Reglamento general del viajero económico

 

Antes de viajar, hay que estudiar e investigar

Quizás este sea el precepto más importante de todos. Uno encuentra por allí y por allá cantidades de viajeros que poco y nada conocen acerca del lugar que están visitando. Es un pecado grave. Con el conocimiento se obtienen grandes ventajas: 1) no se pierde tiempo visitando algún "atractivo" que nos recomendó un desconocido, o peor aún, alguna agencia de turismo receptivo. 2) Uno se concentra en aquello que a uno le interesa, ya sean museos, ruinas, restaurantes, o clubes nocturnos. 

Otro aspecto crucial que nos brindará la investigación previa es acerca del recorrido. Nada de ir hasta aquellas ruinas y luego a esa cascada pasando dos  o tres veces por la misma ciudad carente de interés. Con el ahorro de kilómetros se ahorran dineros. Y tiempo, que se podrá utilizar en hacer algo diferente, o mejor aún en sentarse por allí a ver pasar a los habitantes locales y a los turistas apurados. Esto entra dentro de la planificación, que comentamos más abajo.

 

Planificación del viaje

Junto con lo anterior viene la planificación. Ya sabemos por la investigación que lugares deseamos visitar y qué nos espera en cada uno de ellos. Ahora hay que pensar cuánto nos quedaremos aquí o allá, qué visitaremos aquí o allá, cómo nos transportaremos de aquí para allá. Hay que mirar el mapa para planificar un recorrido racional. Algunas veces un recorrido en redondo es lo indicado. Cuando se tiene planeado visitar varios países es lo más común. Volveremos al mismo aeropuerto de llegada. Hay que hacer notar que a veces  (pocas) los vuelos de "mándibulas abiertas" no son mucho más caros. En ese caso llegaremos a algún aeropuerto, pero volveremos a casa desde otro. Se evita visitar dos veces esa ciudad aeroportuaria que carece de interés, por ejemplo. En otras ocasiones es mejor establecerse en alguna ciudad y desde allí visitar ésto y aquelo, para volver a nuestra ciudad de "residencia" una vez hecha la visita. Esto suele ser bueno cuando los puntos de interés no están muy alejados de la ciudad elegida. Como sea, hay que tener un mínimo de organización. Seguramente habrá que adaptarla durante el viaje. No está demás tener una o dos opciones pensadas, por si algo de lo planificado no se puede concretar y sobran unos días.

 

Viajar despacio

Lo anterior hace a otra regla para economizar: Cuanto más despacio se viaja, más se economiza. Cuanto más tiempo se pasa en algún lugar, mejor se lo conoce, y por lo tanto uno encuentra ese restaurante barato y bueno, o negocia precio en el alojamiento por una estadía prolongada. En correr de un lugar a otro se gasta dinero, ni hablar si eso se hace en avión. Y en taxi hasta y desde los aeropuertos. Toda clase de transportes constituyen una parte notable del presupuesto en viajes. Si tenemos apenas diez días, habrá que concentrarse en un solo lugar, o quizás dos.

 

Tener un presupuesto

Un tercer concepto importante en cualquier viaje es tener un presupuesto. Hay que saber de entrada si podremos gastar USD 15 por día, o USD 30 o USD 50, o lo que nuestras finanzas permitan. El presupuesto debe ser verificado a diario. Una libreta o bien alguna aplicación en el teléfono será necesaria. Cuanto más escrupulosas las anotaciones, mejor. Así sabremos si vamos excedidos. O mejor aún, sabremos si mañana podremos ver esas bellas cataratas desde un carísimo vuelo en helicóptero, sin tener que ayunar una semana. Recordemos que los helicópteros afectan a la fauna sobrevolada.

 

Reservar o no reservar, ésa es la cuestión

Hay dos o tres opciones. Reservar  todo antes de viajar. No reservar nada. Y algunas paradas intermedias. Cada una tiene virtudes y defectos. Todo planificado, con las reservas de hoteles y los viajes comprados permite conocer de antemano cuánto gastaremos. Llegaremos a cada destino con la tranquilidad de saber que nuestro alojamiento nos está esperando. No se perderá tiempo en buscar dónde dormir, cosa que puede demandar todo nuestro primer día en destino. Las contras: poca emoción, dinero despediciado si algo nos atrasa. Flexibilidad cero: no nos podremos quedar un par de días más en ese pueblito tan lindo, o en ese hotel de tres estrellas que parece de cinco. Aquellos que no planifican nada tienen abiertas muchas opciones, a veces demasiadas. Pueden quedarse en el lindo pueblito todo lo que se les antoje. Pueden cambiar de objetivo para visitar esas ruinas que otro viajero dijo que son imperdibles. Pueden inspeccionar el alojamiento antes de pagar. Pueden negociar. Pero pueden llegar al lindo pueblito justo cuando hay un torneo de sepak takraw regional, y no hay una sola cama en todo el pueblo. Una variante intermedia es reservar alojamiento cuando hemos decidido continuar viaje hacia nuestro siguiene destino: es flexible, sabremos el costo del siguiente alojamiento, y estaremos razonablemente seguros que una cama nos espera (siempre hay sorpresas). Algo más: Una buena idea es tener reservado algún alojamiento en la ciudad del aeropuerto al que llegaremos después de once horas de vuelo. Uno está cansado, mal dormido, con jet lag, en resumen medio tonto e incapaz de tomar decisiones. Nada mejor que tener dónde ir y quedar dormido.

En caso de que decidamos reservar, hay más sugerencias en el artículo "Dormir barato"