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Las personas no hacen el viaje, el viaje hace a las personas

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Algunos datos

La Costa Smeralda abarca diversos pueblos y ciudades pequeñas al norte de la ciudad de Olbia, a su vez al noreste de la isla de Cerdeña, Italia. El nombre proviene del color de las aguas del mar, y no se trata de ninguna exageración. La costa es rocosa, pero hay varias playas de arena clara, generalmente de muy poca pendiente. En algunos puntos, como Porto Rotondo, existen urbanizaciones espaciosas, de calles impecables, cercos de piedra y mansiones de cuidada integración al paisaje, siempre sin estridencias ni exhibicionismo de riquezas. Según las reseñas, veranean por allí gentes famosas o de alto poder adquisitivo. Fuera de temporada, no parece haber otros habitantes que jardineros y cuidadores.  Un punto de imprescindible visita son las islas del archipiélago La  Maddalena. La visita se hace desde el puerto de Palau, aunque hay otras opciones más distantes. Hay un servicio de ferrys, aproximadamente cada media hora. Es posible llevar el automóvil, aunque las calles y caminos de las islas son extremadamente estrechos, lo que hace muy molesto el manejo. También desde Palau hay gran cantidad de oferta de excursiones marítimas, y alquiler de gomones aunque no se tenga licencia de timonel (más caros sin licencia).

 

Varias visitas a la Costa Smeralda

18 de mayo de 2018 - 6º día de viaje - Pittulongu, Costa Smeralda y otros puntos - Desayunamos rápido, a las nueve estuvimos en camino, desde Pittulongu, nuestro alojamiento cerca de la Spiaggia de Bados, con rumbo norte.

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La primer parada fue en el Golfo Aranci, donde fuimos a ver de dónde parte el ferry que el 26 de este más nos llevará a Porto Vecchio, en Córcega. El pueblito, que lleva el mismo nombre, no es nada interesante. Ubicamos el lugar de embarque. Nos sentamos en un barcito, que tenía wifi, cosa que aprovechamos para comprar los pasajes del ferry, reservar hotel para una noche en Porto Vecchio y reservar un auto, también en Córcega. Es que nuestro alojamiento no tiene internet, deberíamos haberlo leído al reservar. Acto seguido, visitamos Porto Rotondo, poblado de casas de gran nivel, todas respetando un mismo estilo. Pusimos pié en dos playas, no muy interesantes, aunque con bellas vistas y agua transparente, que a cierta distancia tiene un bonito color esmeralda, lo que dá nombre a esta parte de la costa, conocida como Costa Smeralda. El punto más "chic" es Porto Rotondo, en el municipio de Olbia. Se supone que estrellas de cine y socialités varias pueblan esta costa en verano. Por lo pronto hoy recibieron nuestra visita, que no es poco. Fuera de temporada es un bonito lugar, pero suponemos que el atractivo principal de la zona son las personalidades antedichas. Otra vez en nuestro Lancia, continuamos, y visitamos Porto Cervo. No lo inspeccionamos demasiado, comimos algo en una playa cualquiera cercana al centro. Seguimos viaje hasta Arzacena. La ciudad no tiene nada de interés, pero en las afueras hay varios yacimienos arqueológicos, de la cultura nuraga. En la entrada nos atendió una rosarina, compramos billetes para visitar dos yacimientos: La "Tomba dei Giganti Coddu Vecchju" y el "Complejo Nurágico La Prisgiona". Aunque ambos son pequeños, impresiona saber que fueron obra de unos tipos que vivieron unos 1800 años antes del año uno, por no mencionar al gil ése que colgaron los romanos, si la historia es verídica, cosa dudosa. Para descripción nada mejor que las fotos que saqué. Entre uno y otro yacimiento hay unos mil metros, que hicimos por un sendero, de ida y vuelta, con la intención de mover un poco el esqueleto, en vez del auto. La escala siguiente fue la pequeña ciudad de Santa Teresa de Gallura, extremo norte de la isla, en un promontorio, nada del otro mundo, y sin embargo interesante. Paseamos entre sus casas, muchas de ellas pintadas de color pastel. Un lugar agradable para turistear un par de horas. Buenas vistas del mar. Hay playas, no bajamos hasta ellas. Regresamos a Olbia, y como no habíamos hecho nada en el día, fuimos al centro comercial Auchan, pasando el aeropuerto. Tiene locales con marcas europeas, y un supermercado lleno de cosas deliciosas de la tierra y el mar. Una inacabable muestra de quesos, nos costó decidirnos, aún habiendo descartado los más costosos.
23 de mayo de 2018 - 11º día de viaje - Islas La Maddalena y Caprera - Andanzas por la Costa Smeralda que no incluyan el archipiélago de La Maddalena no son completas. El archipiélago comprende cuatro islas mayores y unas cuantas de menor tamaño. Las aguas que la rodan son límpidas, transparentes y con inigualable color esmeralda. Las playas son de arena clara, hay una de ellas de arenas rosadas. Allá fuimos en nuestro Lancia. No es lejos, pero todo lleva tiempo en los caminos de Sardegna, angostos, sin banquinas, y con el guard-rail a centímetros del espejo de estribor. Los treinta y pocos kilómetros resultaron cansadores, y más agotador aún fue encontrar dónde estacionar el autito. Hasta que a la segunda vuelta por el pueblo, y ya bastante nervioso el conductor, preguntamos y nos fue indicado un "parcheggio" enorme, bastante cercano al embarque en el ferry. Nos parecía innecesario llevar el auto a la isla. Por fin llegamos a la boletería del ferry Delcomar (€ 10,00 por persona ida y vuelta), a tiempo para embarcar últimos, casi con la planchada del ferry elevándose. La navegación con buen sol y bastante viento fue placentera, en media hora asentamos nuestros piés en la isla La Maddalena. Ciudad pequeña, de calles estrechas, no demoramos mucho en encontrar la oficina de información turistica. Con los datos obtenidos decidimos tomar el bus urbano, que por € 1,50 por persona nos llevó hasta el borgo Stagnali, un caserío en la isla Caprera. Esta isla aloja la casa y la tumba del famoso Garibaldi, aquel derrotado y huido en Corrientes, por lo que no sé porqué tiene un monumento en la capital argentina. Isla Caprera es bastante natural: Decidimos caminar hacia el extremo sur. No sabíamos la distancia. El sol estaba bravo, hicimos alto en una playa de aguas turquesas, con vista a la Isola del Porco. Comimos allí nuestros panini, y algo más allá arribamos a Due Mari, un pequeño itsmo con mar a ambos lados, como debe ser. Lindas visuales. Otra caminata de una media hora y retornamos a la última parada del bus urbano (Staganli) y en el bus a la ciudad, atravesando nuevamente el mar por un largo camino sobre piedras tiradas al mar, que tiene un puentecito en el medio. No visitamos la casa de Garibaldi, que es un museo. Hay bastante para recorrer, pero no deseábamos volver de noche, y dejamos otros recorridos para una próxima vida.

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