho artesanía en cuero) llegamos a la laguna de Cuicocha, en el cráter de un volcán, con dos isletas. Recorrimos parte del sendero que la rodea, muy bonitas flores silvestres y también paseamos en lancha, junto con unas españolas. Hoy temprano llegamos a Ibarra, pueblo sobre el que no hay mucho que decir. No vimos las artesanías en madera que menciona el S.A.H., pero las suponemos poco interesantes. Hemos pasado el día en Yahuarcocha, simpática laguna muy próxima a Ibarra. Yahuar quiere decir colorado, color del que se supone quedó teñida la laguna con la sangre de los indios otavaleños al ser vencidos por los incas. Dicho sea de paso, ni los incas, ni los españoles ni la revolución industrial, ni la sociedad de consumo los han vencido. Aquí están, con sus pantalones blancos, su poncho azul reversible y su trenza. Ellas con sus blusas blancas bordadas, sus muchos collares dorados y esa especie de tricornio azul oscuro o negro en la cabeza. Releo lo escrito hoy y veo que omití la visita al museo del banco central en Quito. El mejor museo visto hasta ahora. Cerámicas, oro, vestimentas muy bien mostradas y explicadas por un profesor vestido al modo de Otavalo. Hoy he escrito mucho. Hasta mañana, en Tulcán supongo.

 

8/julio/1990 - En Tulcán, pueblo próximo a la frontera colombiana. Argentina perdió frente a Alemania en el mundial de fútbol, hemos visto el partido mientras comíamos una parrillada aceptable. En el camino hacia aquí descendimos al valle del Chota, a sólo 1.500m. de altura. Por supuesto que tan abajo el motor pistonea, pues el gicleur que tiene ahora es pequeñísimo. Supongo que cuando volvamos a nivel del mar necesitaremos uno más grande. Luego de volver a la altura habitual de todo este mes, en efecto: en todo el mes (desde Cuenca, el ocho de junio) no hemos descendido de las alturas, nos desviamos de nuestra ruta. Para ver la Gruta de la Paz. Donde llegamos oportunos para la procesión. La gruta es una inmensa cavidad de donde brota el río. Sobre ella, en el puente natural hay iglesia y otras cosas religiosas. El lugar es espectacular, lástima que lo han arruinado con el circo religioso. Antes del mediodía llegamos a Tulcán, que como todo pueblo fronterizo es bastante desprolijo. El city tour se reduce a la visita al cementerio, lugar muy divertido. Divertido merced a la creatividad de los podadores, que han transformado las tuyas en toda clase de figuras, tanto figurativas como abstractas. Hoy dormiremos en el "Servicentro panamericano" donde sólo hay unos surtidores y el empleado no atiende, pues está timbeando. Mañana la gran incógnita: Colombia, que los viajeros encontrados elogian por su gente, mientras los diarios pintan cosas horribles.

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